ATP Crónicas Tenis

Raonic desafía a la historia y accede a su primera final

El tenista de 25 años Milos Raonic, entrenado por Carlos Moyá y ayudado por John McEnroe, ha derrotado al suizo Roger Federer por 3-6 7-6(3) 6-4 5-7 2-6 para adentrarse en su primera final de un Major en su carrera.

Milos saltaba a la Pista Central del mayor torneo en la historia del tenis con un inmenso afán de ser laureado por la grada. Un tenista que no había saboreado la gloria en su carrera estaba ante la posibilidad de plantarse en su primera final de Grand Slam ante el rey de Wimbledon. Nada más y nada menos que el gran, el enorme, el incontestable Roger Federer se plantaba ante su personalidad con décadas de experiencia y 17 espejismos de gloria inolvidables a sus espaldas.

Sin embargo, todo ello simplemente era un cartel de presentación, un anuncio para vender un partido muy por encima de las expectativas iniciales. Y es que, si se creía que no iba a existir una lucha sin precedentes, se estaba cometiendo un grave error.

Raonic supo que tenía que darlo todo, tenía que dejar una huella en aquellas pistas en las que ya había enseñado su potencial durante la pasada semana. Promediando servicios de 124 millas por hora (200  Km/h aproximadamente), comenzó a dejar atrás a una leyenda del circuito. Federer no se llegó a encontrar, siendo su rival todo un vendaval que no cesaba de plantearle situaciones excesivamente complicadas de remediar.

Tanto fue el cántaro a la fuente que al final terminó por romperse… Y, en efecto, en el 1-2, cayó la quiebra más importante de la reciente historia del canadiense. Esta lo colocaba con una ventaja muy importante que lo convertía en candidato a llevarse el primer set a simple vista. Fue entonces cuando pareció ir despertando aquel suizo que los dioses regalaron al mundo para que enseñase su calidad. Despertó, sí, pero tan solo para salvar un simple punto de break que terminó por efectuarse en la siguiente bola. Tal que así, Milos se colocaba 1-0 en sets.

Preciosa lucía una Londres cargada de ilusiones tenísticas de primer nivel. El All England Club ostentaba una hermosa disposición que mezclaba la historia actual con la pasada. Edberg y Börg presenciaban el juego con cierta pasividad, creyendo que, tal vez, era necesario donar un poco de vida a este encuentro con ciertas subidas a la red.

Casi como si ese mensaje hubiese llegado, Raonic comenzó a aumentar su ritmo para no bajarlo en ningún momento. La igualada se paseó por el segundo parcial hasta que el de Basilea encontró su punto fuerte. En el 5-4 se puso el mono de trabajo y mostró a la Central Court que todavía quedaba en su interior mucho por enseñar. Se colocó 0-40 al resto, coincidiendo este mismo instante con uno de lucidez de su rival, quien salvó hasta tres bolas de 6-4 para alargar la manga hasta la muerte súbita. Era esta la clave del choque. El que se llevase aquel Tie-Break iba a marcar las pautas.

La profesionalidad de un tenista de élite se va adquiriendo con forme pasan los años, y tantos en la cima del mundo no podían quedar desperdiciados. Roger dio una lección de saque y resto y se apuntó, por 7-3, la igualada a 1 en sets. Ahora empezaba una competición nueva, al mejor de tres sets, aunque con más de una hora de carga tenística en las piernas de ambos.

Tal fue la dificultad del pasado parcial que los dos corrieron a vestuarios a cambiarse de indumentaria. Federer, tirando de experiencia, llegó puntual a pista, mientras que Milos olvidó dónde se encontraba y acabó retrasándose, no cinco minutos, sino una manga casi al completo.

El ‘Maestro’ vio como el juego, tremendamente igualado y sin desequilibrio alguno en los servicios de cada uno, se iba apagando por momentos. El canadiense comenzó a bajar los brazos poco a poco, aprovechando dicha circunstancia su contrincante para marcar un antes y un después en el momento más decisivo. El 3-3 decidió el tercero. Salvó una bola de rotura, pero no pudo aguantar la siguiente. Ahora sí, Roger tomaba la ventaja, una que, según recogían las estadísticas, solo había sido arrebatada en una sola ocasión (nunca había perdido un enfrentamiento en Wimbledon desde 1999, ante el checo Jiri Novák, cuando se había colocado 2-1 arriba).

De esta forma se llegó al ‘definitivo’ cuarto, en el que no hubo diferencia con respecto a los anteriores, aunque la fluidez del bombardero americano empezaba a verse afectada por el cansancio y por los peloteos más largos. Desde la primera bola había buscado puntos rápidos, puntos que no requiriesen tocar la bola en exceso, por desgracia los errores con su derecha empezaban a hacer mella en su juego. Los saques eran cada vez más lentos. Gran cantidad de 30 iguales reinaban en el marcador cuando el gigante decidía poner la bola en pista, viéndose obligado a salvar con la soga al cuello sus turnos de servicio (hasta tres posibles quiebras tuvo que remediar).

Fue entonces en el cinco iguales cuando el cara a cara pudo verse resumido en pocos minutos. Llegó a estar 0-30 al resto el europeo, no sirviendo para nada esta distancia que Raonic dejó en el olvido para colocarse en el 5-6 con dos set points inimaginables surgidos de dos dobles faltas consecutivas de Roger. Con gran personalidad, salvó las dos, una con un error no forzado de su contrincante, y la otra con una volea de libro. Sin embargo, muy probablemente sin merecerlo tanto como anteriormente, el peleador sacó el 5-7 e igualó, de nuevo, el envite tras un precioso paralelo.

Finalmente, en la manga crucial, la historia fue caprichosa. El chico más joven de la pista volvió a las andadas del principio de la cita, forzando la maquinaria al máximo y sacando el mayor jugo posible a la hora de colocarse al resto. Tal fue la exigencia que, a causa de un fallo en su rodilla, el más veterano se desmoronó y cayó al suelo de forma espontánea. Era un constante tira y afloja mutuo, un intercambio que sería recordado durante los próximos años.

Federer, acalambrado, empezó a dar síntomas de no poder más. Su cuerpo no rendía lo suficiente, ni podría ya hacerlo. Debido a ello, sin remedio posible, Raonic levantó a la central con un passing cruzado en forma de break. Ahora, con el 1-3 a favor las cosas parecieron ponerse de su lado. El dominio de fondo era otorgado a su personalidad, así como en el servicio, un plano en el que se mostraba intratable. Llegó a optar hasta de tres oportunidades de 5-1 ante un rival que cabalgaba a tientas por una hierba convertida en tierra.

Por contra, no fue hasta el 5-3 cuando el capítulo se terminó. Con un saque en blanco, el chico canadiense dio un vuelco a la historia del deporte. El señor de la Centra, el mago que había hecho vibrar a los espectadores años atrás se marchaba sin su mayor recompensa, la de colocarse de nuevo en otra final del campeonato más importante en el mundo del tenis, la de colocarse en otro momento crucial de una carrera que, muy probablemente estaba llegando a su ocaso.

Imagenwww.telegraph.co.uk

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