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Ramos se cuela en su primera final de Masters 1000

El tenista español, Albert Ramos-Viñolas, se ha metido por primera vez en su carrera en una final de Masters 1000 al derrotar al francés Lucas Pouille por 6-3 5-7 6-1 en dos horas y media de choque.

Era el día perfecto, el que de verdad importaba de la semana, el momento que decidiría si harían historia o no dos hombres que por primera vez en su vida se adentraban en unas semifinales en el legendario torneo de Montecarlo. Sí, era un duelo cara a cara entre Lucas Pouille y nuestro español Albert Ramos-Viñolas, quien, por primera vez en su carrera, alcanzaba unas semis en un Masters 1000.

Tanta calidad tenía el enfrentamiento que se iba a presenciar, que ya desde los primeros instantes ambos dieron todo. Los choques tenísticos normalmente comienzan de forma adecuada, con tensión en las dos partes, sin embargo, este empezó lanzado y luego se calmó. Ramos quebró a las primeras de cambio con un 40-15 que le dio la superioridad desde el primer minuto. Por desgracia, Pouille le planteó un resto muy agresivo que le ayudó a llevarse este primer turno y empatar a uno.

A partir de entonces se sucedieron una serie de juegos igualados en el saque, con alguna que otra bola de rotura para uno y para otro, momentos que se apagaron en el 3-3. Desde ese preciso instante, Albert sacó todo lo que tenía y se llegó a apuntar hasta cinco juegos consecutivos, incluyendo el break definitivo para llevarse el primer parcial. Era el momento de gloria del ibérico.

El mayor problema, sin duda alguna, de Lucas fue el tenerse que enfrentar a un zurdo de tanta calidad que en el servicio le buscaba las cosquillas y le planteaba situaciones muy complicadas. La superioridad que destiló el nuestro en cada momento del final de la primera manga y del comienzo de la segunda, fue la clave del partido, aunque, claramente, esto no duró para siempre, ya que su gasolina se fue acabando con el paso de los minutos.

En el 1-1, el francés se colocó con cierta ventaja, llegando a desaprovecharla cuando era el momento de la verdad. Y es que Pouille tuvo la posibilidad de haber cambiado la historia mucho antes de que se acabasen sus opciones. La bestia que tenía dentro se iba levantando poco a poco, se iba despertando y se iba preparando para explotar definitivamente cuando ‘peor’ (porque no estuvo mal) Ramos estaba.

En efecto, cuando Ramos pudo hincarle el diente y se había ya colocado 5-4 arriba, el galo contrarrestó con grandes actuaciones. Se llevó su saque en un alarde de cualidades tenísticas que dejaron un tanto mermado a Albert, e incluso le planteó serios problemas durante el 5-5, donde llegó a gozar de tres bolas de quiebra. Fue entonces cuando, en una demostración de potencia y de saber estar, se apuntó el break de la tensión. Era el 5-6, era el miedo en Montecarlo para el nuestro.

Nadie pudo remediar lo irremediable, aquello que todos veían en pista, aquello que terminó ocurriendo. El set fue para el chico de la gorra, el chico que había dado un golpe sobre la mesa en unos minutos y que había cambiado la historia del partido. Sin embargo, esto pareció ser un simple espejismo, un simple momento de inspiración que se fue deteriorando en la entrada del tercero de los parciales.

Ramos-Viñolas inició de manera perfecta, casi bordándolo, apuntándose un 3-0 que olía a final. Paso a paso, y tras haberse cambiado de camisa por el sudor que había acumulado durante la segunda manga, se fue haciendo un hueco de oro en pista, un hueco que Pouille empezaba a dejar nuevamente por molestias en su mano. Tan solo había que mantener la compostura, pero el problema estaría en aguantar las achacadas de un oponente que estaba arriesgando el todo por el todo en esos momentos.

Pero ya la historia estaba escrita desde antes. Por mucho inconveniente que hubiese sido ver al rival metiendo presión, punto tras punto lo superó y llegó a quebrarle por segunda vez. Con un 5-1 arriba, el partido era suyo, era el chico que más lo había intentado y que había llegado el tercero con las reservas en nivel bajo.

Una bola más larga de lo normal, una derecha que se iba muy profunda y un bote fuera de la línea de fondo eran suficientes para que Ramos hiciese historia y se adentrase en su primera final de Masters 1000, su quinta en la que va de carrera.

Imagen: ATP World Tour.

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