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La Laver se queda en Europa un año más

El equipo del Viejo Continente, capitaneado por Björn Borg, revalida la Laver Cup en Ginebra imponiéndose al Team World de McEnroe en un fin de semana de puro tenis.

La idea de Roger

Cuando Roger Federer tuvo la idea de crear un torneo por equipos que enfrentara a Europa contra el ‘Resto del mundo’ no pensaba ni mucho menos que iba a tener semejante éxito. Copiando como modelo la Ryder Cup del golf –que también adopta el concepto de ‘Europa contra todos’-, el tenista suizo, poseedor de 102 títulos ATP, se adentraba en un mundo desconocido cuando en 2016 empezó a diseñar la primera Copa Laver. El universo de la raqueta tiene cada vez más torneos por equipos (dígase Copa Hopman, Copa Davis o la próxima ATP Cup, entre otros), además de todas las citas obligadas para cualquier tenista profesional, como son los nueve M1000 y los cuatro Grand Slams.

Una competición en crecimiento

Con todo esto y, en consecuencia, con los tenistas fatigados y sofocados por la exigencia del día a día en el circuito profesional, el tenista helvético se reinventó y se sacó de la manga la Laver Cup. Una competición antológica que se inauguró en el O2 de Praga en el 2017, que sobresalió en 2018 en Chicago y que ha vivido su momento cumbre en el Palexpo de Ginebra este fin de semana.

Dos equipos top

El Team Europe presentaba una alineación de película repleta de top 10’s: el austríaco Dominic Thiem, el griego Stefanos Tsitsipas, el alemán Alexander Zverev, el italiano Fabio Fognini y ni más ni menos que Fedal (nombre con el que los eruditos del tenis conocen a la dupla de Federer y Nadal). Por su parte, Team World no se quedaba corto y, aunque no disponía de ningún miembro del top mundial, John McEnroe armaba una escuadra de altura con especial poderío en el saque: los canadienses Milos Raonic y Denis Shapovalov, los americanos Jack Sock, Taylor Fritz y John Isner y el australiano y siempre conflictivo Nick Kyrgios. Enfrente, tres jornadas de estrategia, de show, de partidazos, de coaching, de magia. En definitiva, de tenis elevado a la enésima potencia.

Europa es clara favorita

Aun y el claro cartel de favorito de Europa, el combinado de John McEnroe no pondría ninguno de los tres días las cosas fáciles. En los primeros tanteos del viernes, en el que los partidos ganados por cada equipo valen 1 punto, Europa golpeaba primero reservándose sus cartas más potentes –los singles de Roger y Rafa- para el sábado. Con 3 a 1 en el luminoso de la cancha y con la baza de Fedal, los europeos tenían en la segunda jornada una oportunidad de oro para afrontar la jornada dominical con más tranquilidad y con el trofeo casi en la mano. Pero no: Resto del mundo salvaba la jornada del sábado con dos victorias y dos derrotas (las victorias entonces valían 2 puntos) gracias a un inmenso John Isner y a una pareja de dobles incansable como es la formada por Kyrgios y Sock. Llegado el tercer y definitivo día –Federer fue pillo hasta para esto: montando el formato para que pase lo que pase en los días anteriores el domingo siempre sea definitorio-, el Palexpo era una auténtica fiesta.

Para arrancar la jornada de clausura estaba previsto que Rafa y Roger formaran tándem para enfrentarse a Isner y Sock (3’98 metros entre ambos). Pero, para desgracia del público y de los telespectadores, no pudo ser: unas molestias del manacorí en la muñeca izquierda dejaron a los fans del tenis sin la reedición del Fedal, que ya jugó y ganó a Querrey&Sock hace dos años en Praga. Pero esto no supuso obstáculo para coach Rafa. Desde el banquillo europeo, Nadal se creció y relevó al “hombre de hielo”, Björn Borg. En los descansos del partido de Federer y Tsitsipas (su recambio para enfrentar a los americanos), el campeón de 19 ‘grandes’ se volcó con el griego y el suizo para guiarlos hacia la victoria y tener aún más cerca el cetro de la Laver. Sin embargo, la dupla europea se quedó cerca del triunfo e Isner y Sock pusieron por primera vez por delante a Team World. Con 7 a 8 en el marcador, a continuación Fritz sorprendía a Thiem en el décimo partido del fin de semana y situaba a los de rojo con una ventaja de cuatro puntos (7-11)  con dos match balls para llevarse el entorchado lejos del Viejo Continente. Con todo en contra y con los americanos y Kyrgios en racha y trotando de alegría, Europa se encomendaba una vez más a su baluarte, Roger Federer, para que le solucionase la papeleta y dejara el partido por el título en manos de ‘Sascha’ Zverev. Y así fue. El expresso de Basilea sobresalió frente a un visiblemente cansado John Isner (6-3, 7-6) y Zverev remachó la faena cargándose en el super tie-break del encuentro definitivo al bombardero canadiense Milos Raonic (6-4, 3-6, 10-4). Europa se alzaba con el triunfo por tercer año consecutivo.

Un último día de infarto

Y con esta emoción en el último día de competición se cerraba la tercera edición de la Copa Laver. Una competición amistosa que no da puntos ATP, pero que, gracias a ella, podemos ver muchas cosas que nunca veríamos ni en el mejor de los Grand Slams. Un público rendido a un continente, Federer y Nadal haciéndose de entrenador el uno al otro, un tapete grisáceo (del que muchos torneos deberían tomar nota), los mejores jugadores del mundo animándose los unos a los otros, McEnroe y Borg en una pista como en los viejos tiempos… Boston 2020 nos espera.

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