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Antídoto contra incrédulos

Si se hubiera hecho una encuesta antes del partido sobre el resultado del encuentro ante Alemania, la mayoría de los entrevistados seguramente habrían respondido con cierta dosis de desesperanza, y más tras el enfrentamiento ante Eslovenia del que los hispanos salieron trasquilados.

Alemania 27 31 España

El inicio del partido no fue nada halagüeño para ninguna de las dos escuadras, ya que les costaba introducir el esférico en la portería contraria. Valero Rivera erraba un 7 metros ante Andreas Wolff, y Patrick Wiencek echaba a perder una clara ocasión desde los 6 metros ante Gonzalo Pérez de Vargas. La mannschaft marcaba sus primeras diferencias de la mano del potente brazo de Julius Kühn, mientras que por el lado hispano eran Eduardo Gurbindo y Julen Aginagalde los más acertados. Jordi Ribera tenía claro que la envergadura de los germanos en defensa iba a conllevar demasiados quebraderos de cabeza al ataque español, por lo que la consigna se resumía en circulaciones de balón muy rápidas así como la búsqueda de Aginagalde en los 6 metros. La defensa 6:0 funcionaba a la perfección, pero con una variable clara en la que los penúltimos defensores disuadían en profundidad y realizaban salidas al impar que suponían unos importantes réditos para los intereses hispanos.

Alemania mantenía su invariable 6:0, pero se le notaba bastante incómoda y con problemas en el 1×1 tanto de Dani Sarmiento como de Gurbindo. Poco antes de llegar al ecuador de la primera mitad, España se adelantaba en el luminoso por medio del jugador navarro que conseguía el 5-6. Christian Prokop trataba de dar otro aire a su equipo realizando cambios en la primera línea, dando entrada a Kai Häfner, así como sustituyendo a Wiencek por Hendrick Pekeler. Pero no era el día de los actuales campeones de Europa, mientras que los de Jordi Ribera comenzaban a creer en sus posibilidades. Ferrán Solé se sentía cómodo ante Wolff en los lanzamientos desde los 7 metros, Sarmiento dirigía con acierto la ofensiva hispana y la entrada de Adrià Figueras por Aginagalde daba un respiro al de Irún. Ribera variaba la defensa a 5:1 y esta circunstancia rompía bastante los esquemas alemanes muy poco acostumbrados a este tipo de defensas. Rodrigo Corrales, —a la postre uno de los destacados—, sustituía a Pérez de Vargas a los 23 minutos, al parecer, por un lesión del meta toledano. Se llegaba al descanso con una mínima ventaja para España de 13-14 que no aclaraba para nada el futuro, a la espera de una apasionante segunda mitad.

Eduardo Gurbindo trata de superar a Maximilian Janke – Fotografía: EHFEURO

Uwe Gensheimer —muy oscuro a lo largo de todo el partido—, marcaba el empate a 14 goles al poco del inicio, pero España, que se veía con fuerzas, con ganas de guerra y con una actitud y buen juego encomiables, comenzaba a derribar el muro germano que cometía demasiados errores en ataque y no era capaz de perforar la meta de Corrales a lo largo de 12 largos minutos, mientras que los hispanos eran un torbellino, en el que destacaban Solé, Gurbindo y Raúl Entrerríos. Ni la defensa alemana ni Wolff eran capaces de parar el volcán español, que aupado por la soberbia actuación en la portería de Corrales llevaban a un catastrófico 15-23 para los intereses de los centroeuropeos.

Silvio Heinevetter sustituía a Wolff, Jannick Kohlbacher a Pekeler, Tobias Reichmann a Patrick Groetzki… pero Alemania no las tenía todas consigo. Prokop ponía 7 jugadores en ataque, y España respondía con 3 goles seguidos ante los errores de pase de sus jugadores. Alemania se hundía, se les notaba en sus rostros, no había solución ante el gran juego tanto ofensivo como defensivo de España. Quince minutos de toma y daca, de intercambio de goles, pero la ventaja española suponía un lastre demasiado pesado para los germanos que se desangraban poco a poco en la pista del Arena Varazdin. Todavía Alex Dujshebaev era capaz de marcar un último gol por debajo de las piernas del espigado Finn Lemke, llegándose a la conclusión, a un final, como decíamos al principio, quizás inesperado, pero absolutamente justo.

Philipp Weber ante Valero Rivera y Viran Morros – Fotografía: EHFEURO

España doblegaba de manera tajante a Alemania, sin peros, proponiendo un balonmano dinámico y, sobre todo, con una actitud encomiable y creyendo en lo que hacen desde el minuto uno. Jordi Ribera puede sentirse orgulloso, al igual que los jugadores de su entrenador. Ribera ha dotado de versatilidad, variabilidad en las acciones y en los procedimientos, capaz de tomar decisiones acertadas desde la dirección de equipo. Hoy ha dado toda una lección de sabiduría, algo que hacía mucho tiempo no veíamos en la selección española. Que dure mucho tiempo.

Ficha técnica
Alemania: Wolff y Heinevetter; Gensheimer (2), Lemke, Wiencek (2), Reichmann (4), Pekeler (2), Weinhold, Weber (4), Fäth, Groetzki (2), Häfner (4), Janke, Dahmke, Kühn (4) y Kohlbacher (2).
España: Pérez de Vargas y Corrales; Gurbindo (4), Rivera, Enterríos (4), Dujshebaev (5), Sarmiento (2), Aginagalde (4), Cañellas, Morros, Ariño (1), Guardiola, Goñi, Solé (5), Balaguer (6) y Figueras.
Marcador cada 5 minutos: 1-1, 4-3, 6-7, 8-8, 10-12, 13-14 (descanso) 15-16, 15-18, 15-23, 19-26, 23-28, 27-31 (final)
Árbitros: Pichon y Reveret (FRA). Excluyeron a Gensheimer y Weinhold por Alemania, y a Gurbindo por España.
Incidencias: Último partido en el Grupo II de la Main Round celebrado en el Arena Varazdin ante unos 1.289 espectadores.

Imagen destacada: EHFEURO

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