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México 1968 – Grandes Hazañas Olímpicas (XXI)

El nuevo destino de los Juegos Olímpicos fue México, un país de América Latina. El Comité Olímpico Internacional (COI) se reunió en el año 1963 en BadenBaden para decidir las sedes olímpicas de 1968. La sesión debía haberse celebrado en Nairobi, pero dificultades derivadas de la situación africana obligaron a suspender aquella sesión, y los alemanes se ofrecieron a organizarla en la espléndida estación balnearia de la Selva Negra.

Postulaban su concesión México, Buenos Aires, Detroit y Lyon. En la primera votación, México logró ya el quorum indispensable para ser sede. La facilidad con que habían conseguido convertir a México en la capital del deporte mundial fue al reconocimiento internacional de la pujanza y fuerza del mundo hispánico, pero el Comité Organizador no podía imaginarse los problemas que hallaría antes que, el 12 de octubre de 1968, pudieran abrirse los Juegos de la XIX Olimpiada moderna.

El principal obstáculo que la candidatura enfrentaba era la altitud de la ciudad de México (2,240 metros sobre el nivel del mar) y el temor de que fuera perjudicial para los atletas. Sin embargo, los delegados del COI comprobaron que el riesgo era mínimo.

 (Imagen: JJOO México 1968. Vía: https://www.la-prensa.com.mx)

1968 se recuerda como un año en el que los jóvenes de varios países demandaron la apertura de los sistemas políticos en los que no se sentían bien representados. En Francia los estudiantes realizaron grandes manifestaciones públicas. También en Checoslovaquia, durante la llamada “Primavera de Praga”, cuestionaron la enorme influencia de la Unión Soviética. Y en Estados Unidos se multiplicaron los movimientos para la defensa de los derechos civiles y el fin de la guerra en Vietnam bajo la consigna jipi de “amor y paz”.

Los estudiantes mexicanos participaron en ese mismo proceso y su movimiento tuvo un trágico desenlace: la matanza del 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco.

Faltaban apenas diez días para la inauguración de los Juegos y la gravedad de los hechos puso en duda su realización. Sin embargo el COI y su presidente, Avery Brundage, juzgaron que se trataba de un asunto de política interna y los planes siguieron adelante.

El 22 de agosto de 1968 se encendió un pebetero en la primera explanada de la Pirámide de la Luna y lo rodearon cientos de danzantes, en un increíble escenario en el que se dieron cita dos culturas antiguas y ajenas entre sí.

Pero el mayor brillo de México 1968 fue la apertura y el pleno reconocimiento a la participación femenina. Por primera vez una mujer encendía el pebetero, se trataba de Enriqueta Basilio, la última de los 816 relevos nacionales, quien tomó la antorcha en sus manos y encendió la flama del Estadio Olímpico Universitario en el transcurso de una emotiva ceremonia inaugural.

 (Imagen: Encendido del fuego olímpico. Norma Enriqueta Basilio de Sotelo. Vía: https://www.scoopnest.com)

Durante las dos semanas siguientes todas las dudas relacionadas con el desarrollo de los Juegos se disiparon. En el aspecto estrictamente deportivo, se rompieron 34 récords mundiales y se impusieron 38 olímpicos. De esta manera fue como la Ciudad de México había hecho justicia a su altura.

Los últimos años de la década de 1960 marcaron la emergencia de la “cultura de las drogas”. En México 1968 los deportistas ganadores fueron sometidos por primera vez a pruebas de dopaje a fin de comprobar que no hubieran empleado sustancias estimulantes. Con el tiempo esas pruebas se extenderían a gran parte de las competencias deportivas del mundo.

(Imagen: Black Power. México 1968. Vía: https://www.taringa.net)

Los deportistas afroamericanos habían demostrado su gran desempeño en la historia de los Juegos, un factor importante en el movimiento político “Poder Negro”, en contra de la segregación racial, muy activo en la década de 1960.

Durante la ceremonia de premiación Tommie Smith y John Carlos, ganadores de las medallas de oro y bronce en los 200 metros planos, alzaron sus puños cubiertos por un guante negro (el emblema de su movimiento). Su protesta contra la situación de las personas de color en Estados Unidos motivó que fueran expulsados de la Villa Olímpica, les retiraran sus medallas y quedaran vetados el resto de sus vidas.

Robert “Bob” Beamon (1946)

(Imagen: Robert “Bob” Beamon. Vía: https://www.wired.com)

Las competiciones alcanzaron un nivel técnico singular. La incorporación cada día más efectiva de la medicina en la preparación y entrenamiento de los deportistas, los progresos de la técnica en el material deportivo, y un estudio del rendimiento del hombre frente al cronómetro, la cinta métrica, o sirviéndose de un balón, permitieron que en México se alcanzaran cimas y resultados que parecían imposibles.

El más sorprendente de todos fue el prodigioso salto del americano Robert Beamon. Comenzó la competición en una brumosa tarde, con viento del sur, precisamente en la dirección de los saltadores. Allí se hallaban los mejores especialistas del año, entre los que destacaban el co-recordman mundial, el armenio TerOvanesian, que compartía con el americano Ralph Boston los 8,35 metros de la marca mundial, y el americano Bob Beamon, que había alcanzado la mejor marca del año, los 8,33 metros.

El americano Beamon, en su primer salto, tomó larga carrera. Debido a su rápido sprint pudo llegar a gran velocidad al listón que señalaba el principio de la mediación. Con increíble precisión inició su vuelo, y su velocidad le permitió levantarse sorprendentemente del suelo. En pleno vuelo efectuó una enérgica tijera que prolongo asombrosamente su salto, y cuando daba la impresión de que iba a caer de espaldas sobre la arena del rectángulo de salto, Beamon tuvo todavía energía, tiempo y oportunidad para enderezarse nuevamente, como si una fuerza invisible le hubiera levantado. Su aterrizaje rebasó en mucho la cinta que marcaba la mediación de cada salto. Un grito unánime de asombro y admiración surgió de los graderíos. El récord del mundo había sido rebasado nada menos que en 55 centímetros.

La comprobación del salto planteó problemas delicados, ya que Beamon había rebasado el aparato de medición, y tuvo que ser el presidente de la comisión técnica, el holandés Von Paulen, quien personalmente procediera a la comprobación del récord.

Fue así como Beamon, la figura de los Juegos de México, surgió en escasamente siente segundos, imponiendo una marca de 8.90 metros, un record que permanecería lozano durante 23 años.

Richard Douglas Fosbury (1947)

(Imagen: Richard Douglas Fosbury. Vía: https://www.plusesmas.com)

Otro protagonista de México 1968 fue el americano Dick Fosbury, estudiante de arquitectura en la Universidad de Medford en Oregón. Pocos creían en la eficacia del nuevo estilo que instauró el nuevo campeón olímpico. Ese estilo, nada ortodoxo, provocó tal expectación que el público solamente conservaba su interés por aquel muchacho americano que saltaba en tan insólita forma y que acababa de batir el récord olímpico de Brumel y Thomas. El “Fosbury-Flop” había entrado en la historia del atletismo, precisamente en la última competición de programa atlético de México.

Acontecimientos Memorables

La XIX Olimpiada, contó con la participación de 5,516 Atletas (4,735 hombres; 781 mujeres) de 112 países participantes. En total se desarrollaron 172 Eventos Deportivos, y los 19 Deportes llevados a cabo fueron: Acuáticos, Atletismo, Baloncesto, Boxeo, Canotaje, Ciclismo, Equitación, Esgrima, Futbol, Gimnasia, Halterofilia, Hockey, Lucha, Pentatlón Moderno, Remo, Tiro y Vela, Voleibol y Pelota Vasca en exhibición).

Las Medallas entregadas a los vencedores, muestran en el anverso a la diosa de la victoria. En el reverso aparece, el tradicional atleta semidesnudo y victorioso cargado en los hombros de sus admiradores. Este diseño, fue creado por el artista italiano Giuseppe Cassioli (1865 – 1942). Estuvo vigente de 1928 a 1968. Periodo en el que sólo cambio la información relacionada con la edición de los Juegos.

(Imagen: Medalla Juegos Olímpicos México 1968. Vía: https://deportes.televisa.com)

Recuento Final

“Desde el estadio la fiesta se extendió por toda la Ciudad de México. Las caravanas de automóviles se dirigieron a la Zona Rosa y el centro tocando el claxon al unísono, una y otra vez con el acento en las tres notas que habían llenado el aire durante las dos semanas anteriores: ¡Mé-xi-co!, ¡Mé-xi-co! La ciudad, alegre y orgullosa, permanecía despierta y feliz, sorprendida como nunca por el espectacular éxito de los Juegos Olímpicos. Pasaron muchas horas antes de que cada quien estuviera listo para aceptar que esta Olimpiada había llegado a su fin”. (Reporte oficial de los Juegos de la XIX Olimpiada, 1968).

 

MEDALLERO OLÍMPICO

PAÍS

ORO PLATA BRONCE
Estados Unidos 45 27 32
Unión Soviética 28 32 29
Hungría 10 9 13
Japón 11 7 7
R. Federal Alemana 4 11 10
R. Democrática Alemana 7 7 7
Polonia 5 2 11
Australia 5 6 6
Francia 7 3 5
Rumania 4 6 5
Italia 2 4 8
Checoslovaquia 7 2 4
Reino Unido 5 5 3
Kenia 3 4 2
México 3 3 3

 

(Imagen Destacada: Saludo del Poder Negro en los Juegos Olímpicos de México 1968. Vía: http://www.marca.com).

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