Opinión Psicología Deportiva

Álvaro Medrán, un ejemplo más de la presión social en los deportistas de élite

El 22 de abril, después del partido que se disputó en las Islas Canarias entre Las Palmas y el Alavés, Álvaro Medrán atendió a la televisión como es común una vez acabado el encuentro. En esta entrevista el jugador del combinado vasco rompió a llorar, algo totalmente inusual en un deportista de élite delante de los medios.

No se dio mayor importancia a este episodio, pero la tiene, y mucha. La sociedad percibe a los deportistas de élite, como hombres (que no mujeres), triunfadores en su mayoría, con un buen sueldo, con acceso a todo tipo de bienes, y con facilidad para conseguir cualquier cosa que se propongan. Vemos a los deportistas, desde una perspectiva materialista, como bien nos ha educado el capitalismo. ¿Pero dónde quedan las necesidades emocionales de la persona? ¿Dónde quedan las expectativas, frustraciones o metas que todos ellos pueden acumular en su mochila?

Actualmente en la sociedad no se le da la importancia que tiene a la persona, no vemos el ser, sino el tener y el hacer de cada uno. Da igual como te sientas, lo importante es lo que tienes. En cualquier conversación de bar saldrá a relucir la cantidad de éxitos que acumula Messi a sus espaldas o los coches que tiene Cristiano en su garaje. Pero muy poca gente se da cuenta de los sentimientos, emociones, frustraciones o necesidades que conlleva ser un referente para todo el mundo, ser persona.

La presión social que exige el perfeccionismo a un jugador, o a cualquier deportista, en este caso a Medrán, se ve normal. Y se ve normal primero porque cada vez la crítica destructiva es más habitual y segundo porque se tiene la perspectiva que con el dinero que tienen, no pueden cometer errores. ¿Alguien se ha preguntado alguna vez que siente un jugador como Álvaro, cuando se le exige y se le critica sin tener en cuenta su momento vital o como afectará esto al estado emocional y psicológico si está pasando un mal momento?

Es cierto que un deportista profesional, trabaja sobre sus emociones, y tiene, o debería tener, un cierto control o conocimiento de gestión emocional, al menos los clubes lo deberían de trabajar. Pero también es cierto que en la sociedad, no se tienen en cuenta la empatía, el saber que puede pasarle a esa persona para que actúe de una forma u otra, solo se juzga y se critica hasta el punto de que un jugador, que siempre es visto como un referente de felicidad, cuando acaba un partido rompa a llorar porque la presión y las exigencias le superan, porque no se siente entendido o porque cree que se le trata de forma injusta con críticas destructivas inmerecidas. La mayoría de personas y también deportistas, tienen miedo o ni siquiera son conscientes de la gestión y expresión emocional que todos necesitamos trabajar, se oculta detrás de las exigencias que volcamos en los demás y del paradigma de tener.

Andrés Iniesta, adorado por todo el mundo, tuvo una depresión, Enke, portero alemán que jugó en el Barça se suicidó. Recientemente en las semifinales de Champions entre Bayern y Real Madrid en el Santiago Bernabéu el portero alemán cometió un terrible fallo que costó la eliminatoria a su equipo y que hundió al portero. Linchamientos mediáticos contra jugadores como Iker Casillas en su día. La mochila que se acumula después de los errores que se cometen en un partido, la presión social hacia los deportistas, la exigencia o las mismas neuro divergencias, que nos pueden pasar a todos algún día, tienen que tener la misma visibilidad que los coches, el dinero o los triunfos del deportista. Y no sólo la visibilización, sino que se le de la importancia y el respeto que tiene en todos los ámbitos a las emocionales y necesidades emocionales que todas las personas tenemos, tengamos la profesión o el dinero que tengamos.

Imagen vía: Superdeporte

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