Análisis Tenis WTA

El 2018 de Osaka: de promesa a campeona de Grand Slam

Naomi Osaka fue durante años la gran promesa del tenis japonés y una de las grandes promesas del tenis mundial. Su juego eléctrico le llevó a alcanzar el puesto número 40 de la clasificación en 2016 con tan solo 19 años.

Datos de otra época, incluso para la WTA. Pero ahí se estancó. Demasiada presión para una chica de 19 años. Al año siguiente no mejoró, sino que, incluso, bajó posiciones. Acabó 2017 en el puesto 68 del ranking. Aún así, no se rindió. Y en el tenis, como en la vida, en muchas ocasiones es mejor dar un paso para detrás para después dar dos para adelante. Y Naomi no dio dos para adelante, dio diez.

Comenzó el año consiguiendo su mejor resultado, hasta el momento, en un Grand Slam. Cuarta ronda en el Open de Australia antes de caer con la inamovible número uno Simona Halep. Tras este buen resultado, un par de meses depués, consiguió la hazaña que nadie esperaba. En marzo, Osaka se hacía ante todo pronóstico, ya que no partía ni como cabeza de serie, con el título de Indian Wells. Para ello, comenzaría el torneo derrotando a María Sharapova en primera ronda. Después, hizo lo mismo contra Radwanska, Vickery, Sakkari, Pliskova, Halep y, por último, derrotó a Kasaktina en la gran final. Tan solo la griega Sakkari fue capaz de rascarle un set a la jugadora nipona. Y si con eso no tenía suficiente, en el torneo siguiente (Miami), derrotó en primera ronda a Serena Williams en tan solo dos sets. Finalmente, perdió en la siguiente ronda ante Elina Svitolina.

Según fue avanzando el año sus números comenzaron a ser más discretos. Algo de esperar, pues no siempre una chica de 20 años va a ganar un Premier Mandatory. Su mejor resultado despúes de la hazaña en Indian Wells no llegó hasta la temporada de hierba. En Nottingham alcanzó las semifinales, dónde perdería con la futura campeona Ashleigh Barty. Y hasta que llegó el US Open no consiguió otro gran resultado.

Pero qué resultado. Osaka se alzó con el título de campeona en el cemento de Flushing Meadows. Y si es cierto que no derrotó a ninguna top 10 durante todo el torneo, en la final tuvo que bailar con la más fea. Quizás, cualquier tenista del mundo, si tuviese la opción de elegir rival en una final en el US Open —y en 2018— casi ninguna elegiría a Serena Williams. Osaka no pudo elegir, pero tampoco le hizo falta. La nipona supo sobreponerse a todos los factores externos que sucedieron —y que no deberían suceder en una pista de tenis— en la final y se impuso, con bastante claridad, a la menor de las Williams en tan solo dos sets.

Y esta vez, tras consagrarse como campeona en el US Open, su nivel no bajó. El torneo siguiente fue en casa: Tokio. Y allí hizo final, perdiendo esta contra Karolina Pliskova. En el siguiente torneo, esta vez Pekín, logró unas meritorias semifinales y acabó cayendo contra Sevastova. Gracias a estos resultados, logró clasificarse para las Finales de la WTA, pero el resultado no fue el esperado. Tres partidos. Tres derrotas. Torneo para olvidar y a pensar en el 2019.

De esta forma, Naomi Osaka ha logrado lo que se esperaba de ella hace unos años. Tan solo tiene dos títulos a nivel WTA, pero qué dos títulos: Indian Wells y US Open. Premier Mandatory y Grand Slam. Los dos títulos más importantes de todo el circuito. Gracias a ello, Osaka ha logrado terminar el año como número cinco del mundo. Quizás para otra tenista, su objetivo sería mantenerse, ya que lo difícil —que también— no es llegar a la élite, si no mantenerse. Pero Osaka es una tenista especial. De esas que marcan época. ¿Qué nos deparará su 2019?

Fotos vía: WTA.

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