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¡Son las 12! la hora de Rafa. Nadal completa su reloj de títulos en Roland Garros y se hace eterno (2)

Habíamos dejado la crónica del encuentro entre Rafael Nadal y Dominic Thiem por la final de Roland Garros en suspense (leer parte 1), pero aquí te traemos en desenlace de la final que inmortaliza la leyenda del español.

Segundo set. Thiem se recupera y empareja el partido.

El segundo capítulo de esta gran batalla iniciaba sin atenuantes, con ambos tenistas siguiendo su libreto y defendiendo sus juegos de saque sin sacarse diferencias. El juego se hizo cada vez más plano y con los dos tenistas tomando un poco de recaudo.

Avanzaban los games, y la monotonía se hacía presente, una monotonía en el sentido más figurativo, pues ambos exponían lo mejor de su tenis y no daban lugar a equivocaciones; era una paridad que aparte del trámite del juego, por fin se hacía presente en el marcador, y que a su vez reclamaban los 17.000 asistentes al renovado recinto Philippe Chatrier.

Una de las pocas diferencias en este punto del partido, era que Thiem comenzaba a explotar con su juego de revés y derechas planas el revés de su rival, mandándolo ahora con más frecuencia varios metros atrás de la línea de fondo y obligándolo a dejar más bolas cortas, propicias para que el austriaco aprovechara con su inigualable juego de fondo.

Nadal intentaba marcar la diferencia mediante los saques liftados que dejaban todo el espacio a su merced para definir con subidas a la red y voleas exquisitas rompiendo nuevamente por tramos el esquema de su juego (9/10 subidas a la red). Pero también apelaba a las derechas invertidas en esos clásicos desplazamientos donde se perfila arriesgando un amplio espacio de la cancha.

La igualdad de las acciones era tal, que no fue sino hasta el 12° juego de esta manga (5-6 para Thiem, Nadal al servicio) que se generaron las primeras 2 oportunidades de rompimiento del saque a favor del N°4 del mundo.

Extrañamente Nadal se hizo preso de la movilidad y largos peloteos de Thiem, y con tres errores no forzados consecutivos, le entregó al austriaco el segundo set. 7-5 final y la batalla no podía estar más luchada: set por lado y con más incógnitas que certezas.

Tercer set. Un descanso previo tan largo, que Nadal reordenó sus fichas y salió a aplastar.

Nadal se demoró cerca de 5 minutos en volver en un tiempo que solicitó para ir a los baños para refrescarse y tomarse un respiro tras la extenuante intensidad del encuentro.

El haber perdido el set le dejó una furia incontenible al matador, que volvió al ruedo para demostrar que no quería dejar lugar a su rival para si quiera pensar que podía revertir la final

Rafa ajustó sus piezas, y entró al tercer set en un modo incontenible, tal y como esas ráfagas de viento que se tornaron insoportables cuando enfrentó a Federer en semifinales. Salió como un tornado de polvo de ladrillo a llevarse por delante a Thiem y desmoronarle sus avances e ilusiones.

De entrada, el de Manacor quebró el saque de quien fue su verdugo en Barcelona en el primer game del parcial, y de inmediato confirmó en una muestra de contundencia absoluta. Recién en el 2-0 y 40-15, Thiem ganaba su primer punto del set. Hasta entonces, Rafa ganaba 11 puntos de los 12 jugados.

Solo en 14 minutos ya las acciones iban 4-0; lo peor, era que Thiem no había caído en su rendimiento, al contrario, seguía ejecutando su plan de juego, pero del otro lado de la red, se enfrentó a una auténtica bestia multicéfala que no daba opción de nada.

Dominic por lo menos tuvo consuelo ganando su único game en el set (1-4), en el único puñado de puntos que pudo ver a su favor en medio de lo se convirtió en un monólogo, un solo de guitarra digno de los mejores en la historia como Eddie Van Halen o Yngwie Malmsteen.

Thiem intentaba de todas las maneras posibles con un gran juego capaz de ganarle al que sea, pero a cada golpe que ejecutaba, se topaba con derechas y reveses cruzados, voleas quirúrgicas y anestésicas, y un juego de movilidad frenético que lo terminó por engullir.

En 28 minutos y 24 puntos ganados de 31 jugados, Nadal se embolsillaba la segunda moneda, el tercer set era suyo y la 12° copa de los mosqueteros se acercaba cada vez más a sus brazos.

Cuarto set, puntada final y sentencia para Nadal.

Habíamos dicho que Thiem había desplegado un juego inigualable en la final pese a caer de forma estrepitosa en el tercer set.

Así fue, pues las acciones en el parcial arrancaban con un punto de quiebre a su favor que, aunque se esfumó rápidamente, mandaban un mensaje a Nadal de que por ningún motivo podía aflojar en su rendimiento.

Pero desafortunadamente la tendencia no pudo cambiar demasiado para Thiem, pues en el segundo game el español vulneró nuevamente su servicio. Dominic se veía más presionado y comenzaba a cometer más errores no forzados; uno de ellos, le daba a Nadal la ventaja.

Algunos winners para Thiem eran una señal de esa batalla pírrica que daba este valiente jugador por nunca desistir en el intento, aunque ya se encontrara dos sets abajo. Seguía teniendo oportunidades para romper el saque, pero nunca pudo volver a hacerlas efectivas.

A pesar de la lucha incesante del subcampeón de 2018, y con mayor resistencia que el set anterior, el marcador 3-0 en el set con doble quiebre para Nadal, ya dictaminaba poco a poco la sentencia final del partido. Mientras tanto, el equipo de Thiem seguía de pie motivándolo.

Llegó el quinto game del set, y con él, la estocada final. Con el marcador 1-4 abajo, Thiem claudicó por última vez en sus juegos de saque entregándole a Nadal el último quiebre a su favor, no sin antes rescatar dos oportunidades previas.

El cansancio, producto de las constantes interrupciones de un partido maratónico de semifinales, hicieron mella en Thiem. La mesa estaba servida con un 5-1 y servicio para Nadal que ya iba recogiendo su corona.

Juego final, y Nadal cerraba lentamente el telón con la misma intensidad con la que jugó el primer punto del torneo. Sin embargo, Thiem no lo iba a ser fácil ni siquiera ahí; el nacido en Wiener Neustadt rescató 1 de 2 match points, en una muestra de terquedad y voluntad de no irse sin dejar hasta lo último de sus fuerzas.

40-30, servicio para Nadal. Un saque liftado al revés de Thiem, y un tiro de este que se iba fuera de la cancha, hizo que esta historia concluyera, y que el Rey vigente de Roland Garros, siguiera con más vigencia que nunca, esa que ya es una marca registrada desde 2005 con unas vagas y pequeñas interrupciones.

Rafael Nadal es el campeón de Roland Garros 2019, e impera en la arcilla parisina por vez N°12, en una imagen que se repite como ese cromo de un álbum dorado que sale una y otra vez para ser coleccionado. Mismas postales, diferente atuendo, mismo campeón.

No es noticia que el español sea campeón, lo que es noticia, es que cada vez se renueva y busca con las mismas ganas seguir en el primer plano del tenis mundial, haciendo único e inusual que durante 14 años una misma persona siga alzando un mismo trofeo.

Son 82 títulos en total, 18 títulos de Grand Slam, 12 de Roland Garros en 12 finales disputadas. Sencillamente: Rafael Nadal.
Imagen: Roland Garros

¡LARGA VIDA AL REY DE LA ARCILLA!, en un reinado que inscribe un nuevo capítulo en una especie de eternidad indestronable. ¡Saluden, a Rafael XII!

Rafael Nadal y el polvo de ladrillo parecen uno solo cuando el español pisa Roland Garros.
Imagen: Twitter.

 

 

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