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Campeones de Wimbledon (1980-1990)

En la década del Rock And Roll; cuando el mundo vivía en una burbuja de placer y todos intentaban buscar la paz máxima en su interior; cuando el ‘football‘ reunía masas en las nevadas masivas y el ‘soccer‘ era el entretenimiento de medio mundo, un deporte cambiaba. El tenis evolucionaba y se volvía revolucionario. Había surgido el estilo rudo, el estilo del carácter, y eso se palpaba en el corazón de la raqueta, en Wimbledon.

Fuerte comenzaron unos 80 en los que John McEnroe hizo trizas a Bjorn Börg en la final más importante de la historia de Londres. Por 4-6 7-6 7-6 6-4, el chico del vacile americano levantó la gloria más absoluta ante millones de fans que se sorprendían de esa mágica zurda. En los siguientes tres años, Connors le ganaría la partida por 3-6 6-3 6-7 7-6 6-4, pero en 1983 y 1984, John renovaría trofeo ante Chris Lewis (triple 6-2) y ante el propio Jimmy (6-1 6-1 6-2).

El cuadro femenino, por su parte, se repartiría de una forma distinta. Chris Evert se redimiría de sus errores y vencería a la checa Hana Mandlíková por doble 6-2, después de haber perdido hasta tres finales consecutivas. Este era uno de los récords, el de alcanzar tantas opciones de alzarse con la gloria, uno que se ampliaría hasta cinco en 1982, cuando perdería ante la nacionalizada estadounidense Martina Navrátilová por 6-1 3-6 6-2. Comenzaría, de esta forma, la historia más dominante del tenis, la de una chica que no cedería más que dos sets en seis finales consecutivas conquistadas. Navrátilová dejó atrás a Evert en tres ocasiones, a Andrea Jaeger, a Mandlíková y, finalmente, a la emergente Steffi Graf en su primera final de Wimbledon.

Navratilova y Connors celebrando el trofeo en 1982 (http://cdn.images.express.co.uk/)

Los siguientes dos años serían para la alemana. Graf definió un nuevo tenis del que no pudo defenderse la gran Martina. En 1988 y 1989, la estadounidense se vio superada por la chica más laureada en la historia del tenis, hasta que en 1990, Zina Garrison pagó los platos rotos perdiendo por 6-4 6-1. Martina había sido protagonista en nueve finales seguidas, de las cuales se llevó siete. Su labor sería recordada para siempre.

Por entonces, Boris Becker se abría paso a la edad de 17 años en la leyenda viva del deporte. Derrotó en 1985 al sudafricano Kevin Curren por 6-3 6-7 7-6 6-4, y en 1986 al señor Ivan Lendl por 7-6 6-2 7-5, valiéndole lo dicho para posicionarse como uno de los chicos Tops del mundo. Más tarde, en 1987, Australia volvería a la carga con su estandarte, Pat Cash. El diestro se haría con su único torneo mayor en ese mismo año ante Lendl por 7-6 6-2 7-5, siendo esta la última final que disputaría el checo en tierras londinenses.

Becker celebrando el título de 1985 a los 17 años (https://manuelortegaaparicio.files.wordpress.com/)

Los dos próximos años, Becker y Stefan Edberg se dividirían los entorchados. En el 89, Boris saldría victorioso (6-0 7-6 6-4), mientras que en 1990, el tenis de saque y volea de Edberd le regalaría el título en una final de ensueño de hasta cinco sets que dio la vuelta al mundo (6-2 6-2 3-6 3-6 6-4).

Con este capítulo se cerraba la década más convulsa del deporte, una en la que no hubo un dominador claro, al menos en el cuadro masculino, y que sí estuvo marcada, entre otras cosas, por un cambio radical en la manera de actuar tras el servicio, dado que a partir de ese instante, el saque se convertía en un arma letal que, en gran cantidad de ocasiones terminaba con una subida del tenista a la red.

Imagenwww.express.co.uk

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