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Athletic Club y Experiencia VIP, ¿Necesidad o puro negocio?

Parece ser que el fútbol y el negocio se confunden cada vez más. Ningún club de fútbol del planeta está a salvo, desde el club más pequeño hasta los titanes del fútbol mundial. Si no se participa de este “juego”, se parte en desventaja con respecto a los que sí. Pero hay unos extremos que es mejor dejarlos intactos.

Es cierto que todo club quiere dotar a su estadio de ciertas comodidades, para agasajar a aquellos que quieran vivir algo más que un simple partido de fútbol. Y eso no es para nada reprochable. Es más, es totalmente recomendable de cara a imagen exterior del club en cuanto a trato con los clientes y comodidades ofrecidas. Sin embargo, a veces es mejor sacrificar ciertas comodidades en pos del bienestar de un club y de aspectos más relevantes: fichajes, mejora de las instalaciones…

Un ejemplo claro sería el Athletic y su “Anillo VIP”. Creado por la directiva actual, pretende agasajar a aquellos que adquieran un ticket o abono con un sinfín de comodidades y ventajas: restaurante llevado por cocineros vizcaínos con 9 estrellas Michelín en total, posición privilegiada para disfrutar del partido, acceso a todo el anillo VIP, parking disponible… Y un largo etcétera de atributos que, a priori, no aportan más que ventajas.

El problema viene con el tema precios. Sólo por dos entradas para un partido cuestan 320 euros. Una cifra bastante elevada para el bolsillo del ciudadano medio. Curiosamente, con ese mismo dinero, se pueden adquirir entre 20-22 entradas para el Gazte Eguna” que organiza la entidad bilbaína. Esto puede ayudar a hacerse una idea de lo que se podría adquirir con dicho dinero.

La cuestión, por lo tanto, es la siguiente: ¿De verdad es necesario un sector del estadio al cual solo pueden acceder las personas que estén dispuestas a abonar semejante importe y que, peor aún, suele estar vacío en la mayoría de partidos?

Parece como si la directiva presidida por Josu Urrutia se quedase en un momento sin ideas para convertir San Mamés en un estadio puntero y moderno (lo que ya es), y añadir un despropósito que, aunque seguro que se hizo con las mejores intenciones, se ha convertido en objeto de fuerte crítica de la hinchada athleticzale.

No es cuestión tan sólo del negocio, del dinero, y de ver quién es el que contabiliza más euros en su cuenta bancaria. Se trata de mantener viva una pasión y un sentimiento. De mantener viva una tradición pasada de padres a hijos y de abuelos a nietos. Esa tradición de acudir cada 15 días al centro del “Botxo” con la zamarra rojiblanca, con buena compañía y un buen bocadillo, para, como una sola voz, entonar las estrofas del “Altza Gaztiak” y contemplar el rugido del león.

 

Fuente de la fotografía: http://www.bilbaostadium.com/es/

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