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Kyrgios se estrena como campeón en Washington

Nick Kyrgios se ha alzado con el trofeo de campeón del torneo ATP 500 de Washington al vencer a Daniil Medvedev en un apretadísimo partido, por 7-6(6) y 7-6(4). Un partido sin puntos de break que se ha decidido en los tie breaks finales de ambos sets con un como siempre sorprendente derroche de talento de Nick Kyrgios.

¿Es injusto el tenis?
El tenis puede parecer a veces un deporte muy injusto. A un lado, Medvedev, un tenista trabajador, dedicado, serio, entrenando duramente día tras día. Trabajando sin descanso en mejorar en lo técnico, físico y lo que probablemente sea lo más difícil, lo psicológico. Al otro lado, Kyrgios, un jugador que desprecia el deporte que practica (dicho por él mismo) e incluso en ocasiones a sus rivales. Un jugador que supongo que trabaja en lo técnico y lo físico y que tengo muchas dudas de que trabaje en lo psicológico, por razones obvias. En una pista, un tenista que se ha forjado a base de pulir sus golpes, sus decisiones en la cancha, ganando potencia y efectividad con su servicio y en los golpes de fondo, en su movilidad. Enfrente, otro que actúa a impulsos, que tan pronto hace un ace a 220 kilómetros por hora como gana un punto sacando desde la cintura. O gana otro punto pegando innecesariamente con la raqueta entre sus piernas o sacándose una volea imposible de revés. Como guinda al pastel, últimamente viene consultando con el primer espectador que se encuentra la dirección de su servicio cuando tiene punto de partido a favor. Cualquiera podría pensar que el merecedor de la victoria, el que realmente se ha ganado la enorme satisfacción de poder levantar el trofeo de campeón, sería el primero, ¿verdad?
Un talento enorme, inmenso, colosal
Pero si algo tiene este deporte, y que lo diferencia de la mayoría de los demás, es que el que gana un partido es el que mejor ha jugado. Aquí no hay influencia de los árbitros, ni hay jueces que puntúen, y para ganar un partido hay que ganar muchos puntos y merecer ganarlos jugando mejor. Y el tenista que hoy ha hecho mejores golpes, mejores saques, y que ha conseguido inclinar la balanza a su favor, especialmente en los momentos decisivos (los tie breaks finales de ambos sets) ha sido Nick Kyrgios. El australiano tiene un talento para este juego descomunal. Tanto que no tengo ni la menor duda de que trabajando tan duramente como lo hace Daniil Medvedev, su rival esta noche, jubilaría al «big 3» que tanto está costando relevar, en menos que canta un gallo. Dominaría a placer el tenis mundial encarrilando el inmenso talento que tiene para plantar servicios en las esquinas de los cuadros de saque (incluso en la esquina que le indique un mero espectador) O el talento que tiene para intuir de manera admirable hacia dónde va a intentar pasarle su rival cuando sube a la red, o para engañar al adversario haciendo una dejada casi perfecta en el último momento. Igual lo hace tan bien porque ni él mismo sabe que va a hacer una dejada hasta el último momento. Cabe la posibilidad de que juegue tan bien a este deporte precisamente porque no le importa un carajo. Quién sabe qué pasaría si algún día empezara a amar y a respetar el tenis, a preocuparse por su estado físico, por mejorar su técnica. Es posible que eso le introdujera una presión psicológica que le dificultaría mucho más ganar, como puede que les ocurra a otros tenistas de su misma generación que se han chocado una y otra vez contra el muro del triunvirato formado por Federer, Nadal y Djokovic.
Sigamos disfrutando
Solo nos queda disfrutar del inmenso talento que Kyrgios muestra en la pista y esperar que no deje de hacerlo, ya porque sus patochadas lo aparten definitivamente del deporte, o porque madure y la presión de querer ganar entierre su talento. Cualquiera de los dos supuestos sería una tragedia, porque nos perderíamos las geniales acciones que el australiano derrocha en cada partido y que nos dejan boquiabiertos, mucho más allá de las concesiones a la galería que hace, que en mi humilde opinión ensombrecen su méritos en pista, que son mucho más grandes de lo que podemos percibir por ellas. En este caso, a veces los árboles no nos dejan ver el bosque.

Fuente de datos e imágenes: www.atptour.com

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