Psicología Deportiva

Formación y rendimiento, ¿incompatibles?

En los últimos años, en el mundo del deporte, se hace patente la controversia sobre el dualismo entre la formación y el rendimiento de los deportistas. Una parcela de reflexión donde todos los actores protagonistas (deportista, entrenadores, federaciones…) tienen un papel importantísimo.

Análisis de los conceptos de formación y rendimiento
El concepto de formación proviene del latín, exactamente de la palabra forma (figura, imagen). Al añadirle sufijo latino –ción (acción) se obtiene la palabra formación. Su acepción por tanto, se refiere a la acción y efecto de dar forma. En definitiva, la formación en el deporte se considera, como el conjunto de acciones que se realizan sobre el deportista, mediante el proceso educativo enseñanza-aprendizaje, con el fin que éste pueda practicar el deporte de la forma más óptima posible.
Por otro lado, el rendimiento, según la Real Academia Española se refiere a: “Producto o utilidad que rinde o da alguien o algo”. Contextualizado con el deporte, se refiere al producto o resultado que ofrece un deportista cuando desarrolla la práctica deportiva.
Por consiguiente, tenemos por un lado, que el objetivo principal de la formación es la de desarrollar al deportista; mientas que el rendimiento focaliza su visión en el resultado final que ofrece. Por tanto, ¿se da la disyuntiva formación o rendimiento? O por el contrario, ¿existe una conjunción formación y rendimiento, donde las dos coexisten y no están contrapuestas?.

Sistemas deportivos ¿ambiguos? ¿Incoherentes?
La coyuntura actual deportiva hace indicar que la misión real consiste preferentemente en centrar el esfuerzo deportivo en la formación de los deportistas antes que el rendimiento. De hecho, la frase estrella de esta idea es: “lo importante es participar”. Pero, ¿es esto real?, ¿es lo más acertado?
La realidad refleja que todas las especialidades deportivas independientemente de su índole, categorizan, clasifican, dividen a los deportistas dependiendo su rendimiento. Por ejemplo: en fútbol base, la etapa infantil se divide en las siguientes categorías: autonómico, regional preferente, 1ª regional y 2ª regional. Estas categorías citadas están ordenadas desde la que ofrece mayor nivel competitivo hasta la de menor nivel de exigencia. A su vez, estas categorías disponen de una clasificación de equipos dependiendo del rendimiento que ofrezca éste en la competición. Pero esto no es todo, también tienen su normativa de ascensos y descensos dependiendo del lugar en la tabla de clasificación al final de cada temporada.
Hay niñas/os, jóvenes y adultos deportistas que ganan pierden o empatan, que se clasifican según resultados, que ascienden o descienden según rendimientos… entonces, ¿la formación está valorada? O por el contrario, ¿es más transcendental centrar el esfuerzo en el rendimiento? ¿Se practica deporte para superar a los rivales y compañeros?, o ¿el objetivo es superar obstáculos personales para satisfacerse a sí mismo?
Todas estas cuestiones pueden dar mucho que pensar, puesto que si se fomenta el clima competitivo y se hace hincapié solo y exclusivamente en ganar, en el resultado, se está potenciando la rivalidad, el deseo de ser mejor que el otro. Una idea que las entidades deportivas no la consideran como la más adecuada a nivel socioeducativo, sobretodo en el deporte base.
Por otro lado, si se potencia simplemente el aspecto formativo con el interés de orientar hacia las metas de auto-superación, a la búsqueda de la satisfacción personal de uno mismo, huyendo de la meta única del éxito deportivo, se reniega el aspecto competitivo, algo intrínseco dentro del mundo del deporte.
¿Se puede imaginar un escenario cohesionado formación y rendimiento?

Formación y rendimiento
Hasta ahora, la confrontación de argumentos y hechos, nos ha ofrecido una atmósfera anfibológica. Situaciones contrapuestas donde no parece existir un lazo de unión entre estos dos conceptos. No obstante, la formación del deportista, aunque no tenga como objetivo final obtener resultados, cierto es, que mejora su desarrollo. Si es así, a la vez está mejorando de forma complementaria su rendimiento deportivo, obteniendo un producto mejor gracias a la formación. Independientemente si se centra la idea solo en el desarrollo o en el producto, la formación puede contribuir a la consecución de mejores resultados.
En el deporte, las perspectivas de formación y competición por sí solas parecen mostrar una visión opuesta de intereses dispares. Sin embargo, una educación deportiva adecuada puede cohesionarlas, unirlas, obtener aspectos positivos unas de otras, con el objetivo final de mejorar las personas, el deporte, las sociedades, el mundo. La educación se puede considerar, como una posible herramienta que equilibra y proyecta las dos hacia una meta conjunta más potente que cualquiera de ellas de forma independiente.
Si se formara para competir desde el respeto hacia los demás, trabajando la autoestima y el autorespeto y queriendo obtener resultados bajo la honestidad y la deportividad y el juego limpio ¿se estarían combinando ambas perspectivas?
¿Puede realmente la educación ejercer ese poder?

Educación y valores en el mundo deportivo
La aplicación de valores en el deporte por medio de la educación es una actuación amplia y compleja. Un hecho que requiere la implicación de toda la comunidad deportiva.
Cuando se habla de educar en valores, se refiere a guiar a los deportistas dentro de la moralidad, respetando los valores considerados inviolables por todas las sociedades, y aplicándolos al deporte. Con el objetivo, de que la búsqueda de resultados no atente a la formación, ni ésta viole la competitividad, si no que su combinación ensalce el deporte.
El fomento de valores puede crear un lazo de unión entre la formación y el rendimiento.
Frost y Sims (1974) realizaron una recopilación de valores que pueden ser aplicados para la práctica deportiva. Estos fueron algunos de los valores clasificados:
A. dimensión general: autosacrificio, respeto a los demás, juego limpio, comportamiento ético…
B. dimensión psicosocial: respeto a los adversarios, autorealización, liderazgo y responsabilidad, amistad, empatía, cooperación…
C. deporte recreativo y al aire libre: logro personal, reconocimiento personal, intereses vocacionales…
Mediante los valores, Cabría la posibilidad de educar deportista que busquen tener resultados sin tener una visión darwinista “sobrevivencia del más fuerte”, si no, con la idea de la autosuperación personal, respeto al rival, queriendo competir con comportamiento ético, atendiendo a la necesidades de compañeros y rivales.
¿Realidad? ¿Utopía?

Formación y rendimiento ¿incompatibles?, ¿Qué opinas tú?

Imagen: (http://www.aytojaen.es/portal/RecursosWeb/IMAGENES/1/0_764_1.gif)

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6 Responses

  1. Para nada incompatibles sino todo lo contrario, en el mundo deportivo deberían de coexistir ambos, formación y rendimiento, para la búsqueda de buen deportista. Muy buen artículo, desmenuzando cada concepto y haciéndote reflexionar en cada pregunta que DAVID PONCE MORENO nos plantea. Sobre todo me quedo con la conclusion del artículo, la formación y educación de los deportistas mediante valores. Un saludo

  2. Un articulo que promueve la reflexión del lector y no deja indiferente.
    Te sigo en twitter.

    Enhorabuena.

    Un saludo.

  3. Muy de acuerdo y gran artículo. Grandee David!!

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