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Dear Andre from USA

Andre Kirk Agassi dejó su carrera como tenista hace diez años exactos en este mismo torneo. El US Open significó para él más de lo que ha significado nunca un torneo para un profesional de su talla, así pues, repasamos su trayectoria en este y su carrera general desde un punto de vista emotivo y especial.

El chico malo de Las Vegas‘, sí, ese era un tal Andre Agassi que desde su nacimiento fue atosigado por un deporte maldecido por él y por todos sus hermanos: el tenis. Su padre, Emmanuel Aghassian se obsesionó desde primera hora con que su hijo alcanzase la cima del mundo del deporte de raqueta, llegando incluso a crear una máquina que le lanzaba bolas a toda velocidad y sin capacidad de reacción (apelada por él mismo el ‘Dragon‘). Por suerte, no todo fueron desgracias, ya que desde edades tempranas consiguió despuntar y derrotar a grandes estrellas del mundo del tenis. Pasó por encima de Connors, McEnroe, etc… con pocos años en el circuito, y, poco a poco, comenzó a forjar una historia que siempre estuvo ligada a su odio hacia el tenis.

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Andre odió el tenis desde el primer momento de su vida. Odió este deporte, lo detestó, lo convirtió en una dura lucha constante entre lo bueno y lo malo de su vida, ‘entre lo que debía hacer y lo que de verdad quería’. Era un toma y daca permanente que acabó con hasta un divorcio con la actriz Brooke Shields, con la que vivió los años más felices de su carrera y los más turbulentos de la misma. Años más tarde decidió buscar la forma de terminar con la mejor tenista de todos los tiempos, la alemana Steffi Graf, una chica tímida que tardó en conquistar para acabar con ella el resto de sus días.

Pese al dopaje que admitió desmentir con una carta privada hacia la ATP, pese a su actitud rebelde en la pista y a sus múltiples expulsiones en los encuentros, pese a su mal genio, su inestabilidad mental y su ira en muchas facetas de la vida, Agassi demostró siempre que su ‘imagen lo era todo‘, y lo hizo siendo una gran persona con los demás.

Veinte años acudiendo a este torneo son demasiados años, por lo tanto se dividirá su andada en cuatro capítulos, todos y cada uno de ellos impactantes y con grandes historias tras los mismos.

De 1986 a 1991: ‘Hello, I’m Andre’.

El primero de los primeros, ese momento en el que todos los tenistas sienten las vibraciones en su cuerpo y saben que son simple carne de cañón. Eso mismo fue lo que vivió Agassi en su primera participación en el Open en 1986. Su verdugo en primera ronda fue el británico Jeremy Bates, quien lo privó de la ilusión por 7-6 6-3 4-6 6-4.

Este suceso cambió un poco la forma de ver las cosas por parte del recién convertido en profesional, ayudándole a mejorar notablemente su juego y permitiéndole llegar a clasificarse el siguiente año. Esta vez, el francés Henri Leconte volvería a tumbarle con un resultado muy parecido: 6-4 7-6 4-6 6-3. Hasta aquí llegó la amargura.

Sin saber muy bien por qué, Andre desarrolló en su interior una fuerza inaudita que lo llevó a disputar dos semifinales seguidas en las pistas de Flushing Meadows. En 1988, el año del trofeo de Mats Wilander, derrotó a hasta cinco estadounidenses para adentrarse en las semifinales, y no cinco cualesquiera, sino leyendas como Michael Chang o Jimmy Connors. Cedió un solo set hasta su llegada a semis (ante Rick Leach en segunda ronda), sin embargo, terminó por hundirse ante el checo Ivan Lendl por 4-6 6-2 6-3 6-4.

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En 1989, la historia estuvo consigo cogida de la mano y lo llevó a caer, de nuevo ante Ivan Lendl, y, de nuevo, tras haber derrotado al gran Jimmy Connors, esta vez en cinco frenéticos parciales. El campeón del torneo fue el alemán Boris Becker, privando así por segundo año consecutivo un tenista la victoria de Lendl en la competición.

Tras dos años rozando la disputa por la gloria con las yemas de los dedos, Agassi metió una marcha más y se llevó la sorpresa más abundante de su carrera. Esta vez, Becker quedó anulado en semifinales, no contando nadie con que un emergente Pete Sampras le daría el mayor dolor de cabeza que un tenista ha podido dar a otro. El compañero de juego de pequeño, le endosaría un 6-4 6-3 6-2 que dejaría a todo Estados Unidos rendido a sus pies. Era el principio de una leyenda sin aparente final.

Ahora, es 1991, y los primeros problemas empiezan a comenzar. Andre cae en primera ronda y espera resurgir el siguiente año.

De 1992 a 1996: ‘This is my court and I’m gonna’ show you that’.

Luego de vivir un amargo 1991 en el que perdería la final de Roland Garros, uno de los jóvenes con mayor progresión del circuito se lleva el trofeo en el All England Club vistiendo colores inadecuados. Era el año de la moda, el año en el que la imagen importaba demasiado, y a sus 22 años, podía decirse que lo era todo. Así pues, siéndolo todo y con un Grand Slam bajo el brazo, cayó en cuartos de final sin nada que objetar ante el rodado Jim Courier [6-3 (6)6-7 6-1 6-4].

Nuevamente, momentos difíciles son vividos, y eso se notará en su juego. Tan solo disputará dos grandes: Wimbledon, donde llegará a cuartos de final, y el US Open, donde quedará fuera en primera ronda. Su mejor registro del año serán las semifinales de Cincinnati. Sin embargo, tal y como decía un sabio, ‘siempre que llueve, escampa’, y en la vida de Agassi iba a hacerlo de forma estrepitosa.

En 1994, se demostró, de una vez por todas, que la imagen lo era todo. Primero se coronó en el Masters de Canadá, más tarde, bailó sobre las pistas del Abierto de USA para finalizar con una fulgurante victoria ante el alemán Michael Stich por 6-1 7-6(5) 7-5; y, por último, se llevó el tercer título del año en París. En esos instantes, su magia parecía que iba a extenderse para los restos.

Es 1995, y, hasta el momento, nunca había participado en el Abierto de Australia. En su primera llegada, gana el torneo. Meses más tarde, gana en Key Biscayne y en Canadá nuevamente, así como en Cincinnati. Entonces, aterriza en Nueva York de la mano de una preciosa actriz llamada Brooke Shields que le inspirará a darlo todo en la pista. Agassi muere como Andre y Pete se alza en la Arthur Ashe con un nuevo Open. La victoria duele y lo hace de forma especial. Andre cae en depresión y sufrirá lo nunca visto por un tenista.

Imagen: http://tennis-buzz.com/

En los meses siguientes ronda en su cabeza la idea pedirle matrimonio a su querida Brooke, no sabiendo exactamente si era correcto el hacerlo o no. Se pierde como persona y se envuelve en una nube de malos augurios que lo llevan a vivir un 1996 en el que renovará en Miami y en Cincinnati, y a caer en semifinales de Australia y Estados Unidos. ¿Era el final anticipado?

De 1997 a 2001: ‘I died, but I can still stich my wings’.

La depresión y los problemas de su vida privada lo llevan a querer pasar excesivo tiempo con su chica. Andre vivirá un año en blanco que será recordado por todos como el ‘Desierto 1997‘. Su mejor registro será la cuarta ronda de USA, dado que tan solo disputaría un ‘Major‘ y cuatro de nueve Masters.

Ese año se casa con Shields y vive un momento de confusión extrema que deriva en el convulso 1998. Nuevamente cae en cuarta ronda en América y decide plantearse su retirada. Gil, su entrenador personal, lo ayuda y lo prepara para un cambio que debía llegar cuanto antes.

El 9 de abril de 1999, se efectúa el divorcio, y, acto seguido, Agassi se corona en Francia, ganando a finales de año también el Masters de París para hacer historia al ser el primero en conseguir dicha hazaña en un año. Se plantará en la final de Nueva York, esta vez implacable y viviendo un encuentro con emoción a raudales en el que derrotaría a su compatriota Todd Martin por 6-4 (5)6-7 (2)6-7 6-3 6-2.

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La ruptura le cambia la vida por completo y lo transforma en un ser diferente que buscará nuevas aspiraciones como tenista. Tal que así, se corona en Australia en el 2000 y busca, sin éxito, renovar su trofeo en la ‘Ciudad de los sueños’. El capitán caído había vuelto a vivir, y parecía que, otra vez, los límites habían sido anulados.

En 2001 renueva en Australia, se alza en Miami y en Indian Wells, y se da a conocer el posible emparejamiento entre él y la ex número uno, Steffi Graf. Ambos se casan ese mismo año en octubre y viven juntos felizmente un final de carrera para recordar.

De 2002 a 2006: ‘This is my first end, not the end of my end’.

En 2002, Andre decide saltarse el Abierto de Australia y pasar tiempo con Steffi. Alcanza los cuartos en Roland Garros y en Nueva York deja una batalla para recordar ante Pete, rival de siempre contra el que caerá por 6-3 6-4 5-7 6-4. En cuanto a Masters iguala su mejor registro al llevarse por quinta vez el de Key Biscayne, hacerse por primera vez con el de Roma gracias a las tácticas de su nuevo entrenador, Darren Cahill, en ausencia de Brad, el que siempre le había acompañado; y con el Masters de Madrid.

Al año siguiente se vuelve a hacer con el trofeo en tierras australianas y con el Masters de Miami, aunque en el Abierto de USA, Juan Carlos Ferrero lo frena en cuatro sets y lo lleva a sufrir de lo lindo debido a los problemas de edad que Agassi ya empezaba a ostentar.

La espalda comienza a molestarle, y en 2004, ya con su primer hijo, Jaden, tan solo se corona en Cincinnati y cae en cuartos de Estados Unidos. El cuerpo empezará a mostrar signos de dolor imposibles de controlar, viéndose obligado a entregarse a fondo y entrenar más de lo necesario para demostrar al mundo del tenis que todavía estaba ahí.

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Y, entonces, llega 2005. Llega un año fatídico e impresionante. Un año diferente que será recordado por todos como el último gran coletazo de este profesional, así como el segundo Abierto americano del ‘Maestro’ Roger Federer. Sin apenas gasolina y habiendo vivido tres enfrentamientos consecutivos a cinco sets, Andre sucumbió ante la promesa de Basilea de tan solo 23 años, en cuatro parciales.

La cortisona será la única salvación que le quedará a un señor que no puede con su cuerpo. El límite está sobrepasado y todos le piden que se retire. Su propio padre se acerca y le comenta que este es el final, es el ‘momento de dejarlo’. Dichas palabras calan en el interior de un Andre implacable que decide participar en el último Open de los Estados Unidos de América de su carrera. El final estaba presente.

En la primera ronda termina con el rumano Andrei Pavel en cuatro mangas. La cortisona hace efecto. Llega la segunda ronda y ahora es turno del duelo frente a Marcos Baghdatis, aquel que siempre será recordado por el mundo del tenis al completo y por el que debemos dar las gracias todos y cada uno de los aficionados. Un esfuerzo sobrehumano le dio la victoria a Agassi sin creerlo. Ambos tenistas terminan tumbados en camillas en la zona de enfermería. Lo más importante no es la victoria, sino el trabajo de los dos unido a un sentimiento inigualable que corre por el cuerpo de dos chicos de diferentes edades que sienten lo que era la vida.

Marcos extendió la mano a Andre y, mientras se emitía el Sports Center que resumía su choque. A la misma vez, los dos se repitieron la frase más importante de la carrera de un deportista: ‘Eso lo hemos hecho nosotros‘.

En la tercera ronda, Becker, no Boris, sino Benjamin, eliminaría al ‘Chico malo de Las Vegas‘ en cuatro parciales y la historia terminaba por completo. El público se levantaba de sus asientos y coreaba su nombre, el nombre de alguien al que habían detestado y amado, el nombre de un señor que odió este deporte y que consiguió hacer de él el sueño de millones de niños. El hombre que vendió el papel de que ‘la imagen lo era todo’ para dejar al mundo del deporte la mejor imagen posible, la de un público rendido a un americano con un corazón de hierro.

Imagen: www.theredlist.com.

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