Análisis Fútbol Sala

¿Debe dimitir Venancio?

Sin caer en gustos personales, desgranamos de la forma más objetiva posible los motivos a favor y en contra. ¿Debe dimitir Venancio después de no conquistar la UEFA Futsal Euro’18 de Eslovenia? Lo analizamos.

A favor de la continuidad

Pese a no transmitir buenas sensaciones, España luchó, literalmente, hasta el último minuto. Se cayó en la prórroga, a falta de cincuenta segundos, merced a un lanzamiento de diez metros que estuvo ejecutado a la perfección por Bruno Coelho y que, por otro lado, viene de una falta innecesaria de Solano a treinta metros de su portería. Un fallo puntual nos privó de la posibilidad de llegar a penaltis, donde sabemos que todo puede suceder.

Sin querer señalar, ningún jugador estuvo a su nivel. Miguelín perdió varios balones en salida de jugada que provocaron, sin ir más lejos, el primer gol de la final. Otros como Álex, recién salido de lesión, tampoco tuvieron el mejor torneo: se marcha sin anotar cuando en el Europeo de 2016 fue máximo goleador con seis tantos. A ellos se une a la escasa aportación de los jugadores más ofensivos del equipo: Rafa Usín y Álex cero goles, Miguelín, Joselito y  Adolfo uno. Poco bagaje para hombres de tanto nivel.

La suerte tampoco acompañó. Una nueva lesión de Sergio Lozano nos privó del Búfalo en las eliminatorias, hubo hasta tres tiros al palo en la final – incluyendo el lanzamiento de diez metros que hubiera sentenciado el título para España – además de un arbitraje cuando menos dudoso, con otras dos faltas no señaladas en la prórroga que podrían haber otorgado ventaja en el marcador quien sabe si insalvable, a tenor del cansancio que mostraban los portugueses.

En contra: ¡Venancio, dimisión!

Sin paliativos. Pese a estar tan cerca del título, nunca fuimos la mejor selección, algo que debíamos esperar viendo nuestra convocatoria y trayectoria internacional. Portugal fue la única selección capaz de ganar los cinco partidos. El resumen de España son dos victorias, dos empates y una derrota. Muy poco argumento para decir que mereció más. España no pasó de un empate a cuatro contra Francia, en un partido inaugural donde las excusas del debut debían pesar a los franceses, no a unos jugadores acostumbrados a jugar por los títulos más importantes. A partir de ahí, los dos 1-0 ante Azerbaiyán o Ucrania fueron ejercicios serios pero en los que no se demostró más superioridad que la imprescindible para avanzar en la competición. Como dato significativo, España nunca se puso dos goles arriba en todo el torneo.

Venancio, con Miguelín y Adolfo detrás, atento al juego
Venancio, con Miguelín y Adolfo detrás, atento al juego (vía uefa.com)

La convocatoria estuvo en entredicho desde el principio. Algunos jugadores llegaron en pleno proceso de recuperación y lo acusaron durante un torneo tan exigente, en el que se deben disputar cinco partidos en apenas diez días. Álex no mostró su verdadero potencial, Lozano recayó de sus problemas… Algo que se venía avisando que podía pasar, como finalmente se ha visto. A eso se le une la ausencia de la Bota de Plata en 2016, un Mario Rivillos sentenciado por motivos extradeportivos. El ala torrejonero no solo aporta gol sino desborde, algo que intentó Venancio con Solano, un pívot reconvertido a ala que hizo lo que pudo en una posición muy ajena a él, por más que en Inter le estén pidiendo algo similar. La ausencia de otros jugadores en gran momento sería quizá más subjetiva, pero visto el resultado se hace patente que las voces que opinaban sobre la falta de especialistas en todas las facetas del juego, y aprovechar mejor ciertos momentos de forma, no estaban desencaminadas.

Se construyó un equipo para defender, con dos de los tres mejores porteros del mundo (según los Futsal Planet Awards otorgados hace un mes), y sin embargo fuimos la selección más goleada del torneo (12 goles, igualando a Azerbaiyán). Eso incluso dejando nuestra puerta dos veces a cero. Cuatro goles de Francia, cinco de Kazajistán y tres de Portugal son muchos para un equipo acostumbrado a terminar las Eurocopas por debajo de los dos goles en contra de media (incluso en 2001 y 2010 se acabó con una media de un gol por partido).

Incluso en una especialidad como la defensa del 5v4 se falló. Tanto Kazajistán en semifinales como Portugal forzaron la prórroga con goles en los instantes finales, atacando de cinco. Aunque no se pueden comparar ni los automatismos ni las plantillas, Movistar Inter pasa por ser el equipo de Europa que mejor defiende el portero jugador. La selección disfrutaba de tres hombres clave en ese sistema: Bebe, Ortiz y Pola, quizá el mejor defensor de esta variante. Si algo falla a nivel de selección y funciona con la misma base a nivel de clubes, parece evidente que el problema no está en los jugadores, sino en la preparación del sistema.

Pola celebrando un gol ante Kazajistán (vía uefa.com)

Tampoco se destacó en el apartado goleador. De tener los tres máximos goleadores (anotaron seis tantos Miguelín, Álex y Rivillos) y acabar anotando 27 tantos en 2016 (con una diferencia final de +16) a terminar con únicamente 13 goles a favor en este torneo (+1 de balance final). Menos de la mitad en los mismos partidos, incluyendo en esos pírricos trece goles dos en propia puerta.

Únicamente las acciones a balón parado nos han permitido llegar hasta la final, lo que habla, cierto es, bien del seleccionador en cuanto a preparación de estas jugadas, pero mal de las pocas variantes propuestas cuando los equipos rivales se encerraban. Decir que el nivel ha subido y los rivales meten a cuatro hombres a defender en 15 metros no es excusa. Para ser el mejor debes estar preparado y proponer algo más. No se buscó el juego de espaldas con los pívot, no se aprovecharon los aclarados ni las paralelas en corto. Ni tan siquiera se recurrió al 1v1 más allá de algunos momentos puntuales de Joselito, quien quizá estuvo infrautilizado visto su excelso momento de forma con el FC Barcelona Lassa. Desde el banquillo no llegaron alternativas para romper esas defensas cerradas.

Por último, algo en lo que hay casi unanimidad entre los analistas, es la desagradable situación con Tolrá. El cierre barcelonés debutó en esta Eurocopa. Un fallo puntual en el primer partido le relegó al banquillo. Venancio le castigó sin jugar el resto del partido. En los dos siguientes partidos tampoco disputó ni un solo minuto. Unido a la baja de Lozano suponían dos jugadores menos para la rotación, lo que cargó de minutos a los otros dos cierres del equipo. Solo la lesión de Bebe (afortunadamente pudo volver más tarde) “obligó” a Venancio a repescar al castigado Tolrá. Casualidades de la vida, el cierre anotó un gol en semifinales y otro en la final, convirtiéndose así en el segundo máximo anotador del torneo para los nuestros, solo detrás de Pola (3). Una bofetada deportiva en la cara del hombre que le señaló y que tiró de él cuando no le quedó otra alternativa.

En definitiva, con una plantilla que supera los 30 años de media y un seleccionador que lleva once años en el cargo, tras el batacazo del Mundial y perder el Europeo con mejores resultados que sensaciones, y abriéndose un plazo de más de dos años para el próximo Mundial y cuatro para el Europeo, parece necesaria una renovación para el próximo periodo. Cuestionado sobre si dimitiría tras la final, Venancio se mostró sorprendido y tras mucho pensarlo, admitió que si era necesario lo haría. Acaba contrato en junio y en el horizonte se abren unas elecciones a la presidencia de la RFEF. Veremos qué pasará.

Imagen destacada vía sport.es

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