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Reinventarse para volver a ganar: “El nuevo Roger”

Después de la última victoria en Wimbledon 2012 Federer tuvo una larga travesía por el desierto en lo que a victorias de Grand Slam se refiere, tras la que decidió reinventarse a sí mismo para seguir compitiendo. Roger continuaba enamorando con su tenis, continuaba ganando títulos (“de forma mucho menos asidua que antes”) pero los partidos de Grand Slam a cinco sets contra los jóvenes talentos, portentos físicos y jugadores hambrientos de gloria del circuito se le hacían largos, no solo física sino también mentalmente. El tenis del de Basilea seguía intacto pero con eso solo ya no le valía, había perdido el “instinto asesino”, Roger se tensaba muchas veces en los partidos importantes y desperdiciaba infinidad de bolas de break. Se empecinaba en jugar de tú a tú desde el fondo de pista contra tenistas que desde esa distancia son casi infranqueables como Nadal, Djokovic y Murray. Era el Roger que le había “perdonado la vida” a Novak en 2014 en aquel quinto set de la final de Wimbledon.

En 2016 llegó uno de los momentos que más encogió el corazón a los seguidores de Roger y del tenis en general. En el quinto set de la semifinal de Wimbledon contra Milos Roanic al genio suizo le fallaban las fuerzas en su rodilla derecha y caía como un “pelele” boca abajo sobre la hierba de la catedral. La pista se quedó muda. Roger terminó el partido arrastrándose (el nunca se ha retirado de un partido en toda su carrera). Al propio Milos le dio “apuro” celebrar el pase a la final. Apenas veinte minutos antes había visto desplomarse al más grande a escasos metros de sus narices.

A las pocas semanas Federer informaba que no volvería a jugar en lo que quedaba de 2016, iba a someterse a una intervención quirúrgica mediante artroscopia en su rodilla derecha para reparar el maltrecho menisco, y necesitaba unos meses para “limpiarse” mentalmente y buscar soluciones a muchas cosas.

Un mes después, justo después de los JJOO de Río de Janeiro Rafa Nadal anunciaba también que no iba a competir en lo que quedaba de año, necesitaba recuperarse de todas las molestias físicas que tanto daño le estaban causando. El circuito quedaba huérfano de los dos jugadores más carismáticos del tenis en la actualidad.

Djokovic y Murray estaban dominando el circuito en los últimos dos años y medio y el 2016 se les había quedado despejado para seguir haciéndolo.

“El nuevo Federer”

Llego 2017 y con ello, la reinvención, el nuevo Roger Federer, el que había asumido que si quería volver a ganar tenía que “mancharse” la camiseta, el que había comprendido que en los momentos menos importantes o momentos de transición de un partido era más rentable perder dos puntos en la red que ganar dos de fondo después de largos intercambios. La diferencia de edad y los casi quinientos partidos de media que lleva a sus espaldas más que el resto de sus principales rivales era un hándicap que había que compensar de alguna manera.

Roger había dejado en 2014 de lado su mítica raqueta Wilson Pro Staff 90 aquel maravilloso “palo” con el que había ganado 17 “majors”, desde ese 2014 hasta 2016 había probado distintos modelos de raquetas, siempre dentro de la gama Pro staff. Necesitaba algo que le hiciera la vida más fácil y que no le costara tanto mover, había probado varios tamaños de “cabeza” 98 y 97 con el mismo peso que la Pro Staff 90 (360 gramos aprox. cordaje incluido) iba “jugando” con el reparto de peso y balance de la raqueta. La solución en cuanto a material la había encontrado con la nueva Pro Staff 97 RF, esta raqueta tiene el mismo peso que las que ha usado siempre pero tiene más margen de error en el golpe, y le permite imprimir potencia a los golpes con mayor facilidad y menor esfuerzo (el reparto de peso y balance es distinto al de las anteriores).

Federer se planta en el Open de Australia 2017 sin haber jugado un partido oficial desde la famosa semifinal de Wimbledon 2016. Lo único que se le había podido ver jugar a Roger desde entonces eran tres “pachangas” en la Copa Hopman.

Roger va pasando rondas en Australia, no sin apuros. Ya se le apreciaban muchos cambios en su estrategia de juego y en su forma de afrontar los partidos. Saca dos encuentros durísimos ante Nishikori y Wawrinka a cinco sets antes de plantarse de nuevo en una nueva final de Grand Slam con 35 años, ante el asombro del mundo del tenis y del deporte en general y el miedo a lo que pudiera pasar en esa final de los que ya le habían enterrado por enésima vez.

Su rival en la final Rafael Nadal con el que sin duda alguna comparte una de las rivalidades más importantes de la historia del deporte, no solo del tenis, una rivalidad sana y limpia en la que predomina el respeto mutuo por encima de cualquier otra cosa.

A Roger el tenis de Rafa siempre le había hecho daño, no le dejaba ser él.

La final es un partidazo que quedará para los anales de este deporte. Roger sale a la pista a “comerse” al rival y el partido. Rafa con la estrategia de siempre contra Roger (“la que le había funcionado tantas veces”). Pero la cosa ha cambiado, el suizo no falla una pelota de revés y está “friendo” a ganadores con este golpe al español, cada vez que Nadal le tira una bola alta con peso al revés Federer se mete en la pista para cogerla a “bote pronto” o en trayectoria de subida de la bola y la devuelve con una facilidad pasmosa, ya sea en forma de ganador o para coger la iniciativa del punto. La cara de sorpresa y asombro de Rafa lo decía todo, de tirarle bolas altas a Roger a su revés para hacerle daño a no poder ni “tocárselo”. Cuando el español intentaba hacer el punto largo el suizo lo acortaba con un tiro de fondo ganador o subiendo a volear a la red con una precisión solo al alcance de Roger. Federer había sido muy superior en la final y sin embargo estábamos en el quinto set con 3-1 a favor de Nadal. Lo que demuestra una vez más que el tenis no es solo tenis, el apartado mental (“el tener las menores desconexiones posibles”) y el físico tienen la misma importancia que el propio juego. Con 3-1 en contra Federer nos enseña otra de las nuevas facetas del “nuevo Federer”, la de no rendirse nunca y no perdonar la mínima oportunidad de éxito que tenga. El suizo no solo recupera el break en contra, le hace cinco juegos seguidos al español. Muchos de los puntos que se vieron en esta parte del partido son de los que han quedado para siempre en la memoria del buen seguidor del tenis y que hemos tenido oportunidad de ver infinidad de veces en los Highlights. El punto de partido con el que Roger gana el título parecía hecho a medida para el momento, El suizo manda la derecha liftada envolvente a la mismísima línea. (“precisión suiza”). Rafa reclama la bola al “Ojo de Halcón”, la situación obligaba a hacerlo (“aunque todo el mundo que estaba viendo el partido incluidos los propios Nadal y Federer sabían que la bola había “picado” línea”). El “challenge” lo confirmaba, Federer (“el nuevo Federer”) volvía a ganar un Grand Slam cuatro años y medio después, a sus 35 años.

Nadal terminó tocado mentalmente la final, Federer le había “cogido el tranquillo” a su juego y le había ganado en su terreno, el quinto set. De encontrarse cómodo jugando contra Roger a no querer verle ni en pintura como quedó demostrado en los tres enfrentamientos posteriores a Australia en los que se vieron las caras en 2017. En los tres Rafa salió derrotado de antemano, en ninguno de ellos ha podido ganarle un set a Federer y tampoco ha conseguido romper ningún saque del suizo (“Nadal no ha podido romper el saque de Federer desde el quinto set de la final de Australia 2017”).

El “nuevo Federer” también ha cambiado su planificación del año. Reduciendo el número de torneos a disputar notablemente. Ha quitado la tierra batida de su calendario (“quien sabe si para siempre visto los grandes resultados”). Si algo tiene Federer es que es muy inteligente y no necesita a nadie que le diga como auto-gestionarse, sabe que ganar de nuevo Roland Garros a estas alturas de su carrera sería casi imposible con jugadores como Nadal, Djokovic, Thiem o Wawrinka y no va a malgastar ni un gramo de fuerza en intentarlo. Roger también sabe que desgastarse mental y físicamente en partidos largos de tierra batida le pueden lastrar para el resto del año. Y no nos engañemos, el principal objetivo de Roger es ganar Grand Slam pero priorizando Wimbledon por encima de cualquier otro.

En julio Federer ganaba su décimo noveno grande en Wimbledon. Arrasando a todos, parecía que habíamos retrocedido catorce años en el tiempo. A punto de cumplir 36 años el de Basilea ganaba de nuevo en la catedral haciendo un Perfect (“sin ceder ni un set”). Su rival en la final, el croata Marin Cilic poco pudo hacer. Viendo que el suizo lo estaba pasando por encima y superado por la situación y el lugar, el bueno de Marin tuvo que reclamar la presencia del médico en pista, el croata estaba sufriendo un problema de ansiedad. Con todo esto Cilic aguantó hasta el final sin retirarse del partido, cosa que le honra.

A pesar de caer en los cuartos de final del Us Open ante Del Potro, Federer cerraba un año sobresaliente a sus 36 años. Inimaginable incluso para él 365 días antes.

En 2018 “el nuevo Federer” ha logrado el vigésimo título Grand Slam hace poco más de una semana, lo ha ganado con 36 años como lo hacía a los 26, casi paseándose.

La crónica del partido y las grandes emociones que se vivieron en la final están expresadas a la perfección por Alberto Matallana en el artículo: Roger ¿vas a parar algún día de hacer historia? http://sextoanillo.com/index.php/2018/01/28/roger-federer-vas-parar-algun-dia-historia/

Que Federer esté logrando lo que está logrando a sus 36 años está produciendo un “efecto boomerang” o “efecto veleta” en algunas de las voces más autorizadas del tenis mundial, que en su momento se atrevieron a lanzar un órdago demasiado atrevido.

¿Jhon, Mats, en qué quedamos?

También le pasó al mismísimo Toni Nadal, gran entrenador como ha quedado demostrado sobradamente pero bastante peor vidente. “El tío Toni” escribía el pasado 29 de enero en elmundo.es con motivo del triunfo de Federer en Australia un bonito artículo sobre Roger. Pero lo escribía como si nunca hubiera dicho lo que dijo ese 18/11/2016. (“la memoria selectiva del tío Toni había entrado en funcionamiento”)

Y es que cuando lanzas un órdago sobre el “más grande” has de hacerlo con todas las consecuencias, porque posiblemente tarde o temprano tenga su “efecto boomerang” o “efecto veleta”…. tenerlo en cuenta Toni, Mats, Jhon.

Roger Federer es el mejor jugador de la historia, pero no lo es solo por el número de Grand Slam que tiene,  lo es por la manera de jugar al tenis, la elegancia, lo distinto que es su juego al del resto, los golpes de genio que tiene, lo que es dentro y fuera de la pista, por como compite con gente mucho más joven que él y porque ama su profesión (el tenis) más que nadie.

Emerson ganó doce grandes y Laver once, sin embargo Emerson no ha sido más grande que Laver ni “soñando”. Ronaldo nunca será tan grande como Messi aunque acabe ganando más balones de oro, decir lo contrario parecería una broma…. de hecho sería una broma.

Aunque Nadal y Djokovic (dos fueras de serie) ganasen “28 Grand Slam” cada uno nunca serían tan grandes como Federer, decir lo contrario sería faltar a la verdad e “insultar” al tenis.

Pueden ver los precedentes de toda esta historia en este artículo : http://sextoanillo.com/index.php/2018/02/07/como-se-forjo-la-leyenda-de-roger/

fotos: elmundo.es, australianopen.org, lanacion.arg y puntodebreak.com

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