ATP Opinión Tenis

Gracias, Andy

En días como hoy el mundo del tenis demuestra que es una familia. Todo el circuito ha llorado con Andy tras su rueda de prensa, en la que sobraban las palabras.

El legado de los Murray va más allá de Oros Olímpicos y Grand Slams. Una familia implicada con la formación de quienes comienzan en el tenis, y referentes en la defensa por la igualdad del tenis femenino, de la mano de Judy.

Getty Images

El mismo Nick Kyrgios ha subido un comunicado emotivo agradeciendo todo el apoyo a Sir Murray. Cuándo el mundo del tenis se abalanzó sobre el australiano ahí estuvo Andy.

Hace unos años tuve la suerte de entrenar con uno de los primeros entrenadores de Murray. Era un escocés callado, bastante pensativo y que mantenía las distancias. Hasta que bebía. Recuerdo una conversación en un pub de Oxford, en la que tras hablar de fútbol comenzó a describir a un escocés indomable que había entrenado, «el principito» le llamó. Comentaba que le pasó el marrón de hacerle trabajar duro «a los españoles».

Preguntando al día siguiente me enteré de que hablaba de Andy Murray, quién dos semanas más tarde ganaría un Oro Olímpico a unas pocas millas de allí.

Unos años más tarde, el tenis me lleva a la Sánchez-Casal, lugar en el que se comieron «el marrón» de formar al chico de Dunblane. Y mientras me acuerdo de aquel escocés de Oxford me veo sentado con Pato Álvarez mientras me señala la que era la habitación de Andy, en un edificio de dos plantas, entre las pistas de tierra y las de rápida; con la hierba artificial a la entrada.

nombramiento de la pista 1 de ASC como pista Andy Murray (foto ASC)

La historia que me cuenta Pantera ya no es la del escocés. «Serio, trabajador y con carácter». Debe de ser complicado ser un príncipe con Pato al otro lado de la red. En la academia todo el mundo recuerda con cariño al scotish de melenita rizada.

Fue durante mi estancia en Barcelona cuándo veo un Informe Robinson sobre Murray y su ciudad, Dunblane. El hecho de haber vivido aquella tragedia tan de cerca, perdiendo incluso amigos me hizo ver al deportista como persona (algo que cuesta tanto últimamente) y lo tremendo de aquella situación. Debe ser duro llevar todo eso en el raquetero.

Ese mismo año visité Dunblane, esperándome una ciudad muy marcada por la tragedia. Me encontré algo mucho más bonito, un pueblo marcado por Sir Andy Murray, con su buzón dorado por el oro olímpico, su banco con su nombre grabado (y las empanadas que hacen frente a él). Su legado ha sido tan grande que ha cambiado a un «burgh» marcado por la matanza por la orgullosa ciudad de un medallista olímpico, orgulloso escocés y único británico en ganar Wimbledon en las últimas décadas.

Dunblane (foto Miguel Búa)

Este pasado verano, durante el torneo júnior de Wimbledon, en China, el tenis me ha presentado a otra figura del equipo Murray. Colin Beecher se acercó al lugar donde entrenábamos para presentarse y charlar de tenis. De nuevo y de forma natural la cara de un entrenador cambiaba para hablar de «Andy».

En esta ocasión el tema no era agradable, el tenista arrastraba problemas serios de lesiones y se desconocía el tiempo de recuperación. La cara de Colin recogía ternura y preocupación.

Colin Beecher, segundo por la izquierda, tras conquistar la Copa Davis. (Zimbio)

Tras haber recogido pinceladas de su entorno, de ver el increíble trabajo de su madre Judy Murray (gracias a mi gran amigo Martin Rocca por habérmelo enseñado), de cómo el tenista se mojó sin miedo a la hora de defender un price-money igualitario, de ver a los Murray jugando dobles juntos mientras esa madre orgullosa sufre y disfruta a partes iguales; por todo eso veo que Sir Andy Murray no es sólo un tenista, no es sólo una gran persona. Es alguien que ha aprendido a superarse, a luchar, a ayudar y a colaborar. Algo que debía ser normal se convierte en excepción. Gracias por tanto Andy.

Hoy Dunblane llora de nuevo, pero llora bonito.

 

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