Fútbol Sala LNFS Opinión

Futsal vs Futsal

Cuando el espectáculo, el talento, la imaginación, la creatividad deja de estar al servicio de su principal cliente y por tanto deja de priorizar al público que lo sigue, cuando estamos cerca de esta encrucijada… como mínimo merece  recapacitar al respecto y pensar que quizá el camino elegido, la opción escogida por algunos equipos, clubs, no es la que debiera.

De un tiempo a esta parte el fútbol sala está experimentando un cambio, necesario para unos, forzoso para otros, pero inevitable para la mayoría;  un cambio que está desembocando en una pérdida del espectáculo, de la diversión, del entretenimento.

En los últimos tiempos se está viendo un fútbol sala encorsetado a los sistemas tácticos, a sistemas tácticos muy rigurosos cuya finalidad no es otra que la de evitar la derrota, unos sistemas de juego que anulan la creatividad, la imaginación, la inventiva de jugadores excelsos. Estamos llegando a un nivel tal de rigor táctico, que la creatividad en el juego se ofrece de manera puntual, siempre al servicio de una puesta en escena que no puede salirse del guión preestablecido de antemano y que, por desgracia, está desembocando en una pérdida del espectáculo. El fútbol sala de por sí es espectáculo por lo que en cierta medida nos estamos “cargando”, dinamitando la esencia de este deporte.

Las presiones que los equipos, los clubs, y que todas las entidades pueden tener, bien con patrocinadores, colaboradores, instituciones, llega a ahogar y asfixiar de tal manera que el puntuar y el llegar al objetivo marcado en pre-temporada se prima por encima de todo. El juego, la filosofía de club, son características que quedan en entredicho, llegan a considerarse aspectos románticos, utópicos, inviables, y con ello puede que estemos rompiendo la cadena alimenticia en la que se sustenta este deporte. El fútbol sala necesita de la afición tanto como la  afición necesita del fútbol sala. Un deporte que ofrece al respetable todo lo que un aficionado al deporte y al espectáculo puede necesitar. Nos encontramos que en este “pro-quo”,  es el deporte, es el fútbol sala, quien ha dejado de ofrecer lo que se le exige.

Equipos que salen a especular, que salen a encerrarse atrás, que su forma de jugar es más destruir que construir, bloques muy sólidos defensivamente que viven del error constante del contrario, carroñeros del error ajeno que sustentan su devenir en el mal momento del adversario. Es algo que se está extendiendo como una epidemia y son más y más los equipos que basan su juego en aniquilar, pulverizar, desintegrar la creatividad contraria, en exterminarla por encima de todo,  con un único fin meramente práctico y simple como es el de puntuar.

Asistimos a la etapa de la dictadura de la pizarra. La pizarra ha absorbido del jugador toda la magia, inventiva y creatividad de los jugadores. La alta automatización de movimientos merman considerablemente un deporte bello desde su nacimiento, la contradicción de todo esto es que aquellos conjuntos que optan por este rigor, por esta disciplina táctica, desembocan en una rigidez mental que en momentos claves de los partido son incapaces de leer más allá de los automatismos presentando una respuesta tan austera como simple, tan rígida como nula, tan imprecisa como banal. Cuando el talento aparece debemos de dejar que se explaye en todas su variantes y no limitarlo y servirlo a cuenta gotas.

     Deberíamos ser conscientes que el producto que vendemos es el juego, son los jugadores, y que aquellos que están dispuestos a apostar por el futsal, aquellos que están dispuestos a pagar por este gran deporte, aquellos aficionados que disfrutan del fútbol sala con mayúsculas, de su magia, de su seducción, de su hechizo, quieren vivirlo, quieren vivir el espectáculo de este deporte y de su grandeza, quieren ver goles, quieren ver talento e imaginación, quieren divertirse y seguir enamorándose y enloquecerse con el puro futsal.

El fútbol sala debe volver a su esencia, a su alma, a la naturaleza de su definición, el fútbol sala debe volver al espectáculo, y lo debe hacer por algo muy simple y sencillo a la vez que complejo a veces de entender, porque el propio fútbol sala lo necesita.

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