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El único que competir medio año, le sobra

Nada más lejos de la realidad, Rafa Nadal acabó la temporada, otro año más, como la empezó, alejado de las pistas. Volvió a cogerse unas merecidas vacaciones antes de tiempo, cada año menos imprevistas y sorprendentes. Renunció, de nuevo, al único gran torneo que le falta en sus vitrinas, las Nitto ATP Finals (reúne a las 8 mejores raquetas de la temporada), debido a un cuerpo libre en su tobillo que necesitaba ser operado. Días antes, también se ausentó del último Masters 1.000 del año (Paris-Bercy), pero esta vez, debido a molestias abdominales. Lo tiene todo, a veces se asoman las luces y, otras veces, las sombras.

Lo que se va a exponer a continuación es un hecho sin precedentes y que parece normal porque lo hace Nadal, que nos tiene muy mal acostumbrado (cuánto le vamos a echar de menos cuando se vaya), pero es algo extraordinario. El mallorquín acabó el año 2018 en el top-3 (tras ser la mayor de la parte de la temporada la persona que lideraba la clasificación mundial) y con cinco títulos en su haber, disputando, tan sólo, ¡nueve torneos! Un auténtico milagro el poder pelear hasta el último momento (y desde el sofá de su casa) por ser el número uno del mundo, jugando, únicamente, nueve torneos y teniendo a los rivales que tiene, que no hace falta ni nombrarlos. Además, a todo esto hay que sumarle, que se ha retirado de dos de los cuatro torneos más importantes del año, el primer y último Grand Slam de la temporada. Sólo al alcance de unos elegidos.

Para ver tal magnitud en números, partamos de la base de que para Nadal, este año ha sido un año más que complicado, un año de sufrimientos inesperados, los cuales no quiere repetir. Partiendo de esto, lo lógico sería afirmar que su temporada ha sido un desastre, pero nada más lejos de la realidad. 45 victorias y sólo ¡4 derrotas! Únicamente se ha ido al vestuario cuatro días con la sensación de perder, de 365. Además, dos de estas cuatros derrotas, no han sido derrotas en sí, sino retiradas del balear por más problemas físicos: Contra Cilic en el Open de Australia y contra Del Potro en el Open de los Estados Unidos.

Fuente: Ubitennis Espanol.

El manacorí ya empezó más tarde la temporada de lo que le hubiera gustado porque, a finales del 2018, volvió con los problemas en su tendón rotuliano de la rodilla derecha, a pesar de descansar en algún que otro torneo. El deseo de ganar el ansiado Masters en Londres le incitó a presentarse, pero el físico no le aguantó y se retiró después de perder su primer partido de la fase de grupos contra el belga David Goffin. Por culpa ésto no pudo realizar la pretemporada deseada, clave para empezar el año a tono. Debutó en el primer Grand Slam del año, sin rodaje previo en Sidney, y en cuartos de final, se tuvo que retirar en el quinto set ante el croata Marin Cilic por una lesión en el psoas ilíaco de su pierna, cuando todo pintaba más que bien. Tampoco pudo jugar por lesión semanas después en Acapulco y en los dos primeros Masters 1.000, Indian Wells Miami, un palo muy duro. Casi tres meses después, reapareció en la Copa Davis en la Plaza de Toros de Valencia y salió a hombros.

Tras esta vuelta a los ruedos, Nadal volvió a hacer de las suyas y completó una gira de tierra de locos, casi inmaculada, donde ganó cuatro títulos (Montecarlo, El Conde de Godó, Roma y Roland Garros) y sólo perdió un partido, en cuartos de Madrid frente al austriaco Dominic Thiem. En París conquistó su 11º título de Roland Garros, su 17º Grand Slam. Redondeó su gran temporada sobre arcilla tras vengarse de Dominic Thiem en la final en la ciudad del amor. Cuando alguien desea tomar la revancha contra otro, tiene que esperar a estar tranquilo para reflexionar mejor cómo va a hacerlo para que cause más daño y Rafa se tomó esta venganza en el lugar donde más alegrías le ha dado. En el torneo parisino sólo cedió un set, ante el argentino ‘el peque’ Schwartzman. Tras dicha hazaña histórica, compitió directamente en Wimbledon sin pasar por más torneos sobre pasto para descansar. Alcanzó un nivel magistral en la ‘catedral’ del tenis, Wimbledon (Londres), donde sólo un Novak Djokovic estratosférico le apartó de la final tras un partido extraordinario con la tensión por las nubes, que se resolvió por 10-8 en el quinto set después de 5 horas y 15 minutos de juego. Cabe recordar que, antes de este partidazo, en el All England Club, el español avanzó rondas sin ceder un sólo set hasta que le tocó medirse a ‘Delpo’ en cuartos. El balear logró superarle tras casi 5 horas, tras darle la vuelta al partido. Diez horas de tenis se metió para el cuerpo el ex número uno del mundo en dos días. Partidos de los que ya no quedan.

Levantó semanas más tarde su quinto título del año en el Masters 1.000 de Canadá, pero optó por no acudir al de Cincinnati para preparar a conciencia el Open USA y no desgastarse más. En el último Grand Slam del año llegó a las semifinales, pero allí su rodilla derecha dijo basta y se retiró ante un gran Juan Martín Del Potro. Ese fue su último encuentro, una pena, porque se cocía una bandera y un himno español sobre Nueva York si no llega a ser por su maltrecha rodilla.

Malditas lesiones.

Ya antes de su primera participación en Roland Garros donde, de manera totalmente histórica y sin aún pelos en barba, salió campeón, un jovencísimo Rafael ya sufrió en su carne las lesiones en 2003 en su codo derecho y en 2004 en su pie izquierdo. Dicho pie vuelve a dejarle en el dique seco en 2005. En 2008, una tendinitis en su rodilla derecha le fastidió el final de temporada, motivo por el que recayó también en 2009 y le tuvo dos meses fuera, así como del Open de Australia de 2010 (retirada ante Andy Murray). En 2012, regresaron los fantasmas del pasado y volvió a tener que ser alejado de las canchas pero, esta vez, durante siete meses, la lesión más grave y compleja de su exitosa carrera. Una rotura del tendón rotuliano de su rodilla izquierda fue el detonante. 90 días fuera de las pistas está en 2014 por culpa de su muñeca y se vuelve a quedar sin otro final de temporada por causa de una apendicitis. En 2016 de retira de “su torneo´´, Roland Garros por sorpresa, ante de su partido de tercera ronda, debido, otra vez, a la muñeca. También se pierde, mes después, Wimbledon. En 2017 vuelve la fiera más hambrienta de títulos que nunca y demuestra su nivel tras dos años plagados de lesiones. Sin embargo, tras tanto tiempo fuera de la competición tantos partidos a ese nivel le causan molestias en su rodilla que le provocan jugar a medio gas lo que restaba de temporada.

Desafía cualquier tipo de Ley.

Allá por 2008, no había mente que no pensara que la carrera del más grande la historia de nuestro país, tenía los años contados en lo que a la competición de alto nivel se refiere. Obviamente, a consecuencia de tantas lesiones en unas edades tan tempranas, que le irían mermando su físico poco a poco. Además, a todo esto, hay que sumarle que el estilo de juego de Rafael está directamente relacionado con su condición física, si la maquinaria no se encuentra en perfecto estado y hay alguna pieza oxidada, su juego se le resiente como a nadie. Todo tenía sentido y era una posibilidad más que probable, pero el mallorquín le quita el sentido a lo posible y desafía a cualquier ley no escrita (e incluso escrita). La mayor parte de los entendidos en tenis, y los no entendidos, auguraban una carrera deportiva exitosa hasta los 27 o 28 años, a partir de ahí, las lesiones y los jóvenes con aire fresco que aparecerían en un futuro cercano, le ``retirarían´´. Nadal, hoy en día, tiene 32 años y un título de Grand Slam conseguido en 2018, sumados a los dos más que consiguió la temporada anterior (no voy a mencionar todos sus títulos actuales, que dan para escribir otro artículo). Los números hablan por sí solos, pero no hay más que verle competir contra los mejores (en pleno estado), para darte cuenta que sigue siendo uno de ellos, o el mejor. Ya no es el chavalín con camiseta sin mangas y pantalones piratas que alzaba la voz al grito de “VAMOS´´ mientras levantaba su puño y bíceps al son de los aficionados de la grada, pero mantiene la misma ilusión y competitividad que aquel crío de 17 años. Aunque se retirase hoy, ya habría callado muchas bocas y ganado más de lo que aquel niño pudo imaginar, pero aún le queda cuerda para rato. Siempre nos sorprende, siempre se recupera de cualquier bache, por grande que sea. Lo volverá a hacer.

Fuente: Autobild.
2019, dudas, muchas dudas.

Nadal, tras cuatro meses de inactividad, volvía a la competición en el torneo de exhibición de Mubadala en Abu Dhabi. No fue el comienzo soñado ni la mejor manera de volver a coger confianza, ya que, tras hacerse con el primer set, acabó siendo derrotado ante el gigante sudafricano y número seis del mundo, Kevin Anderson (4-6, 6-3 y 6-4). Tras un irregular juego, aún así, tuvo la oportunidad de colocarse con 4-2 arriba en el definitivo set con un 15-40 a su favor, pero no pudo romperle el servicio al hombre de 2,03 metros de altura y acabó cediendo, posteriormente, su saque y el partido. Por precaución, no se presentó al partido por el tercer y cuarto puesto, primer revés de la temporada y no había hecho más que empezar. Días después, tampoco puede disputar el ATP 250 de Brisbane por una pequeña distensión en el muslo izquierdo. Volvió a jugar en el Fast4 Showdown de Sydney, una exhibición corta con Milos Raonic, Nick Kyrgios y Grigor Dimitrov, donde volvió a caer, esta vez ante el australiano.

Rafa ha tenido un sorteo del primer Grand Slam del año la mar de casero. Su primer partido será ante el local Duckworth, invitado por el torneo de su país, que ocupa el puesto 238 y que nunca se ha visto las caras con el español en un torneo oficial. Podría vérselas después con Mattehw Ebden y el joven Alex de Miñaur, otros dos australianos. Kevin Anderson, su verdugo en Abu Dhabi y vencedor en Pune esta semana, es el mayor peligro antes de semifinales, donde se las podría ver con el campeón de las dos últimas ediciones, Roger Federer.

Si a alguien, en algún momento, se le ocurre subestimar a Rafael por no haber conseguido nunca vencer el Masters de los ocho mejores del año, además de mirarse primero el ombligo, que recuerde todas estas lesiones que sufre casi que año tras año, que le hacen llegar al final de temporada con la necesidad de parar y pasar por ‘boxes’. Que nadie tenga la menor duda, que si este torneo se celebrase meses antes, su museo tendría que ser ampliado y, además, con una obra importante. Lejos quedan aquellas épocas en las que decían que nunca iba a ganar nada que no fuera mientras sus zapatillas pisasen polvo de ladrillo. Nadie lo reconocerá, pero lo decían, y mírenle, ha demostrado que ganaría incluso sobre pinchos. Aún queda tiempo…

Foto principal: Scoopnest.com

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