Opinión Patinaje Artístico

Poniendo la vista atrás – Milán 2018

Ya ha pasado prácticamente un año y a las puertas de un nuevo campeonato del mundo de patinaje sobre hielo, he empezado a recordar lo que fue para mi Milán.

Mi primer mundial, mi primera competición acreditada como “prensa escrita”: sueños cumplidos.

Pongámonos en antecedentes

En julio de 2017, tras un día duro en el trabajo, llegué a casa y me lancé al ordenador y compré una entrada “all event” (cara donde las haya) para el mundial que se celebraría en marzo de 2018 en Milán. Un asiento bastante bueno (no el de los mejores), con opción de ver todo el campeonato y todos los entrenamientos. Así que, a pesar del mal día, acababa de cumplir un sueño: asistiría a un campeonato mundial de patinaje sobre hielo.

Un par de semanas antes del campeonato

Tres “escritoras” de este blog, decidimos probar suerte en el mundo de las acreditaciones. Las tres íbamos a asistir al campeonato y pensamos que podríamos tener la oportunidad de vivir la experiencia desde dentro. Por desgracia, al solicitar las acreditaciones nos dijeron que no nos podrían acreditar a las tres. Mientras decidíamos quién iría, la misma “ISU” decidió por nosotras. Envió un correo escogiendo quién sería la afortunada. Y, en esta ocasión, la afortunada fui yo.

Felicidad, desconcierto, alegría, nervios…

Podría escribir montones de adjetivos calificativos de mi estado emocional en aquellos momentos y no acabarían de describir lo que de verdad sentía.

Se me planteó la duda existencial de qué hacer con mis entradas caras. Al final me decanté por quedármelas y disfrutar de mi asiento comprado (era mucho mejor que el asignado a la prensa). Además, el asiento estaba junto con otra compañera de viaje, así que, aunque fuese a ratos, podría comentar “las jugadas” con alguien más que conmigo misma y la aficionada japonesa con la que compartí toda la competición.

Utilicé mi acreditación para todo lo demás: entrar al recinto sin hacer colas, ver los sorteos para indicar el orden de participación de los patinadores, asistir a las ruedas de prensa, tener acceso a los comunicados oficiales y, por qué no decirlo, acceso a comida y bebida gratis.

Llegaba a la pista entre las 9 y las 10 de la mañana y no me marchaba hasta las 11 de la noche o incluso más tarde. En más de una ocasión acabé cogiendo el último metro, junto a otros locos que, como yo, se quedaban hasta última hora. Compartíamos sonrisas y miradas cómplices en ese vagón a altas horas de la noche. Apenas un “hello”, “I’m very very tired” o “see you tomorrow” conseguíamos articular tras un día lleno de emociones.

Mi acreditación

Mi primer contacto fue un tanto curioso. Me apellido “Cañadas” y fue una mini aventura ver escrito bien mi nombre en la acreditación. Casualidades de la vida, conocía a una de las voluntarias que se encarga de entregar las acreditaciones, así que ese problema se solucionó con cierta facilidad. Mientras esperaba que me la entregasen, me “reencontré” con una conocida: una italiana, amiga de una amiga, que estaba esperando su acreditación como fotógrafa. Nos hicimos “prácticamente inseparables” durante las mañanas y noches del campeonato.

Millones de gracias por la ayuda

Cuando el lunes nos entregaron toda la información del evento, nos dimos cuenta de algunos “errores” en la revista que se vendía del campeonato. En uno de esos momentos de “vamos a comentarlo con la organización”, la fotógrafa italiana y una servidora nos dirigimos a una de las voluntarias que hablaba italiano y español (nunca le estaré lo suficientemente agradecida por toda la ayuda que nos brindó) para indicarle los fallos de imprenta. Desde ese mismo momento, cada vez que teníamos algún problema o necesitábamos algún tipo de ayuda, la buscábamos y nos ayudó en todo momento.

El “jefe de la zona” fue otro aliado. Ese mismo lunes, gracias a él, pudimos saber toda lo necesario de la competición: cómo utilizar los autobuses, cómo conseguir los tickets del metro, dónde nos podíamos colocar, cuándo se hacía el “sorteo” para la colocación de los fotógrafos, los horarios de las ruedas de prensa, etc. Fue una gran ayuda, sin lugar a dudas.

De la misma manera, un miembro de la prensa española que suele asistir a las competiciones de patinaje, también nos ayudó en alguna que otra ocasión.

Un par de días más tarde llegó un amigo fotógrafo español, con el que también compartí momentos «en la comida» y en el pabellón.

No puedo quejarme, recibí ayuda de todo el mundo, conocido o no, y eso hizo que la experiencia fuese mucho mejor de lo que hubiera esperado.

A pesar de mi inglés, gracias a mi francés y al «chapurreo» en italiano, me defendí bastante bien.

¿Qué más puedo contar?

Los patinadores son gente con mucha más paciencia de la que nos imaginamos. Antes de los “sorteos”, los allí presentes aprovechábamos la ocasión para hacerles alguna que otra fotografía en grupo o individual, a las que posaban con una amplia sonrisa. No me atreví a hacer ninguna “entrevista” directa a ninguno de ellos, pero tomé notas de las preguntas que les hicieron durante las ruedas de prensa. Y siempre que tuve ocasión les felicité por el gran trabajo realizado y les pedí alguna foto para publicar en este blog.

 

Tuve la oportunidad de ver de muy “cerca” las medallas entregadas e incluso tocarlas (algo impensable para la mayoría de los aficionados a este deporte).

Y, lo que más me sorprendió, fue el sistema de sorteo. Nunca me había planteado cómo lo hacían. Al menos, en este campeonato, el sorteo se realizaba de forma muy sencilla y totalmente manual. Una bolsa de tela en la que introducían unas bolas con unos números. Dependiendo de la posición en el ranking o como hubiese ido el programa corto, los patinadores introducían la mano en la susodicha bolsa y sacaban una bola que indica el orden de salida. El/a «afortunado/a» que sacaba la bola 1 recibía una fuerte «ovación» (muy irónica, por supuesto) por parte del resto de patinadores. Nadie quiere ser el primero en saltar a la pista.

¿Puedo hacerme una foto con vosotros?

Cuando ya prácticamente se había marchado todo el mundo y solo quedábamos cuatro gatos, algunos voluntarios que se habían hecho amigos míos me pidieron, muy amablemente, si podía hacerles algunas fotos con los patinadores que todavía quedaban por allí. No dudé en hacerlas. Soy aficionada a este mundo y sé la ilusión que hacer tener una foto con uno de tus ídolos.

Y yo, aunque sé que no suele o debe hacerse, aproveché también mi «momento» para acercarme a los patinadores, felicitarles por la medalla conseguida y tener 2 o 3 palabras con ellos. Al verme hablar con ellos, los «voluntarios» se ofrecieron a hacerme la foto a mi y no dudé, tras pedir permiso a los propios patinadores, en hacérmelas.

¿Algo más?

Como ya he comentado, no fui sola a esta competición. Así que aquellos días en los que «podía marcharme antes», por ejemplo los días de entrenamiento, o cuando había varias horas libres entre competición y competición, los pasaba con otro/as aficionado/as de este gran deporte. Así que ha sido un viaje de «campeonato» muy diferente a los que suele asistir.

Cuando duermo poco, y dormí muy poco esos días, me vuelvo una persona menos sociable y paciente. De nuevo, millones de gracias a todos los que estuvieron conmigo (y me aguantaron) durante los 7 días que estuve en Milán. Seguro que nos volveremos a ver pronto en el hielo…

Fuente: fotos @Susiewj

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