ATP Tenis

Matrícula de honor para Murray

El partido de los partidos. La final de las finales. Un ejercicio a donde sólo llegan los mejores. Y en el que la solución la tuvo el número 1. Campeón y con la nota más alta. Andrew Barron Murray: el alumno que hoy se ha convertido en maestro por primera vez al derrotar (6-3 y 6-4) a Novak Djokovic en uno de sus encuentros más completos del año. En qué momento. En qué escenario.

Titubeante, nervioso. El británico arrancó el encuentro ante su público con cierta tensión. Un 30-30 con dos dobles faltas no era la mejor carta de presentación en el O2. Las casi cuatro horas del día anterior le torcían el gesto. ¿Pesadez? Ni pensarlo. Muchos días soñando con esto. No hay cansancio que valga.

La presión no tardó mucho en transformarse en convencimiento. Convencimiento en sí mismo. Algo de lo que ha pecado en exceso en algunos tramos de su carrera y que ahora mismo rebosa. Su confianza está por las nubes. Ha mejorado en muchos aspectos, sobre todo con su derecha. Pero esa cabeza ahora es puro hielo. Por la frialdad, no por su fragilidad.

Hoy, además, mostró una versión agresiva. Las piernas no estaban para jugar a defender una bola más que el rival y buscó tiros y más tiros sobre la derecha de Djokovic. Tomando más riesgos de los habituales en él. Gracias a ello llegó el primer break, aprovechando la falta de chispa del serbio y penalizando su falta de decisión. 5-3 en el marcador y saque a favor para llevarse al bolsillo el primer parcial.

Aturdido Djokovic, incapaz de encontrar la forma de deshacer el tejido que estaba hilando el de Dunblane. No había manera. Cada vez que intentaba algo, proponer, empujar, sus golpes se iban fuera. La cantidad de errores no forzados, cerca de la treintena, eran una losa demasiado pesada para llevar sólo diez juegos. Ese descontrol lo aprovechaba Murray para quebrar el servicio y establecer una ventaja aún más amplia. El serbio estaba desbordado. La grieta se amplió con otro break y el 4-1 en el marcador. Djokovic entonces se sacudió un poco las vergüenzas, ganó su servició y contrarrestó la desventaja.

Pero ya era tarde. Muy tarde para desperezarse. El número 1 llevaba más de una hora despierto y su rival todavía estaba en la cama. Con 4-3 llegaba el juego crucial, el que te da energía o te derrumba. Le dio alas. Murray quedaba a la espera de su servicio para tocar la gloria con los dedos. Un match point. Otro. A la tercera fue la vencida.

Finalista en Australia y París. Campeón en Londres. Medalla de Oro en Río de Janeiro. Y ahora, maestro y número 1. Gran Bretaña vuelve a creer en su tenis. Murray les ha hecho creer. A ellos y al resto del mundo.

Foto: Team GB

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