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La culpa del tanking la tienen los evangelios

                                                                                             «Muchos de los primeros serán los últimos,

                                                                                                                  y muchos de los últimos serán los primeros»

                                                                                                                                                    Mateo 19, 23-30

Lo malo no es la sensación de adulteración de una competición hasta hace poco modélica; lo sangrante no es convertir a la AFC Este en la caseta del perro de Belichick o en el inodoro de servicio de los Brady; lo delirante no es construir proyectos deportivos sobre ucronías sin garantía alguna de éxito (Manziel como paradigma); lo deprimente no es ser testigo de los lacerantes lunes de gente a la que aprecias como @TomasTDN o @jmvillelabeitia, no , lo realmente intolerable es la certeza de que el comisionado de la NFL está miccionando sobre nosotros y debemos decir que llueve…

Hay otras soluciones

Las nefastas consecuencias del tanking las han resuelto en la NBA o en la NHL -cuestión distinta es el riesgo de tanking en la MLB, donde su origen está en la negociación colectiva de 2017 y el actual contrato televisivo, el más lucrativo de la historia del deporte profesional, que ha inundado de millones de dólares anuales a las franquicias, desincentivando la gestión puramente deportiva- con algo tan sencillo como eliminar la causa: el fraude de enfocar una temporada con el único objetivo de convertirse en la peor franquicia de forma que se adquiera el derecho automático de elegir el primero en el siguiente draft, tiene un antídoto infalible: desincentivar esa desidia competitiva, ya sea porque el peor no será ya beneficiado en el orden de elección del draft, siendo el albur el que determine quién se queda con los Manziel, los Luck, los Bridgewater, los Darnold o los Tua (algunas franquicias habrían salido ganando con este sistema, qué duda cabe…), o bien,  porque el peor desciende de categoría (la relegation del hielo).

Se puede argüir, con razón, que un sorteo puro podría desequilibrar fatalmente la competición, si, por ejemplo, la bola con el #1 le saliera a los todopoderosos Patriots.  Y es verdad, por eso se prevén sorteos ponderados, como en la NBA, en el que los equipos con peores balances disponen de mayor número de bolas en el bombo.

Y aún hay una opción mejor que evitaría totalmente la tentación de continuar tankeando para así obtener el mayor número de bolas. El sistema no es complicado: los doce últimos turnos de la primera ronda del draft vendrían determinados por las plazas en los playoffs y el record de la temporada regular, culminando con los dos equipos del Super Bowl, que serían los picks 31 y 32, respectivamente. Y las restantes veinte selecciones quedarían reservadas para los equipos que no alcanzaron la postseason, que sí serían entonces repartidas por un sorteo puro: veinte bolas, veinte franquicias.

Evitar el tanking

En otras palabras, la recompensa de la primera selección del draft no sería ex lege para al peor de la temporada, sino para alguno de los veinte peores de manera aleatoria, de manera que el acicate de alcanzar un 0-16 se desvanece, tankear se convierte así es una verdadera estupidez, un auto fracaso, una humillación semanal a tus seguidores que, además, no está gratificado.

Con este sistema, se retribuye pelear cada semana –o diseñar un buen proyecto deportivo en la offseason-, no en vano, el premio son los playoffs y, en caso de que el equipo, tras haber porfiado bizarramente hasta el último segundo del último cuarto de la temporada regular para ser un wild card, finalmente, no lo lograra, mantiene aun así las mismas opciones de reforzarse con el nº1 del draft que el peor balance de la liga.

Mejorar la offseason

El tanking es una desgracia desde cualquier punto de vista. Desde cualquiera. Pero es que, además, un sistema alternativo como el descrito, haría a la competición aún más impredecible, no sólo durante la temporada, sino en la siempre demasiado larga offseason, en donde a las divertidísimas combine y free agency, se les uniría un draft en el que ya no sería incierto únicamente el orden de los prospectos elegibles, sino el de las propias franquicias electoras. Imaginen el último y formidable draft que nos sirvió @Rubenibg, en el que además, no supiéramos que franquicia elegirá primero. Apasionante.

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