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Medvedev se corona ante un depredador competitivo: Minaur

Final histórica la que ha ganado Medvedev hoy en Sidney, en las vísperas del primer Grand Slam del año. Que el tenis actual sigue comandado por los mismos que hace 10 años es una realidad. Que el traspaso de poderes de mayores a jóvenes está tardando más de la cuenta, también.

Sin embargo, hoy se ha producido un hecho que puede servir de inspiración para los que desean ver sabia nueva en nuestro deporte blanco. Alex de Minaur (18 años) y Daniil Medvedev (21) han pasado a la hemeroteca por disputar la final más joven del circuito ATP. Suceden en el primer puesto del podium a dos de los mejores jugadores de la historia. La última final ATP más joven que ésta se dio en el año 2007 en Indian Wells entre el español Rafael Nadal (20 años) y el serbio Novak Djokovic (19 años), como bien indicaba ESPN Tenis en su cuenta de Twitter.

 

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Antes de hacer una mención especial a Minaur, ya que pienso que se lo merece, hay que hablar de dicha final, la cual no ha sido capaz de ganar. Enfrente había un gigante, nunca mejor dicho (198 centímetros). El partido comenzó con una superioridad absoluta del jugador local que, entre la confianza que venía arrastrando fruto de sus grandes resultados y el calor de su público, se hizo con el primer set en apenas 31 minutos. Media horita. Minaur, pasando y pasando bolas, haciéndole jugar una y otra vez al ruso, lo desesperó. A pesar de tener un pobre 55% de puntos ganados con el primer servicio, los errores no forzados de su rival y su buen hacer de fondo de pista, fueron suficientes. Sin embargo, su servicio y su estilo poco camaleónico para poder modificar su forma de jugar cuando el rival le provoca, le acabó condenando.

En el segundo set cambió la película. El jugador de Moscú, entrenado por Gilles Cervara y Jean-Rene Lisnard, reaccionó a tiempo. Se dio cuenta, que jugando a base de cañonazos sin sentido, podría levantar a los espectadores de los asientos alguna vez, pero que así no se gana a estos niveles. Empezó a imitar el juego de su rival, a aguantar, a jugar bolas con margen por encima de la red, a no buscar borrar las líneas, a jugar siempre una bola más. Así, ayudado por un gran servicio, con el cual no tuvo que salvar ni una sola bola de ‘break’, se llevó el segundo set con una única rotura a su rival. 41 minutos le bastaron para igualar la contienda y provocar dudas, por primera vez, en la cabeza del joven pupilo de Hewitt.

El tercer y definitivo set parecía tener los colores rojo, azul y blanco de la bandera rusa. La mejoría de Daniil se convirtió en un vendaval incontrolable para el bueno de Alex. 4-0 indicaba el marcador. Sin embargo, tenía enfrente a un depredador competitivo. Los jóvenes valores suelen destacar por muchas cosas, pero pocos destacan en las mismas facetas que el actual 167 del mundo. La lucha, la entrega, el coraje, el no dar por perdida una bola, el plantar batalla independientemente del resultado, la educación, la garra. Podría seguir así un buen rato, pero creo que ya me habéis entendido. Con un solo levantamiento de puños para celebrar un 15-0 con 4-0 en contra, levantó a la grada y les dijo: ”No os durmáis, esto no ha acabado, vamos a luchar juntos hasta el final”. Obviamente, eso no salió de su boca. Salió de la expresión de rabia contenida en su cara de niño. Tenía dos ‘breaks’ en contra, que redujo a uno para colocarse 5-3. Aún así, igualó el marcador a 5 para delirio de los ”aussies’. A pesar de esta hazaña digna de contar, Medvedev no se vino abajo y volvió a sacar su tenis más práctico para cerrar el set y la final por 7-5.

 

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Se ha tratado de un final de vértigo donde más del 50% de los puntos superaron los 10 golpes. Dato que se produjo, sobre todo, tras el primer set, ya que Daniil se dio cuenta de que es la única manera de ganar a su rival de hoy. La ilusión de un tenista que levanta por primera vez un trofeo. Medvedev coronó el Sidney International para estrenar su palmarés individual en el ATP World Tour. Se firmó un hecho que bien pudo no ocurrir, ya que la idea primaria del ruso era competir en el ASB Classic. “Quería ir a Auckland porque mi novia tenía un visado para Nueva Zelanda, pero nadie se dio de baja del torneo. Luego hubo cuatro ausencias pero ya no podía ir. Tuve que superar esta fase previa y al final he ganado el torneo. Ha sido extraordinario”, reconoció Daniil a ATP, que dedicó el título en la distancia a su pareja. De la fase previa, a estar escribiendo aquí de él como el gran campeón.

2018.

A sus 18 años, Álex se ha convertido en el más joven en enlazar dos semifinales ATP World Tour consecutivas (Brisbane y Sídney) desde que el gran Rafael Nadal lo hiciera en 2005 en el ATP Masters 1000 de Montecarlo y el Barcelona Open Banc Sabadell. No es lo mismo, hay que salvar las distancias y no realizar comparaciones odiosas, pero siguen siendo torneos ATP.

Además, De Miñaur está completando el mejor inicio de temporada de su carrera con un récord de partidos de 7-1 con victorias frente a jugadores que han ocupado el Top 10 Fernando Verdasco o el Top 3 como Milos Raonic, así como otros nombres consolidados en el circuito como Feliciano López, Steve Johnson o Benoit Paire. Palabras mayores. Ya no hay miedo.

Minaur debutará en el Australia Open ante Tomas Berdych, actual número 20 del mundo, tras recibir una invitación por parte de la federación que sí lo apoya. El año pasado, precisamente en Australia, ganó su primer partido individual de Grand Slams, al remontar y vencer en 5 sets a Gerarld Melzer.

Estilo de juego.

Bajo mi humilde punto de vista, sólo puedo ponerle un pero. La escasa capacidad de variar su estilo de juego cuando el partido se le complica o el rival se lo propone. Demuestra en cada golpe el estilo de garra, perseverancia y coraje de la escuela de española, pero los Nadal o Ferrer son únicos y, a veces, se necesita algo más. Me recuerda a Rafa por su saber estar en la pista (cuando aplaudió una jugada de Mmoh) y por su fortaleza mental, pero, recuerdo, Nadal sólo hay uno.

En lo que respecta a su juego de fondo, es completo, no falla, no se cansa. En lo que respecta a su cabeza, es impecable, tiene una educación deportiva impropia de su edad. En lo que respecta a los restos, es inhumano, resta misiles al fondo de pista como si fuera un frontón. Sin embargo, debido a ese físico escueto, le falta un plus aún en el servicio. No sirve a velocidades cercanas a los tops mundiales, no gana apenas puntos gratis y, por lo tanto, tiene que trabajar y trabajar todos los puntos. También le falta ese cañón necesario en momentos puntuales, esos golpes ganadores que rompen el ritmo del contrincante y que da puntos rápidos. Lo bueno, que a pesar de todo esto, mírenle. Lo bueno, la edad. Lo bueno, el tiempo que le queda. Un mundo. Horas y horas de machaque hasta llegar a su madurez física. Cuando la alcance, cuidado. Más aún.

 

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Alicante, Valencia… ¿no lo veíais?

De madre española y padre uruguayo. Álex nació en Sidney. A sus cinco años la familia se mudó a España, se afincó en Alicante y dio sus primeros raquetazos en el Club Atlético Montemar con Mariano Martínez, quien fuera técnico de Carlos Boluda. Allí comenzó a competir y pronto se convirtió en el número uno Sub’10 de España. Sin embargo, y debido a la falta de recursos económicos, la familia tomó la decisión de regresar a Las Antípodas tras no encontrar recursos económicos suficientes. La madre de Álex De Miñaur pidió una ayuda económica para que su hijo pudiese continuar su carrera como jugador de tenis. Ni la Federación Española ni la Valenciana le hicieron el más mínimo caso. La respuesta fue el silencio. Oídos sordos. La armada dejó escapar una joya y ese silencio ahora debe reventar los oídos de más de uno. No entiendo quién capta los jóvenes talentos en la costa del mediterráneo, pero la incompetencia es indefendible.

 

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Al son de levantar el puño gritando el tradicional ”come on”, como su ‘míster’ Lleyton Hewitt, están consiguiendo algo impensable. Teniendo a Lleyton de mentor, que tuvo unos inicios similares, con un estilo de juego y una precocidad casi a la par, pueden llegar donde se propongan. El ídolo de Australia con su promesa más brillante, un tándem perfecto.

De ver a un mico en los ‘Marca’ de Sevilla o Valencia en persona, a ponerme la alarma para ver a un figura desde el sofá de mi casa. La proyección que apuntaba ha seguido su curso natural.

Australia, no hagáis como España, seguid así, seguid confiando en los jóvenes valores, que son el futuro. Si no, os pasará como a nosotros, que os arrepentiréis. Arrepentirse de algo está bien si no lo vuelves a hacer, pero en algunos casos como éste, ya no hay marcha atrás. Nunca hay que quedarse con el ”y si”. Quizás Álex estaría celebrando los puntos con un ”vamos” y no con un ”come on”. ¿Y si lo hubiéramos intentado?… Los huesos se sueldan, el arrepentimiento perdura para siempre.

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