Reportajes

Una temporada (casi) perfecta

Una vez acabada la campaña 2015-2016 es hora de hacer balance de lo que ha sido un año muy extraño, pero a la vez exitoso, del club de Concha Espina. Una temporada que tal vez no pueda calificarse, como la pasada, de «Perfect Season», pero casi.


Pese a que en el verano de 2014 Pablo Laso estuvo más fuera que dentro del banquillo madridista, lo cierto es que desde su llegada en verano de 2011 ésta ha sido la temporada más complicada de gestionar para el vitoriano. A pesar de todo ello la temporada acabaría con un rotundo éxito después de que el Real Madrid logrará reeditar el doblete conquistado el pasado año (Liga y Copa del Rey), algo que no se lograba en la entidad blanca desde hacía 30 años.

Las pretemporadas no existen

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El primer título de la temporada llegó en Brasil / Reuters

Desde el primer instante se vio que ésta iba a ser una campaña diferente. Laso apenas podía contar con Thompkins, Carroll y Doncic como miembros de la primera plantilla para realizar la pretemporada, mientras el resto de los madridistas se colgaban medallas en el Eurobasket y en el FIBA Américas.

Tras acabar los campeonatos y, sin tiempo para hacer un solo entrenamiento, el Madrid se marchó a jugar la Copa Intercontinental, torneo que finalmente lograría alzar pese a perder el primer partido ante el Bauru de un viejo conocido como Hettsheimeir y los árbitros más caseros que se hayan visto. El Madrid se había proclamado campeón del mundo, pero las consecuencias de este viaje durante lo siguientes meses de competición serían letales. En este torneo, por cierto, Sergio Llull se alzaría con su primer MVP de la temporada.

Nada más aterrizar en España, el Madrid se dispuso a afrontar el segundo torneo de la temporada; una Supercopa Endesa que había conquistado los tres años anteriores. Sin embargo, en esta ocasión no tendría posibilidad ni de competir. Las lesiones (Rudy, Taylor), la falta de acoplamiento y sobre todo el cansancio acumulado por el viaje a Brasil fueron incluso mayor enemigo que un Unicaja que se deshizo con facilidad de los blancos en semifinales (94-79). A esta derrota se sumarían otras dos en los respectivos debuts en Liga y Euroliga, lo que haría un total de 4 derrotas en 5 partidos oficiales y desencadenaría la primera minicrisis de la temporada en el seno madridista.

De esta forma, inmerso en un mar de dudas irían pasando los primeros meses de competición. Si en Liga al menos parecía aguantar en cabeza un escalón por debajo de Valencia y al mismo ritmo que Barcelona o Baskonia, en Euroliga las cosas eran mucho peores; hasta tal punto que los blancos tuvieron que esperar a la última jornada para pasar a la segunda fase.

Claro, que la peor noticia de estos primeros meses de competición no fue esto, ni siquiera la dolorosa derrota en el Palacio ante el eterno rival, sino la grave lesión de Rudy Fernández que le apartaría del equipo hasta bien entrado el mes de abril.

La rebelión del campeón

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Alegría exultante tras conquistar su tercera Copa del Rey consecutiva / RTVE

El nuevo año no cambiaría esta dinámica. Si la primera fase de la Euroliga ya fue complicada, en el Top-16 y encuadrado en el grupo de la muerte las cosas empeorarían y el Madrid, obligado a jugar casi todos sus partidos de casa en la primera vuelta, acababa ésta en una peligrosísima cuarta posición con 4 triunfos y 3 derrotas.

Para colmo las lesiones no hacían más que se cebarse con el equipo blanco y a la ausencia de Rudy  se unirían en diferentes momentos las de Sergio Llull, Sergio Rodríguez, Gustavo Ayón, Jonas Maciulis o Felipe Reyes. Debido a estas ausencias, el Real Madrid decidía llevar a cabo tres fichajes en mitad de la temporada. KC Rivers, Maurice Ndour y Augusto Lima, se unirían a la expedición madridista pero al igual que ya había ocurrido con las incorporaciones de Jeffery Taylor o Trey Thompkins su aportación al equipo sería muy inferior a la esperada.

En esta delicada situación, el papel que haría el equipo en la Copa del Rey era todo un misterio. Ni sus propios aficionados, ya en muchos casos resignados a aceptar esta temporada como de mera transición, ni sus compañeros de profesión parecían confiar en el triunfo blanco. De hecho, en la encuesta realizada por la ACB entre los entrenadores de la Liga, el Madrid no era favorito para ninguno pese a haber ganado las dos ediciones anteriores del torneo del KO.

Sin embargo, esta sensación de pesimismo generalizado lejos de amedrentar a los de Laso lo que hizo fue reactivar su corazón de ganador. Tras deshacerse por 101-84 del equipo revelación de la liga, el Montakit Fuenlabrada, el Real Madrid tenía una piedra de toque importante, el gran favorito para el título, el Laboral Kutxa Baskonia de un viejo conocido como Ioannis Bourousis.

Precisamente la temporada que estaba realizando el griego ha sido una de los principales críticas realizadas esta campaña al técnico madridista Pablo Laso. Pese a que en su segunda temporada en el Madrid a Bourousis se le había visto apático y a que prácticamente nadie se había llevado las manos a la cabeza cuando el Madrid decidió prescindir de él, la gigantesca temporada que estaba realizando el que a la postre sería MVP de la Liga ACB, en comparación con el pésimo resultado que estaban dando los fichajes blancos, era un dardo recurrente a la línea de flotación madridista.

Sin embargo, y pese a que prácticamente nadie le daba como favorito y a la gran aportación de Bourousis ante sus ex  (16 puntos), el gran partido de Ayón y los gigantescos últimos minutos de Llull acababan dando la vuelta al partido y otorgando el pase a la final al Real Madrid ante el sorprendente Herbalife Gran Canaria de Aíto García Reneses.

En esta final el Madrid sí que partía como favorito, pero Aíto plantearía múltiples trampas a largo de un choque que sería mucho más competido de lo esperado (81-85). Afortunadamente para los blancos, Gustavo Ayón (MVP del torneo con 14 puntos,  6 rebotes y 20 de valoración por partido) saldría al rescate y acabaría conquistando una Copa del Rey que caía en las vitrinas blancas por tercera vez consecutiva. Por cierto, que tras el torneo Pablo Laso señaló que esa encuesta en la que nadie le daba como favorito supuso una inyección de adrenalina para sus jugadores.

Descenso a los infiernos

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Desazón madridista tras la eliminación europea /AFP

Gustavo Ayón seguiría siendo el que siguiera tirando del carro durante los siguientes meses de competición. Pese al éxito que había supuesto la Copa el equipo demostraba estar cada vez más cansado y solamente en Liga parecía seguir aguantando el ritmo que marcaban Valencia y Barcelona.

Por desgracia para los blancos, en Euroliga era otra cosa y las derrotas se fueron acumulando hasta tal punto que los blancos no sólo alcanzaban la última jornada sin estar clasificados sino que dependían de una victoria azulgrana para mantener sus opciones de clasificación. Afortunadamente, el Barcelona cumplió con su labor (realmente estaba obligado ya que en caso de derrota también podría haberse quedado fuera), lo que unido a la victoria de los blancos ante el Khimki les permitía clasificarse para los playoffs.

Sin embargo, esta alegría duraría poco. Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe dice un dicho castellano y esto acabaría siendo definitivo para el Madrid. El haberse clasificado en cuarta posición del grupo le había condenado a enfrentarse al Fenerbahçe, uno de los grandes favoritos para llevarse el trofeo. Favoritismo que los turcos no tardarían en demostrar eliminando con un irrefutable 3-0 al equipo blanco. El vigente campeón de Europa no podría revalidar el cetro continental.

Este fue un durísimo golpe para las expectativas madridistas. El equipo no solamente se había mostrado muy cansado sino, lo que era más preocupante, incapaz de competir contra los pupilos de Obradovic. Esta desazón parecía desparecer en parte con la victoria en el Palau Blaugrana en el siguiente partido de liga (un encuentro en el que se vería la resurrección de un hasta entonces desastroso Thompkins) y la conquista del segundo puesto en la Liga Regular gracias a una cierta mejoría en el juego y estado físico del equipo debido al descanso, pero acabaría agravándose con los dos primeros encuentros de los cuartos de final.

En ellos, el Madrid volvía a caer en los errores que tanto le habían condenado durante la temporada y tras estar a punto de perder en casa el primer partido ante UCAM Murcia, en el segundo (disputado en tierras pimentoneras) se consumaría la derrota ante el equipo liderado por Facundo Campazzo.

Del Madrid al cielo

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Carroll celebrando el título liguero con un capote /EFE

Sin embargo, aquella derrota y, sobre todo, la forma en la que se produjo (con Ayón descalificado en los primeros minutos) cambiaría por completo el chip de los madridistas. Los blancos, que habían aprovechado la eliminación de la Euroliga para realizar una minipretemporada aprovechando que, por fin, tenían un solo partido por semana, desplegaron en el tercer encuentro su mejor arsenal ante un Murcia ya sin fuerzas y lograban meterse en semifinales ante un Valencia Basket que, durante la primera parte de la temporada, no había hecho más que batir récords.

Los partidos de esta serie que se jugaron en Madrid apenas tendrían historia ya que los valencianos encajarían 35 puntos en cada uno de los últimos cuartos de los choques disputados en el Palacio, pero en Valencia la historia sería bien diferente. Ante su público, el equipo de Pedro Martínez se mostró como un conjunto aguerrido y peleón que no se dejó amedrentar ni ante el buen juego de los blancos ni ante las bajas con las que llegó a esta eliminatoria. De esta forma, tras llevarse el tercer punto de la eliminatoria en un polémico partido (técnica que descalificaba a Llull en el 4º cuarto tras haberle sido apuntada una falta que era de Thompkins, antideportiva a Felipe no señalada y posibles pasos y fuera de Guillem Vives en el triple decisivo) los valencianos lograban forzar un cuarto en el que, esta vez sí, acabarían hinchando la rodilla ante los de Pablo Laso.

Tras una complicadísima temporada el Madrid había logrado no solamente llevarse la Copa del Rey sino también meterse en la final de la Liga Endesa, pero para un club como el madridista esto nunca es suficiente y pese al cansancio, las lesiones, la falta de acoplamiento de muchos jugadores y demás vicisitudes vividas a lo largo de la temporada, los blancos decidieron ir a por la Liga ante un Barcelona con ventaja de cancha y que muchos decían que había sido superior durante la campaña.

El primer partido de esta final sería sin duda uno de los mejores encuentros que se han visto esta temporada con dos equipos muy igualados y en el que sólo el gran problema madridista esta temporada: los errores defensivos, impidieron que los blancos dieran la campanada en el choque inaugural. Al igual que antes lo hicieran ante los blancos Doellman, Bertans o Vives, Perperoglou lograba dar la victoria a su equipo sobre la bocina. Ahora a los blancos les tocaba hacer algo que nadie había conseguido hasta la fecha: remontar un 1-0 en la final de la liga.

Sin embargo, para un equipo que ha ganado tanto no hay nada imposible y los blancos lo demostrarían en los dos partidos siguientes. Un auténtico vendaval que se llevó al Barça por delante tanto en Madrid como en Barcelona y que colocaba el 1-2 en la serie. Los blancos estaban a un solo paso de volver a hacer historia y repetir título de Liga 22 años después de hacerlo por última vez.

A diferencia de los dos partidos anteriores, el cuarto encuentro sería muchísimo más competido. El Barcelona iniciaba muy fuerte llegándose a colocar 11 puntos arriba (19-30), por lo que parecía que la historia de 2012 se volvería a repetir (primer partido perdido sobre la bocina, segundo y tercer partidos ganados con cierta solvencia y cuarto y quinto que cayeron de lado blaugrana); sin embargo, la buena reacción de los Sergios, en especial de un Llull que acabaría convirtiéndose en un justísimo MVP, acabarían igualando una contienda que finalmente se teñiría de blanco. Madrid había conquistado su 33ª Liga.

De esta forma, se pondría el broche de oro a una temporada complicadísima que el Real Madrid finalizaba de la mejor forma posible. Tal vez en las camisetas del próximo año no se pueda poner, como en la campaña pasada, aquello de «Perfect Season», pero la hegemonía del equipo madridista en el baloncesto español se ha vuelto a confirmar.


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Foto principal vía: ACB Photo

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