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Rafa: Le Roi du Paris

La tierra de Paris se vuelve a rendir ante su rey, un rey que hoy ha impuesto su ley, su juego y su jerarquía ante un Dominic Thiem que se vio desarbolado e impotente desde el principio del partido. Su único verdugo de esta temporada sobre tierra batida no pudo presentar batalla en la pista central parisina y dejó así el camino libre y expedito para la décima, un hito que será difícil de superar en generaciones venideras. 

Pese a la comodidad del resultado final, no fue un inicio fácil para el manacorí que tardó en doblegar la resistencia del austriaco en los compases iniciales del enfrentamiento. La debilidad del servicio fue una constante en los primeros juegos, incluido un break en el primer juego, perdiendo Nadal su saque por primera vez en el Abierto galo.

Pero si algo destaca en el astro balear es su fortaleza mental y gracias a ella y una estrategia errónea de su contrincante logró devolver la rotura inmediatamente y reestablecer la igualdad del principio. No supo buscar alternativas a su saque y lo que en otros partidos y otros rivales es muy eficiente, en esta ocasión dejaba a Nadal ante la oportunidad de restar con su derecha, su mejor golpe. Nadal servía por debajo de los 140 km/h pero esto, lejos de jugar en su contra, lo hizo en su favor ya que evitó los restos agresivos que tanto daño le hizo en Roma.

Antes de que quisiera darse cuenta, Thiem había perdido de nuevo su servicio y estaba en clara inferioridad en el marcador y lo que es peor, en el juego y las sensaciones sobre el polvo de arcilla. Había tenido sus opciones de break pero no las aprovechó y sí lo hizo el rey de la tierra batida que sumó su primera manga, la más difícil de las tres que necesitó para plantarse en la final.

Thiem parecía muy tocado y Nadal jugaba mejor a cada momento, aprovechando los continuos errores de un tenista que intentaba golpear cada vez más fuerte pero sin abrir ángulos que desplazaran a Nadal hacia los costados de la pista central y provocaran errores en el nueve veces campeón en la ciudad de los Campos Elíseos. Se acomodó por detrás de la línea y desde allí fue devolviendo todos los cañonazos, aunque muchos de ellos se iban más allá y daban puntos a Rafa simplemente esperando el error de su rival. Victoria en el segundo set y todavía mejores sensaciones, mejor juego y más solidez en todos los golpes. Lo mejor de todo, la impresión de que Nadal no empleaba todo su repertorio para ganar los puntos, los juegos y el partido.

El tercer set fue un trámite en el camino hacia su décimo título. Los juegos fueron cayendo uno tras otro sin que Thiem ofreciera la más mínima resistencia. Todos sus intentos de jugar agresivos se iban por detrás de la línea, contra la red o a los pasillos laterales. Desesperación, impotencia, incapacidad y epítetos parecidos son la descripción más adecuada para el juego del centroeuropeo . Quizá el futuro le lleve a ser el relevo natural de su oponente pero esa pista central le pesó inmensamente y se le hizo más grande, mientras que para el español parecía coser y cantar, parecía simple y sencillo como si lo hiciera cada día.

La trayectoria es similar a la de los mejores años de Nadal, a la época en la que su superioridad era incontestable y arrasaba cual huracán a todos y cada uno de sus rivales. Sin llegar a los niveles de Borj, 27 juegos perdidos en todo el torneo, se le ha acercado mucho y ha mejorado sus propios registros del 2008 con tan solo 29 juegos cedidos.

El 6/3, 6/4, 6/o refleja el juego pero la superioridad del español fue mucho más allá, mucho más patente sobre la tierra que en el marcador. Thiem fue un jugador sin alternativa ni plan B que ofrecer para variar el devenir del partido.

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