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Una y no más, Santo Tomás

La ciudad costera de Calella, equidistante de Barcelona y Girona, celebraba estos pasados días de Semana Santa su tradicional Torneo Internacional de Balonmano, con la, cada vez, menor participación de equipos, y ellos sabrán cuál ha sido el motivo para que con el paso de los años, este evento vaya cayendo poco a poco en picado hasta llegar a una situación bastante deplorable si lo comparamos con otros torneos que se celebran a lo largo y ancho de nuestra geografía.

Así, pues, en su día, el BM Ardoi, club con el que me une una relación deportiva desde hace siete años, decidió inscribir a tres de sus equipos, a la sazón, cadete y juvenil masculino y juvenil femenino. Pasaban los días y apenas teníamos noticias de la organización (Spainsports) en lo que respecta a equipos participantes, calendarios, etc. A última hora, se nos comunicó que debido a la ausencia de equipos juveniles femeninos, el equipo del que soy entrenador (juvenil femenino) debería participar en el evento en un único grupo compuesto por cuatro conjuntos, tres senior y uno juvenil, con lo que eso conlleva, y teniendo en cuenta que los otros tres eran, dos alemanes y uno suizo. Aceptamos la propuesta ya que no podíamos a esas alturas echarnos atrás ni quitar la ilusión a las chicas, para las que este viaje suponía un premio fin de temporada. Los equipos en cuestión eran ATV/KV Basel, de Suiza, SV Warnemünde A, SV Warnemünde B y BM Ardoi, que formaban un único grupo. Así las cosas, nos tuvimos que enfrentar a equipos con una complexión infinitamente superior, pero nuestra ilusión podía mucho más que todo eso, y así competimos en el primer partido contra el equipo alemán, el B, compuesto en su mayor parte por jugadoras “veteranas”, y lo dejo entrecomillado, además de otras bastante más jóvenes. El resultado fue de victoria, lo que supuso un subidón de adrenalina tremendo para unas niñas de 16-17 años. En el segundo de los partidos, las contrincantes fueron el equipo alemán A, más formado, con mejores prestaciones y, lógicamente, más complicado para nosotras. El marcador fue siempre de cara para las germanas, pero en un último esfuerzo, conseguimos empatar, por lo que ya teníamos 3 puntos en nuestra casilla clasificatoria. Posteriormente, se lo jugaban entre los dos equipos alemanes y ahí es donde dio comienzo el esperpento, francamente denigrante y falto de todo respeto, ética y fair-play. Ambos equipos, ya de salida, se intercambiaron jugadoras, en los banquillos se pudieron observar latas de bebida de dudoso contenido, una jugadora era excluida, se quitaba la camiseta y se alineaba con el otro equipo para seguir jugando, y así infinidad de números “circenses” impropios de una competición con solera como la de Calella. Pero lo más grave es que tanto la organización como los componentes del Colegio Territorial de Árbitros, permitían semejantes tropelías, sin aplicar las sanciones tipificadas en el RPyC y en el Reglamento Disciplinario, por lo menos según la pomposa reglamentación del torneo, en la que se aseguraba que el mismo estaba supervisado por la Federación Catalana de Handbol y el Colegio de Árbitros permitiendo esos excesos altamente deplorables. Hasta el público presente en el polideportivo de Pineda de Mar, y no precisamente el navarro, se quedó perplejo ante semejante provocación. Lógicamente, el BM Ardoi presentó un recurso ante el “Comité de competición/Consejo de ancianos” (mejor no calificarlo), exigiendo la descalificación de ambos equipos ya que su actuación había adulterado de forma clara y evidente la competición, no permitiendo al BM Ardoi jugar la final del Torneo. La respuesta fue francamente, no ya decepcionante, sino cutre y vergonzosa por parte de los “miembros” de ese “comité político” impropio de estos tiempos que vivimos. Como ya intuíamos, rechazaron nuestra reclamación y no quisieron “meterse en líos”, no vaya a ser que los alemanes no vuelvan, porque ya nos dijeron, entre otras lindezas, que ¡les había costado mucho el viaje!, coño (y perdón) como si a nosotros nos lo hubieran regalado.

Pero aquí no termina la odisea. A pie de pista, y en el Polideportivo de Calella, “habitaba” estos días un señor, para más señas de nombre Jaume (no sé su apellido) que me da la sensación de que ostenta alguna reminiscencia del antiguo régimen, ya que sus dotes de autoritarismo están muy cercanas al antiguo dictador. Se le notaba recto en sus ademanes, aunque “redondo” en sus formas, y no paraba de amonestar por doquier a todo aquel que le llevara la contraria ante sus absurdas exigencias. Hasta tal punto llegó el desmadre que exigía que los cambios ataque-defensa se realizaran en el espacio que queda entre la línea de cambios marcada en el suelo y la línea técnica, que no puede sobrepasar un oficial a no ser que vaya a solicitar un time out a la mesa. Le recuerdo a ese “caballero” lo que dice el Reglamento:

“La línea de cambio (un segmento de la línea de banda) para cada equipo se extiende desde la línea central a un punto situado a una distancia de 4’5 metros de ella. Este punto final de la línea de cambio está delimitado por una línea que es paralela a la línea central, extendiéndose 15 cm hacia dentro de la línea de banda y 15 cm hacia fuera de ella”.

En una de esas, el entrenador de nuestro equipo juvenil, se enfrascó con D. Jaume en esa discusión, hasta el punto de expresar el citado entrenador la frase “esto es una vergüenza, no nos puedes exigir eso, porque el reglamento es claro en esta cuestión”, a lo que el ínclito impartidor de justicia de la organización le obligó a uno de los árbitros a que le enseñara tarjeta roja, por lo que fue expulsado del banquillo antes del inicio de la segunda parte del partido que se disputaba. No quiero pensar cosas raras, afán de protagonismo, aquí mando yo, me caéis mal porque ya habéis presentado un recurso y nos escuece… no le faltaba más que la insignia de la Gestapo o de las SS. Resumiendo, actitudes caducas, desproporcionadas y que en nada ayudan a este Torneo que, o cambia a los dinosaurios que pululan por las oficinas del Polideportivo, o les auguro un futuro muy negro. Y lo hablamos con varios miembros de otros equipos que coincidían con nuestra apreciación. Pero eso sí, los alemanes, felices, sumergidos en sus cánticos provocados por efluvios cerveceros —entraban a todos los recintos con botellas de cristal—, subidos de tono, y con propuestas etilométricas preocupantes, pero eso no importa, son guiris y en este país se les permite todo tipo de excesos… ¡joder, es que les ha costado mucho el viaje y el alojamiento, faltaría más que no disfrutaran de prebendas! A nosotros, los equipos españoles, nos dan igual, hay que tratar bien a los merkelianos, que son los de la pasta. Muy triste.

Pero a pesar de todo, y con un hueco en la mochila para la decepción, sí que sacamos algo en claro. La convivencia, el respeto, el fair-play y la educación para con los demás ha sido exquisita por parte de la representación del BM Ardoi. Hemos disfrutado, no tanto del balonmano, pero sí de personas, las nuestras y las de otras comunidades que, al fin y a la postre, es lo que nos queda.

Por cierto, qué ricas estaban las cañas de cerveza Maestra (Mahou) de un bar gallego que encontramos. Eso también fue un disfrute, así como el trato que recibimos en ese bar.

Aquí os dejo evidencia de lo que cuento:

Imagen destacada: Jokin Elizari

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