Balonmano Femenino BM Opinión

El esfuerzo para seguir un sueño

Buscáis la fama, pero la fama cuesta y aquí es donde vais a empezar a pagar. Con sudor.”

Seguramente que a muchos esta frase os recordará a Lydia, la dura profesora de baile de la serie Fama, tan aclamada en los años 80.

Y aunque aquellas palabras iban dirigidas a un grupo de aprendices de bailarines, las podemos extrapolar al mundo del balonmano en general y del femenino en particular.

Sí, la fama cuesta, y llegar a la élite del balonmano nacional y mantenerse también, y por ello muchas de sus protagonistas pagan un altísimo precio.

Nos encanta disfrutar en los partidos de sus filigranas con el balón, sus paradas y sus goles pero ¿valoramos realmente lo que tenemos?

En España, la máxima categoría de balonmano la integran catorce equipos. De ellos, ninguno es completamente profesional, aunque algunos sí ofrecen a parte de sus jugadoras contratos acordes con la categoría.  Pero la mayoría  no se pueden permitir el lujo de pagar una ficha de la que ellas puedan vivir y esto hace que se tengan que buscar una fuente económica que no siempre es fácil de compaginar con la vida en el deporte.

Para muchos sería impensable que sus ídolos en el campo tuviesen una vida paralela en una fábrica, una tienda o atendiendo a clientes, pero eso es muy habitual entre las integrantes de los mejores equipos de balonmano de nuestro país.

Además de la cuestión económica, no tener dedicación exclusiva al balonmano las obliga a desdoblarse también mentalmente y eso muchas veces lastra su rendimiento en la pista.

Aunque podría poner muchos ejemplos, esta vez me centraré en una de las porteras del BM Aula, Lourdes “Lulu” Guerra.

Esta palmense (1990), llegó a las filas del Aula —que estaba en Plata— para la temporada 2012/13 procedente del Balonmano Remudas Rocasa Gran Canaria. Su experiencia en ese equipo, así como en las categorías inferiores de la selección española, hizo que Miguel Ángel Peñas apostase por ella.

Y no se equivocó, convirtiéndose en uno de los pilares del equipo con sus prodigiosas intervenciones y siendo una de las partícipes del ascenso del equipo a División de Honor Femenina en esa misma campaña donde sigue demostrando su valía.

Los inicios debieron ser complicados para una joven que en aquel momento tenía apenas 22 años, ya que dejaba a los suyos a muchos kilómetros, y aunque no tenía dudas de que la apuesta deportiva era segura, la incertidumbre económica también pesaba.

Junto a la ficha en el equipo, se le buscó un trabajo que le permitiese vivir, y con esa mínima estabilidad personal sigue haciendo las delicias de todos los aficionados vallisoletanos.

Actualmente su vida gira en torno a su pasión —el balonmano— y su trabajo. Se levanta cada día al filo de las ocho de la mañana para ir a trabajar. Hasta bien pasadas las 14 h. no llega a casa para comer y coger fuerzas para el entrenamiento.

Suele pasar en Huerta del Rey una media de dos horas diarias, en los que alterna sesiones de vídeo con entrenamiento con y sin balón. Y todo ello aderezado con una dosis diaria de preparación física en el gimnasio.

En caso de que el partido sea el fin de semana, y en casa, sus obligaciones laborales no se ven afectadas, pero si juegan fuera, a veces es necesario solicitar algún permiso, especialmente para desplazamientos de muchos kilómetros en los que se combinan varios medios de transporte. Una vez terminada la jornada correspondiente, llega el lunes y vuelta a empezar.

Y todo ello sin contar con que el partido se juegue entre semana, lo que dificulta mucho su incorporación al equipo. Tanto es así, que en alguna ocasión ha tenido que viajar al margen de la expedición obligándola a llegar casi al límite del comienzo del partido, o tirar de vacaciones para  hacer frente a la exigencia de los horarios establecidos para los partidos, que no siempre se diseñan teniendo en cuenta estas limitaciones.

Lulu es sólo uno de los muchos ejemplos de deportista que, militando en la máxima categoría, tienen que compaginar la vida laboral con su pasión, que en este caso es jugar al balonmano. El tema de quienes estudian también merece una mirada más profunda, que dejo para otro momento.

Y la sensación es que la competición, tal y como está actualmente diseñada, no sólo no tiene en cuenta cuestiones como las ya expuestas, sino que además no valora el esfuerzo realizado por los clubes y sus integrantes para conseguir una liga lo suficientemente potente como para que compita con las de otros países.

Entiendo que los recursos económicos a nivel federativo también son limitados, pero es necesario no perder de vista el factor humano ya que es la esencia del deporte y sin él no tenemos nada.

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