Padel Reportajes

Más cerca de… Agustín Gómez Silingo

Ya conocemos a Silingo el jugador de pádel, en esta entrevista  van a conocer ustedes a Agustín Gómez Silingo, la persona.

Cuando la bestia cae por un golpe del destino, se vuelve a levantar aún más fuerte, con el valor añadido que le ha dado la experiencia de su caída y con una nueva visión de la vida.

Loren: Hace muchos años que llegó desde Argentina ¿Cómo fueron sus inicios en España allá en el 2003 y su comienzo aquí con el pádel?

Agustín : Yo siempre he pensado que no sé si volvería a pasar por todo aquello. Las semanas previas al viaje estaba deprimido, la pasaba llorando, yendo al aeropuerto destrozado, mis abuelos diciéndome que me quedara… No me quería venir, no quería estar lejos de mí familia. Y lo primero que hacía cuando llegaba a España era mirar cuándo me podría volver a casa. Y no te hablo de días, no, a las pocas horas de llegar aquí ya estaba mirando cuándo me podría volver. Y así fueron los primeros cinco ó seis años. Esa fue la peor parte de mi carrera; irme de mi casa y estar lejos de mí familia fue lo más duro. El pádel me ha dado mucho, mi carrera como deportista me ha dado mucho (espero que me dé más) y yo sabía que tenía que estar, pero lo pasé horrible, horrible, horrible. No se lo deseo a nadie. Pero tenía claro que debía hacerlo. En Argentina estaba estudiando en la universidad, competía y viajaba mucho. Mi madre es contable y hacía algunos trabajos (iba al banco, hacía algún recado…) luego estuve un año y pico haciendo repartos con el coche.

P: ¿Siempre tuvo claro que el pádel era a lo que se quería dedicar? Parece una vida más cómoda esa que tenía en Argentina.

R: Tampoco era una vida que me iba a dar mucho, porque repartir alfajores con el coche no lo veía como un gran futuro. Y bueno, allá éramos pareja número uno y me tocó “aprender” a jugar a pádel porque aquí se jugaba a otra cosa, no tenía nada que ver. Y empezar de cero, no me conocía nadie. Así que di lo máximo para salir de ahí y hacer del pádel mi medio de vida.

P: Y ahora que han pasado los años, ¿está donde quería estar, ha conseguido lo que quería?

R: Sí. Pero yo cuando salí de Argentina no tenía un objetivo. Sólo jugaba y jugaba y eso me hacía jugar bien. No tenía nada más en la cabeza. Hoy vuelvo a jugar sin pensar tanto porque cuanto más pienso peor juego, lo tengo comprobado. Y me gusta jugar al pádel. Yo jugaba al fútbol y era muy burro jugando al pádel, pero mira,  conocí a mi mujer.

P: Cualquiera que le siga en redes sociales (@agustingomezsilingo) puede comprobar lo enamorado que está de su mujer, Marina. ¿Cómo comenzó vuestra historia?

R: Nuestra historia viene de muchos años; nosotros nos conocemos desde que teníamos 10 años. Cuando yo empecé a jugar a pádel ella ya jugaba y desde los 14 años siempre estuve intentándolo, pero ella no me hacía caso. Y yo insistía e insistía, hasta que a los 24 años fue tanto el cansancio de ella que al final me dio la posibilidad de conocerme de otra manera y hasta el día de hoy.  Yo tenía claro que iba a terminar con ella, yo sabía que era mi amor verdadero, porque tenerlo claro desde tan pequeño, no podía ser otra cosa.

Ella es una mujer fuerte, es muy inteligente y va para adelante. Yo creo que nos contagiamos y ella tira un poco más, yo tiro un poco más y es una constante. Roguemos para que todo pase. Las cosas cuando ocurren y te acostumbras, les quitas importancia, pero ahí están.

P: Arrastraba usted una lesión de hombro desde hacía mucho tiempo. ¿Qué supuso esa lesión en su vida?

R: Si, llevaba ya muchísimos años con dolor en el hombro. Por momentos más, por momentos menos, había épocas del año que no podía entrenar, me afectaba incluso en la vida cotidiana. Había movimientos que no podía hacer, así que decidí operarme aún en contra de los consejos de mi padre, que es médico (en principio parecía una lesión en el supra espinoso y creían que con rehabilitación curaría) pero yo ya llegué a un punto en el que no podía soportar más el dolor. Y bueno, cuando me operaron  no sólo fue el supra espinoso. Encontraron la porción larga del bíceps rota, el infra espinoso roto también, el rotador externo afectado, el músculo se había atrofiado por completo…tenía el hombro destruido, tanto que el médico veía complicada la recuperación. Así que hice la rehabilitación, volví a entrenar y a los cuatro meses yo seguía con  mucho dolor, así que volvieron a hacerme un estudio y bueno, el músculo se había vuelto a romper. Intenté salvar la temporada, pero al quinto torneo, yo ya no podía más. Me estaba generando también muchos problemas psicológicos; yo estaba mal en mi casa, no quería entrenar, yo no quería competir. Así que pensando también en mi compañero, decidí volver a operarme, sabiendo que ya no volvería a competir en todo el año. Me pusieron unos anclajes, unos tornillos y el doctor me dijo que si no volvía a recuperar el hombro con eso, ya no lo recuperaría. En diciembre volví a entrenar y hasta hoy.

P: En el plano emocional tuvo que ser durísima para usted toda esa situación.

R: Si, pero yo siempre digo lo mismo – No era la muerte de nadie. Me jugaba mi futuro profesional, pero no estaba enfermo, no me iba a morir y tenía un problema en casa más grande que una lesión de hombro; la enfermedad de mi mujer.

Se diría que le quiere quitar hierro al asunto, pero sería una situación angustiosa.

No, no es quitarle hierro, pero no puedes evitar pensarlo. Y como dice mi viejo “andando se acomodan los melones”. Hay que seguir andando.

Tus padres también lo pasarían mal, claro.

Terrible. Viendo toda la situación desde tan lejos, vivir esa impotencia de no poder hacer nada…

P: ¿Ha cambiado su modo de ver la vida todas esas cosas que les han pasado?

R: Lamentablemente, las razones por las que llegas a estas formas de pensar, a valorar lo importante, no son buenas. Llegas a esta forma de ver la vida por cosas malas. No somos capaces de ver lo bueno de la vida si no te pasa algo malo y te pegan un golpe y te hace crecer de otra manera. Y crees que son cosas que no te pueden pasar o no te van a pasar y te pasan y tienes que actuar, porque encima no tienes tiempo para sentarte a llorar. Y me tocó asimilarlo con una persona que lo asimiló bien, no se vino abajo en ningún momento.

P: ¿No le suele acompañar a los partidos?

R: No, ella trabaja. A mi me encantaría, pero ella tiene claro que es mi trabajo y yo estoy a lo mío, concentrado. No le gusta para nada ser “la mujer de”. Ella es Marina y está casada “con”.

P: ¿Necesitaste apoyo psicológico, cuentas en tu equipo con un psicólogo deportivo?

R: Sí, sí. Cuento con Oscar Lorenzo desde hace seis años. Me ayudó mucho con toda la parte de la rehabilitación, fue fundamental cuando tienes una lesión así, sobre todo cuando pasas a tener mucho tiempo libre después de estar acostumbrado a llevar una rutina y sobre todo porque son procesos muy lentos y en general somos muy ansiosos. Fue un trabajo riguroso, diario, no iba a ser fácil ni rápido y fue fundamental después de mi segunda operación. Ya había pasado por una operación y sabía lo que me venía por delante. Me ayudó a que cuando volví de nuevo a jugar, no sentir que habían pasado 8 meses y que no había nada que yo mismo no pudiese hacer. Y luego el trabajo posterior, era recuperar esas sensaciones de antes y volver a competir de la mejor manera.

P: Antes de su lesión, estaba en el puesto número 5 del ranking, ahora en el 66 ¿cómo le afecta eso?

R: No, no, yo no miro eso. A mi el ranking no me preocupa porque al final si lo hago bien voy a avanzar y si lo hago mal voy para atrás. Aquí no me puede ayudar nadie, es cuestión mía nada más. Lo único que me generaría mirar el ranking sería ansiedad, preocupación y yo sólo quiero entrar a jugar. ¿Me tengo que ir a jugar previa? Pues me voy a jugar previa. Yo estoy harto de pasarlo mal. Recuerdo que un día antes de mi segunda operación, estaba soñando que estaba bien, que no tenía dolor, que jugaba al pádel. Y me despierto y caí en la realidad y lo primero que se me cruzó por la cabeza fue volver a dormirme. Quería dormir. Y caes en ese momento en una depresión y no te das cuenta. Y entonces, como dice mi mujer, “hay que ocuparse no preocuparse”. Y esa preocupación te genera mucho más desgaste, desgana. Así que si hoy me toca hacer esto, pues hago esto.  Hay que ocuparse.

P: Después de lo que me acaba de contar y con lo que habéis pasado juntos ¿Es Marina su gran apoyo, su pilar emocional?

Y es en éste momento, al mencionarla a ella, cuando los ojos se le llenan de lágrimas. Intento mantener la compostura y no ponerme a llorar con él ante tal muestra de emoción, dolor, algo de tristeza…Tengo delante de mí a una persona con una sensibilidad admirable, que recordando los golpes de la vida, llora. Dispuesto a hacer frente a todo, si, pero tan lleno de humanidad que se le salía por los ojos.

R: Nos vienen pegando fuerte (acierta a decir).

P: Bien, vamos a cambiar de tema. ¿Alex Ruiz es el compañero que necesita  ahora? ¿qué tal con él?

R: Es el compi que me eligió. Es el que puso un voto de confianza en mí cuando todos los demás me dijeron que no. Y eso tiene para mí muchísimo valor. Y yo me veía bien, pero otra cosa es que lo demás lo vean porque está su futuro en juego y yo venía de una segunda cirugía. Y Alex fue el que vino, me dio una palmadita y me dijo – Yo estoy. Para mi eso fue importante, sin contar que es un jugadorazo. A principios de año no fue bueno, nos teníamos que adaptar el uno al otro, yo no estaba aún al cien por cien. Yo jugaba a una cosa, él a otra, yo me enfadaba, él se enfadaba… Hubo un momento en el que él estaba mal, con poca confianza y como te decía antes, es cuando te pasan cosas que abres un poco más la cabeza y se dio cuenta de que si no cambiaba (tenía mucho potencial) no iba a poder exprimirlo al máximo. Dio un cambio radical. Un chico de 24 años que tiene esa claridad de hacer las cosas ahora o se le iba el tren. Así que hoy hace que por lo menos juguemos a algo. Es un paso en el camino para empezar, por lo menos ahora estamos los dos JUNTOS.

P: ¿Le ha ayudado usted a él con la buena actitud que tiene ahora?

R: Yo creo que le he ayudado y que por momentos no le he ayudado, incluso le he perjudicado, pero porque yo veía que él podía cambiar y ser mejor. Y creo que él me ha ayudado a mí, sobre todo en su actitud, cuando yo estaba más cabizbajo. Y yo pienso que le ayudé intentando hacerle ver que no había ningún problema y que si tenía alguno fuera de lo que es el pádel, yo iba a estar ahí para lo que él me necesitase. Yo quería que él sintiera que yo estaba ahí más allá de lo que es el pádel. Mucho más no hice, llevamos muy poco juntos. Yo ocupándome “de lo mío” no tenía tampoco la cabeza muy para él.

P: Les llaman la Pareja Marvel  ¿por qué?

R: (risas) Bueno, es por el gran parecido físico que Alex tiene con el capitán américa. Y a mí que me dicen la bestia, pues Hulk. A la gente les gusta y a nosotros nos divierte. Es una forma de que la gente se acuerde de nosotros.

P: ¿Quién les bautizó así?

R: A Alex creo que se lo puso Juan Martín Díaz. Y a mí lo de la bestia derivó en Hulk y lo de la pareja Marvel creo que fueron los chicos de comunicación de World Pádel Tour.

P: ¿Es usted de los jugadores más antiguos ¿ha cambiado mucho el pádel desde entonces?

R: ¡Buah! Si hubiesen vivido aquello hoy verían las cosas de otra manera. Cuando nosotros vinimos de Argentina, los contratos de pala no existían. Venías sin nada y a sobrevivir como podías. El pádel en España está creciendo, dio pasos de gigante y hoy hay que aprovechar lo que tenemos.

P: Los chicos de pre previas y previas de ahora también están así, ¿Son los grandes olvidados? ¿Cree usted que se valora el sacrificio que hacen para estar, para jugar sus torneos, para sobrevivir?

R: Lo pasan mal, muy mal. Nosotros lo pasábamos así o peor, porque veníamos sin un centavo. Entrabas a cuadro y cobrabas 50e y te habías gastado 300. Nosotros dormíamos en los coches, en la playa…Es duro, ojalá no tuviera que ser así, pero en todos los deportes donde se tengan que jugar clasificaciones los costes corren a cargo de los jugadores.

Recuerdo que el primer año que estuve aquí  jugué once partidos, once, y llegué a semifinales en Marbella y con los ochocientos y pico euros que gané, tiré toda la temporada. Y jugaba por la mañana y por la tarde y no tenía tiempo para nada, comía unas patatas fritas y me iba a jugar. Aquello era más hambre de ganar, tenías que ganar para vivir.

Es duro para los chicos, yo les entiendo porque lo pasé, pero la manera de salir de ahí es ganar. Hay que esforzarse y ganar y depende de ellos. Suena mal, suena feo, pero es así.

P: ¿Cuánto tiempo dedica a la semana al ejercicio físico?

R: Unas 20 horas a la semana y cada dos semanas con el psicólogo, dependiendo de la temporada.

P: ¿Se atreve con un pronóstico para éste año?

R: Es difícil eso. Cuando yo era pareja  5 o 6 los jugadores entraban a jugar contra ti a ver qué podían hacer. Hoy los jugadores entran directamente a ganar. Por eso el convencimiento de yo puedo, de trabajar duro, es tan importante. Hoy los chicos están convencidos de que te pueden ganar.

P: ¿A qué le gustaría dedicarse y emplear su tiempo libre cuando deje de ser jugador de pádel profesional?

R: Tengo claro que seguiré vinculado al mundo del pádel. Me apasiona entrenar en alta competición, siento que pongo el alma cuando lo hago. Soy muy exigente cuando veo que esa persona puede dar más de sí. También me apasiona jugar al fútbol y tengo claro que cuando  pueda jugaré todo lo que ahora no puedo jugar (no se nos permite practicar deportes de riesgos para evitar posibles lesiones). Los coches también me gustan muchísimo, tengo amigos que se dedican a hacer carreras. Y soy un hombre muy hogareño, quizás debiera salir más. A Marina le encanta viajar. Yo soy feliz cortando el césped, cuidando la piscina…

P: Es obligado en ésta sección una anécdota divertida.

R: La anécdota más divertida que tengo es del primer año que vine a jugar a España, en Marbella llegué a semifinales con Dani Sandoval y llevábamos dos semanas viajando y jugando sin poder lavar la ropa, en verano y nos tiramos una hora lavando la ropa en las duchas y de allí nos fuimos a las pistas de abajo a colgar la ropa allí. Imagínate la ropa de dos semanas, de dos flacos que venían jugando veinte partidos. La ropa colgada por todas las pistas, en los alambres, en las redes…y justo pasó el director del club en ese momento y no lo podía creer. Obviamente, le pedimos disculpas, pero es que era la única manera. Después de eso, en 2009, yo le recordaba a Kiko aquello. Y bueno, esas cosas son las que vas a recordar.

Y aquí termina esta conversación junto a, sobre todo, un grandísimo ser humano. No sé qué le deparará a Agustín Gómez Silingo el futuro. De lo que estoy segura, es de que esa fortaleza y esa calidad humana que a él le rebosan, son compañeros esenciales para su trayecto. A dónde sea que vaya, no va solo, no sólo tiene a Marina, tiene la declaración de amor, en formas de ovación y aplausos, que el  público, el aficionado al pádel, le declara cuando entra en la pista. Y eso él también lo necesita. Con todo mi cariño y agradecimiento por mostrarme esa parte tan importante de él y de su vida, le deseo muchísimo éxito y ánimo.

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