Opinión

Bendita locura

Soy un valiente. Algunos preferirán llamarlo sadismo. Yo sigo sosteniendo que soy tan fuerte como otras 24.000 personas. 24.000 gargantas que sufren cada semana, domingo tras domingo. Quizás lunes tras lunes.

Ser así no es fácil. No muchos nos entienden. Me explico.

“Con lo fácil que es ser del Madrid o del Barcelona, que son los que lo ganan casi siempre”, dice mi tío cada vez que nos toca una comida familiar. No falla. Sobredosis de hipocresía. Es fácil apostar al que sabes que va a ganar. Sin embargo, apostar por mi equipo es como hacerlo por el caballo que corre por la calle 13. El riesgo excita, quizás ahí está la magia.

Vivo en una ciudad preciosa, con un ambiente espectacular y en la que llevo residiendo más de 8 años. Mi segunda casa. La primera de mis padres. Que encanto tiene Málaga! Por algo la llaman Málaga la Bella. Así, con mayúscula. Y no les falta razón. Y qué bonito es ser malaguista.

No estoy de coña…Lo digo en serio, eh.

Qué paradoja de la vida. 4 puntos de 27 posibles y ser penúltimos no es nada agradable. Y yo, con mi osadía, me atrevo a decir que es bonito. Si es que voy pidiendo guerra…

Recuerdo la primera vez que pisé el templo blanquiazul, La Rosaleda. 2011. Era una noche de invierno y hacía un frío más propio de Lugo que de Málaga. El rival fue nuestro enemigo acérrimo. El Sevilla Fútbol Club. 0-3 y pa´casa. Desde ese momento supe que ser malaguista no iba a ser fácil. Pero seamos sinceros, ¿a quién le gusta lo fácil?

Ningún aficionado de un denominado equipo “grande” sabrá nunca la alegría desorbitada que da eludir un descenso. Estoy seguro que ,como yo, las 24.000 gargantas que me acompañan gritaron mucho más alto y con más rabia el 0-1 de Sandro Ramírez al Sporting la temporada pasada en Liga, que , por ejemplo, el gol de Salomón Rondón frente al Sporting que nos clasificaba a la Champions League.

Es duro ver cómo nos tratan las instituciones deportivas y los colegiados o abogados que la representan. No tenemos el presupuesto de un equipo grande, ni mucho menos la plantilla. Pero somos un equipo ENORME. Porque cuando estamos en la mierda es cuando los malaguistas salimos a la calle a encender bengalas y a animar a nuestro equipo más que nunca. Es lo que nos define. Y ni los errores arbitrales ni los horarios intempestivos van a evitar que cada domingo nos sentemos en nuestra butaca en La Rosaleda y animemos como si fuera nuestra última oportunidad. Málaga nunca se rinde.

Esto es ser malaguista. Una montaña rusa de emociones. Un sentimiento. Y claro que hemos llorado en la montaña. Cuando estábamos abajo y nos daba miedo. Así somos. Los boquerones tenemos miedo de no subir al montarnos en la atracción, cuando el resto del mundo pasa miedo estando arriba. Nosotros soñamos a lo grande.

¿Qué vais a esperar de un equipo que rozó las semifinales de la máxima competición europea y que, a su vez, peleó en los campos de barro de la Tercera División española?

Bendita locura…

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