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Los estragos de los JJOO y la nueva era del patinaje

Los Juegos Olímpicos de Invierno (JJOO) siempre traen consecuencias. Ya sean medallas, debacles, el retiro de patinadores, debuts de las jóvenes promesas, o cambios en la técnica de los que se quedan; el verano post-olimpiadas es siempre un caos de idas y venidas, rumores y nuevos proyectos. Y la temporada de patinaje que lo sucede… todo un experimento.

Además, esta temporada que ahora comienza es especialmente interesante porque se han juntado tres factores muy importantes: un cambio de ciclo (olímpico), un cambio de paradigma y modificaciones en el sistema de puntuación. Y es interesante comprender las circunstancias para entender lo que probablemente veremos esta temporada.

Cambio de ciclo

Los JJOO siempre marcan un antes y un después. Es el tiempo cero, tabula rasa. Un reset en toda regla para reiniciar el sistema y actualizar el software.

Muchos patinadores terminan su carrera con los JJOO, aunque habitualmente esto sólo sucede si el deportista está satisfecho con el resultado y su trayectoria. Pocos se van después de una tragedia olímpica inesperada.

 

Javier Fernández / Flavio Valle
Javier Fernández. Fuente: IFS Magazine / Flavio Valle

También hay los que se toman un año sabático y dicen que volverán… pero ya nunca es lo que fue. Pocos han vuelto y han seguido en cabeza, como son el caso de la pareja de danza Tessa Virtue y Scott Moir, o la reina Yuna Kim. O los que se quedan para terminar de competir cerca de su público o para intentar batir algunos récords al alcance de la mano. Este es el caso del patinador español Javier Fernández, que intentará agrandar su leyenda en Europa este próximo enero en Minsk (Bielorrusia), o el caso de la suiza Sarah Meier, que terminó su carrera ganando el Europeo de 2011 en Berna. Apoteósico.

 

Deniss Vasiljevs / Harry How
Deniss Vasiljevs. Fuente: Harry How/Getty Images

Después hay los que querían retirarse tras los JJOO pero la jugada no les salió del todo bien, así que alargan lo que pueden, ya sea uno o dos años, para intentar terminar mejor. A veces funciona, porque su trayectoria en alza coincide con la retirada de muchos, y la inexperiencia de otros, y al final terminan llevándose alguna medalla que otra.

Luego están los brotes verdes, los jóvenes que empiezan a sacar sus cabecitas cuando los referentes han colgado sus botas y han cedido sus puestos. Para ellos es todo una novedad y el mundo es sólo ambición. El principal objetivo es alcanzar los siguientes JJOO y, si se consigue algo más, bienvenido sea. Evidentemente, hay los portentos que en su primer año pasan del anonimato al estrellato y sus únicos enemigos son ellos mismos, la presión y la expectación generada.

Y, para terminar, hay los que siguen. Los que han cumplido un ciclo y quieren continuar a por el siguiente. Los que han cumplido sus retos con creces y van a por más. Los que quieren hacer historia. Y los que quieren seguir luchando por su puesto en este mundo de locos que es el patinaje artístico sobre hielo. Estos últimos son los que utilizan las temporadas post-olímpicas para experimentar, mejorar y cambiar, en caso de ser necesario. Asentar lo que funciona y eliminar lo que no.

Nuevas tendencias del patinaje

Ahora quedan cuatro años para que llegue Beijing 2022, pero llegan precedidos de un último ciclo donde la técnica se ha disparado y esto va a marcar el rumbo de los acontecimientos. El patinaje ha cambiado. Se pueden tener varias opiniones sobre quienes han liderado este cambio, pero ha sucedido, y de forma más acentuada en las disciplinas individuales.

 

Madison Hubbell y Zachary Donohue / Dean Rutz
Madison Hubbell y Zachary Donohue. Fuente: Dean Rutz / The Seattle Times

En chicos, para tener opciones a podio hay que ser capaz de realizar, como mínimo, 3 o 4 saltos cuádruples, algunos de ellos combinados, y como más complejo todo, mejor. En chicas, no hay lugar para los errores. Empiezan a aparecer las que realizan el 3 axel y está Alexandra Trusova, júnior y única en su especie, que reparte cuádruples por doquier. Para llegar a los primeros puestos de la clasificación, hace falta ser la perfección personificada. En parejas, o se prueban cuádruples lanzados, cuádruples twist o combinación de lutz en paralelo, o no se es nadie. Y, en danza, no se pueden tener los dos pies en el suelo ni por una milésima de segundo. Y, bueno, si se quieren opciones a medalla, hay que adoptar un estilo en particular y entrenar con el Team Gadbois en Montreal, léase con Marie-France Dubreuil y Patrice Lauzon, los entrenadores de moda. Si no, nada de nada (esto último es sarcasmo… a medias).

 

Evgenia Medvedeva / Geoff Robins
Evgenia Medvedeva. Fuente: Geoff Robins/AFP/Getty Images

Pues bien, esto hace que no haya margen de error. La exigencia es altísima. Años atrás, en la competición masculina, por ejemplo, los patinadores que carecían de cuádruples podían “compensar” el déficit con una actuación perfecta y una “rica” coreografía (¿quién no recuerda el oro de Evan Lysacek en Vancouver 2010?). Pero ahora esto ya no vale y como mucho llegan a los puestos 5-10 en una competición a nivel mundial, como hiciera Adam Rippon en los pasados JJOO 2018 en PyeongChang (Corea del Sur).

En la competición de chicos de los JJOO 2018, por ejemplo, se pudieron comprobar las diferencias abismales en técnica (TES) entre los 6 primeros y el resto de la humanidad. Eso ya no era compensable con los componentes (PCS). Y el problema era, básicamente, que no se “castigaba” suficientemente el fallo, y se premiaba más al riesgo que a la perfección de un nivel un poco más bajo. Lo que, al final, resultaba en finales “fallonas”, patinadores por el suelo, lesiones y poco patinaje artístico y espectáculo (véase las finales de los JJOO y las de los dos últimos mundiales). Y ese fenómeno se ha producido también en la categoría de chicas, aunque de una forma más selectiva y con algún que otro matiz.

 

Nathan Chen / Ted S. Warren
Nathan Chen. Fuente: AP Photo / Ted S. Warren

Ante esta situación, los patinadores comúnmente conocidos como “los sin cuádruples”, presentaban programas de menor técnica pero de una exquisitez artística incomparable, como Jason Brown y su piano. Gracias a esto, en los últimos años, hemos disfrutado de auténticas obras maestras. Todo para intentar rascar los máximos puntos en los PCS e intentar subir en la clasificación. Pero era imposible, y no porque no fueran puntuados justamente (que a veces sí), pero porque no había puntos suficientes para compensarlo. El sistema no lo permitía.

Así que el patinaje, sobretodo la modalidad individual, estaba ante una situación de crisis. La competición femenina se había convertido en un patio de recreo, mientras que la masculina en una dicotomía. Por un lado, “los saltarines”, que rompían récords (y a veces rodillas o caderas), hacían historia, ganaban competiciones, pero tenían poco de artístico y te dejaban como “frío”; y, por otro lado, “los sin cuádruples”, que te arrancaban todas las lágrimas que pudieran albergar tus ojos, te llegaban al alma, pero que no veían reconocido su trabajo. Dos ligas, dos mundos, dentro de un mismo evento.

Revisión del reglamento

Después de cada ciclo olímpico, con este reset que afecta a todos, siempre hay una revisión del sistema de puntuación, por parte de la International Skating Union (ISU), para intentar ajustarlo a la evolución del deporte y de todas sus modalidades. Después de los últimos acontecimientos en el deporte, se preveía que este verano (en el congreso de la ISU en Sevilla) habría un cambio mucho más importante y fundamental. Y lo hubo. Aunque la ISU no fue suficientemente valiente para hacer todos los cambios que tendrían que haber hecho.

 

Shoma Uno / Minas Panagiotakis
Shoma Uno. Fuente: Minas Panagiotakis / ISU via Getty Images

Entre los cambios más relevantes, e intentando suavizar la situación generada por “los saltarines” (tanto chicos como chicas), se hicieron las siguientes modificaciones:

  • Se cambió el rango de los GOEs (grados de ejecución) de -3/+3 a -5/+5, para recompensar la excelencia y castigar los fallos (más información).
  • Se redujeron los valores base del triple axel y de todos los saltos cuádruples.
  • Se limitaron los saltos cuádruples en las dos combinaciones de saltos permitidas en el programa largo, de modo que ahora sólo una de ellas puede contener un cuádruple.
  • Se limitó la bonificación de saltos en la segunda mitad del programa, así que ahora sólo será aplicable al último salto en el programa corto, y a los tres últimos en el largo.

Todas estas enmiendas están enfocadas, supuestamente, a equilibrar la contribución de la componente técnica (TES) y de la componente artística (PCS) al cálculo de la puntuación final total. Veremos si serán efectivas. El documento final con todos los cambios y, por tanto, el reglamento actualizado para todas las modalidades, se puede leer aquí. Debido a estos cambios, se han reseteado todas las marcas, y todos los récords y puntuaciones obtenidas hasta la temporada pasada se consideraran históricos. Es decir, se empieza de cero, la presente temporada es el punto de partida para los nuevos ránkings.

 

Alexandra Trusova / ISU
Alexandra Trusova. Fuente: ISU

Una de las reformas más importantes y necesarias, y que no aprobaron, era la de subir la edad elegible para competir internacionalmente en senior. Se propuso cambiar los 15 años actuales a los 17, para asegurar que los deportistas son suficientemente maduros, los programas patinados estén equilibrados, los deportistas tengan carreras largas, y para evitar la pérdida de patinadores senior frente a la potencia técnica de los juniors. Además, con este cambio, el patinaje se hubiera acercado a la Gimnasia, donde la edad es de 16 años para chicas y 18 para chicos, y habría dejado de ser el deporte de invierno con la “edad eligible” más baja.

Con estos cambios y no cambios, esperemos que se consiga mejorar la disciplina individual masculina, pero se ha ignorado por completo el PROBLEMÓN que actualmente acecha y oscurece el patinaje individual femenino (y del cual ya hablamos durante los JJOO 2018 en Corea del Sur), alargando esta trágica situación, de momento, cuatro años más.

 

Todas estas circunstancias provocan, siempre, que la temporada post-olímpica sea una especie de Frankenstein, donde se cambia hasta el apuntador. Retiradas, vaivenes de entrenadores y patinadores, y cambios en piezas, músicas, técnicas o estilos, para asegurar, a largo plazo (recordemos, 4 años para Beijing 2022), una mejora tangible. Y esta temporada no va a ser menos, como ya se ha podido ver en los primeros Grand Prix de la temporada. Vamos a ver cosas nunca vistas que, en este contexto, tienen todo el sentido del mundo. Atención que ¡vienen curvas!

 

Vanessa James y Morgan Cipres / Danielle Earl
Vanessa James y Morgan Cipres. Fuente: Danielle Earl / Golden Skate

Fuentes: ISUHielo Español, Rocker Skating

 

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