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Djokovic y sus cortocircuitos, vuelan juntos hacia la eternidad

Novak Djokovic es campeón, de nuevo, del Open de Australia. El nuevo número 1 del mundo se ha proclamado campeón en Melbourne por octava vez, tras ganar las ocho finales que ha disputado, en una exhibición de supervivencia, más que tenística.

El mundo del tenis sabe que cada día es más posible que el serbio bata todo los récords posibles y deje unas marcas imposibles de superar. Aún así, el de Belgrado pasó muchísimos apuros en el segundo y tercer set ante un colosal Dominic Thiem que ha bordado el tenis, pero acabó sobreviviendo (6-4 4-6 2-6 6-3 6-4) y sumando una nueva muestra de su infinita capacidad de ganar cuando todo está perdido.

El problema de que Rafa haya ganado 12 veces Roland Garros, es que hemos normalizado algo que no ha hecho ninguna otra persona en la historia, es flipante. Sin embargo, Nole acaba de hacerlo ocho veces en el Open de Australia y hay que recalcarlo. Además, es el primero en la era profesional en ganar el mismo torneo de Grand Slam en tres décadas diferentes. Solo él y Ken Rosewall lo han logrado, por ahora.

La final empezó con un Djokovic intratable como en todo el torneo, dominando el juego sobre la derecha de su rival ya que, por cierto, tiene el tiene el mejor revés paralelo que he presenciado, es increíble como lo esconde hasta el último momento, incluso yéndose hacia atrás. Cargando aquella zona del juego del austriaco, Novak llegó a ponerse 3-0 de arranque. Comenzó sublime, con un planteamiento táctico de diez y supo controlar ese ritmo de juego endiablado al que te somete el número cuatro del mundo. Sin embargo, el partido avanzaba y Dominic seguía manteniendo esa intensidad y agresividad que le ha caracterizado en todo el torneo, sin bajar los brazos ni un sólo punto y esto solo tiene una explicación: trabajo diario y pasión. Me recuerda a un chico de Manacor.

Después de ceder el primer set con doble falta, Thiem tomó el mando en el segundo, gracias a una rotura en el cuarto juego. Reaccionó Nole e igualó a cuatro, pero a continuación el austriaco volvió a romper para situarse 5-4. En este juego, el serbio recibió un ‘warning’ por excederse en el tiempo del primer saque y al siguiente punto fue penalizado con la obligación de sacar directamente con segundo. Posteriormente, set iguales. «Gran trabajo, ya eres famoso», dijo Djokovic con ironía al juez de silla al concluir ese noveno juego, después de tocarle en tres ocasiones con la mano en un pie.

Djokovic perdió su patrón de juego, ese que le hacía ser un muro indestructible. Previsible en la construcción del punto. Sin embargo, aunque le den estos cortocircuitos en su cabeza, siempre le quedarán los chispazos propios de la calidad que atesora con su raqueta. Nunca hay que darle por muerto, porque no es la primera vez que le vemos con esa actitud apática e, incluso, chulesca. El gran problema, es que hoy tenía que lidiar consigo mismo y con un rival que estaba demostrando un nivel superlativo. Por lo tanto, lo único que podía salvarle era que al austriaco le entrase el famoso miedo a ganar o que se activase mentalmente y de piernas.

Otra faceta a recalcar y muy importante para la remontada del austriaco, es que hubo un momento que se prolongó en el tiempo, en el que parecía que estábamos descubriendo a un sacador nato. A la hora de servir, la final parecía que la estaba jugando el mismísimo Raonic. Mientras Djokovic sufría de lo lindo para sacar adelante sus servicios, Thiem ni se inmutaba, tenía loco al serbio con su variaciones entre el saque abierto y la «T».

No sé vosotros, pero a mí el desenlace ocurrido no me sorprende para nada, esta película yo ya la he visto. Djokovic parece que no está pero, de repente, te gana otro grand slam. Cabizbajo, enfrentado al árbitro y sin mirar a su box buscando ánimos o soluciones. Incluso yéndose al vestuario en un momento crítico para él. Todo esto provoca en el rival una situación de rareza y anomalía que hace no estar tan tenso ni metido en el partido. Obviamente, Dominic debería saber lidiar con esto y hacer caso omiso a cualquier gesto o acto de su rival, porque si entra en ese juego del serbio, ahí también es invencible.

En el cuarto set, que parecía el definitivo, Djokovic estuvo a las puertas de perder su primera final en Australia. Salvó una bola de ‘break’ a principios de la manga, que era prácticamente irremediable, para acabar rompiendo el saque de su rival como hacen los grandes, en el momento clave. Que este set haya acabado 6-3 para el de Belgrado, te hace ver la dimensión de este jugador, porque en la pista no ha demostrado tal superioridad, ni por asomo.

Hay tenistas que han estado a punto de destronar al ‘big 3’, en momentos puntuales, aunque pocos tan cerca como lo ha estado hoy Thiem. Sin embargo, cada día que pasa, a pesar de que su edad no pare de avanzar, se demuestra que es completamente imposible. La superioridad mental y emocional que tienen en comparación con la nueva generación es brutal. Los chicos no pueden con los grandes. Los últimos trece ganadores de Grand Slam:

Federer-Nadal-Federer-Nadal-Federer-Nadal-Djokovic-Djokovic-Djokovic-Djokovic-Nadal-Djokovic-Nadal-Djokovic.

 

Una lucha bestial por ser eternos.

La pelea por la historia está más abierta que nunca y nadie que entienda mínimamente de esto puede pensar otra cosa que no sea que Djokovic acabará en lo más alto. Títulos de Grand Slam:

20: Federer

19: Nadal

17: Djokovic

Este triunfo trae secuelas muy dolorosas para los españoles y para los simpatizantes con Nadal. Además de tener a Djokovic a tan sólo 2 Grand Slams, le ha arrebatado a Rafael el número 1 del mundo, a partir de mañana.

Al no acabar la machada hoy Thiem, no hay ningún tenista masculino nacido en 1989 o después que haya ganado un Grand Slam. El dato es absolutamente escalofriante ¿Cuántas generaciones han destrozado y siguen destrozando Nadal, Federer y Djokovic?

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