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Circo de tronos

 

Estuve varios días con unos amigos que empezaron a seguir Juego de Tronos hace relativamente poco. Como yo no la he visto y no tengo pensado hacerlo a corto plazo, visioné algunos capítulos con ellos (creo que de la quinta y sexta temporada) sin miedo a spoilers o destripar la trama. Además, gracias a las redes sociales ya sé el final y que para la mayoría no ha sido de su gusto. Lo que más me llamaba la atención, debido a que no podía hilar mucho el argumento, era la incontable cantidad de personajes, reyes, reinos, batallas por a saber qué nuevos para mí que salían en cada parte. Con la ayuda de mis amigos algo hacía por desarrollarlo; entre tanto vaivén me hubiese perdido más todavía.

Tan perdido como me hallo en este laberinto de campeonatos mundiales, interinos, regulares, oro, perla, super, piruleta, galleta, etcétera. Si ya de por sí era un lío poner de acuerdo a los distintos organismos y promotoras (ya ni te digo unificar monarcas) ahora va la WBC y riza el rizo: se inventa el «cinturón franquicia» y se lo otorga al Canelo. Entre los privilegios de este nuevo título se encuentran el no tener defensas obligatorias, no perder nunca la faja aunque sea derrotado (en ese caso, el vencedor recibiría el cinto «Diamante» y aspiraría al campeonato Mundial «a secas») y claro, ser el monarca absoluto del consejo (el actual interino Charlo asciende a campeón mundial).

¿Mareados? Así me sentí yo viendo Juego de Tronos por la mitad y viendo el panorama boxístico actual, sin saber qué y quién era cada uno, con mucho rey de papel, peleas por reinos de cartón piedra y el verdadero trono ocupado por los menos carismáticos y sabiendo un final que a muy pocos agradó.

@Chris_Le_Gabach

Imagen: El Universal

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