Análisis Boxeo

“Canelo” Álvarez vs “GGG” o en busca del reconocimiento perdido

Tenemos la figura ideal: un chico de 27 años con un récord magnífico de 49-1-1 con 34 KO, su única derrota se antoja inevitable ya que sucedió a sus 21 años contra una leyenda imbatible ahora con 50-0 como es Floyd Mayweader. Nacido, como suele suceder en este deporte, en cuna humilde quien se ha forjado a golpes (literal) un nombre en el boxeo, becario por sus méritos de una empresa del otrora hombre más rico del mundo lo que habla de alguien disciplinado y entregado a su profesión lo cual, dada la naturaleza del boxeo no es tan sencillo, actualmente cuenta para muchos con la más alta popularidad en el boxeo hecho que se traduce en las mejores bolsas en muchos años para un peleador latino. Podríamos estar describiendo un tipo de excepción con amplio camino por delante para  llegar a ser un histórico de la talla de Roberto Duran, Carlos Monzón o el propio Julio Cesar Chávez, pero…

 

¿Como es posible que una figura de estas características no concite el apoyo pleno del medio boxístico? ¿Por qué se le escatima el reconocimiento a una “estrella” de este calibre?

 

Para encontrar un poco las respuestas habría que recordar un poco los orígenes y encadenar algunos eventos más bien fortuitos o circunstanciales, algo que nos remite al debut del llamado “hijo de la leyenda” Julio Cesar Chávez Jr., el cual se dio en plena guerra entre las dos televisoras más grandes de México, cada una de estas y con los patrocinios de algunas influyentes marcas sobre todo cerveceras emprendieron una carrera en búsqueda del rating. Tocó la suerte para Saúl Álvarez que fuera el elegido por su peso similar al de Chávez Jr. y sus innegables méritos amateurs;  contando con el apoyo de la televisora se dio a la tarea de construir una carrera exitosa, y es ahí donde aparece su actual promotor quien se da a la conquista de un segmento de mercado integrado mayormente por inmigrantes que nostálgicos por su país de origen, no dudan en sumarse con entusiasmo a todos aquellos eventos y acontecimientos que les regale un momento de cercanía con su denominada “Mexicanidad” ya sea llenando estadios de fútbol aún siendo selecciones menores o saturando arenas de boxeo en las llamadas “fechas patrias” (5 de mayo y 16 de septiembre). Habrá de paso que recordar que este recurso lo implementó Julio Cesar Chávez seguido de Oscar de la Hoya, quien cometió el pecado de haber vencido al “Cesar” cuando este era considerado para los mexicanos casi un héroe nacional, todo lo anterior es legítimo, válido e incluso necesario para la sobrevivencia del boxeo y no se diga el éxito del peleador. El problema viene cuando se cayó en la práctica de abusar de este concepto, tal vez la comercialización lo arrolló, tal vez fue difícil substraerse de las grandes bolsas sin un alto riesgo, es incierto y se puede pensar muchas cosas, pero la realidad es que Saúl comenzó a pelear con pesos más pequeños quienes por esta diferencia  tomaban el riesgo de una conmoción, o con peleadores ya prácticamente en el  retiro o en contiendas donde la pasividad de los oponentes fue un tanto sorprendente y así se ha ido hilvanando una carrera que le ha significado ser millonario a su corta edad y se podría pensar que eso ni más ni menos es éxito en estado puro, pero en un deporte que nos remite a una de las partes de la naturaleza humana más elementales hay dos conceptos que son tan importantes (y en algunos casos más) que el dinero y para más mal que para bien el cuidado de la propia salud: “honor y gloria”. Todos los verdaderamente  históricos de este deporte han ganado y también perdido guerras poniendo por delante honor y gloria y es ahí donde Saúl Álvarez está entrampando, tiene ante sí la gran y tal vez única oportunidad en su carrera de pelear una guerra con sus argumentos que no son pocos buscar ganarla de manera clara, contundente y legítima y con esto ahora si potenciar su carrera, llegarle a los escépticos y definitivamente obtener el pleno reconocimiento que hasta ahora se le ha negado o, arropado por la comercialización pasar la velada lo menos difícilmente posible, apoyarse en el andamiaje de protección dispuesto para sumar un triunfo que le permita continuar por donde viene y posponer hasta quien sabe cuándo su ingreso a la historia.

Saúl Álvarez está como cuando un peleador se sitúa dentro del encordado y suena la campana: solo, completamente solo, y ahí él y nadie más que él tiene la palabra.

Fotos vía: territorioinformativo.com

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