Análisis Psicología Deportiva

Papá, mamá, yo soy quien juega

Algunos perfiles parentales no tienen en cuenta que el deporte se debería contemplar como una actividad lúdica y de desarrollo personal, potenciando el desarrollo psicológico y social de los deportistas. Durante el deporte de iniciación, los aspectos que deben priorizar son el aprendizaje, la motivación, la interacción entre deportistas y entrenadores y el propio disfrute de la actividad. El fin del deporte base es la actividad lúdica, y no la actividad competitiva propiamente dicha.

“Un hombre que practica el espíritu deportivo es mucho mejor que 50 predicándolo.” Knute Rockne.

La práctica deportiva en categorías inferiores se ve en numerosas ocasiones influenciada por valores negativos hacia los pequeños deportistas desde la grada. Sin embargo, los clubes deberían primar aquellas gradas que transmitan valores como la humildad, el respeto, el compañerismo, el esfuerzo y la confianza, entre otros, que suponen un aspecto primordial en la educación deportiva.

El rendimiento de los pequeños, se ve mermado por las acusaciones y presiones constantes de los padres que, desde las gradas, increpan a los jugadores, árbitros o incluso, a los propios compañeros de equipo. Es crucial que éstos conozcan cuáles son las actitudes idóneas que propicien un clima deportivo excelente que favorezca a la educación deportiva de los jóvenes.

 

Foto: mundofutbolbase.es

 

Podemos destacar los siguientes perfiles parentales que se pueden encontrar en el deporte:

  • Desinteresados. Muestran poco interés por los progresos que va obteniendo el niño en la práctica deportiva. Los pequeños disfrutan cuando sus familiares le observan y animan.
  • Hipercríticos. Comparan la actuación de sus hijos con la de profesionales. Son demasiado exigentes con la actuación deportiva de sus hijos. Las consecuencias de ese tipo de comparación son bastante negativas. Evitar ser demasiado exigente y mostrar satisfacción y refuerzos positivos es una estrategia idónea para que los pequeños reciban el apoyo parental.
  • Vociferantes. Aquellos que gritan y critican las acciones de los jugadores contrarios, árbitros, entrenadores rivales e incluso de los compañeros de equipo de sus hijos. Educar tu paciencia y evitar imponer tu critero por encima del cirterio del entrenador favorecerá un clima adecuado.
  • Entrenadores auxiliares. Contradicen en varias ocasiones las indicaciones del entrenador. No sólo lo hacen durante los partidos, sino que antes y depués de los partidos ya dan indicaciones a sus hijos sobre qué aspectos deben realizar durante la competición, lo que provoca un caos en los jugadores. Muestra cariño hacia él, aplaude las acciones logradas y lo más importante, enséñale, con serenidad, que errar no es nada malo si lo ha intentado. 
  • Sobreprotectores. Son exageradamente cautelosos con los riesgos que comporta el deporte, realizan comentarios angustiados sobre algunas jugadas y señalan lo peligroso que puede resultar para sus hijos. Esto supone la adición de una fuente de miedo y temor que paraliza la actuación del menor. El deporte es totalmente seguro siempre que se respete el reglamento y la planificación.

 

El buen hacer parental es el que lidia con estas situaciones mencionadas. Animar a los jóvenes deportistas a practicar deporte como parte de un modo de vida activo; ayudarle a establecer objetivos de rendimiento que puedan cumplir y que sean acordes a sus capacidades; escucharle y tratar de comprenderle, prestando atención y empatizando con sus sentimientos; ayudarle a organizarse, sus hábitos alimenticios, de descanso, de estudios y de su práctica deportiva. En definitiva, los padres deben ser un ejemplo de educación y deportividad.

 

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